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REINO UNIDO

Los 'noughties' se fueron para siempre

La década terminó para los británicos pero solo al final del pasado año, cuando ya se terminaba el decenio se pusieron de acuerdo en que nombre darle: 'the ¿noughties' -del inglés ¿nought¿, cero, nada-.

Hace ya 12 meses que la década terminó para los británicos y para el mundo anglosajón en general (el debate es interminable, además de totalmente irrelevante), pero solo al final del pasado año, cuando ya se terminaba el decenio y después de casi un siglo de denominaciones naturales (’sixties’, ‘seventies’, etc…), se pusieron de acuerdo en que nombre darle: “the ‘noughties’ -del inglés ‘nought’, cero, nada-. Los ‘noughties’ empezaron en el Reino Unido como terminaron, con sus tropas en guerra en Oriente Medio y con el Primer Ministro más joven de los últimos dos siglos en el cargo, después de que David Cameron le quitara el record por unos meses a un Tony Blair que parecía no saber como perder unas elecciones, pero tampoco como ganar el respaldo unánime de su propio partido.

Los más de diez años de gobierno laborista llegaron a su fin de la mano de Gordon Brown –numero dos de Blair y principal motor de su dimisión– que paso de ser el mas prestigioso Canciller (ministro de economía) al mas ridiculizado Primer Ministro. Fue precisamente Gordon Brown el que convenció -dicen los rumores- a Tony Blair para que Gran Bretaña no adoptara el Euro en 2001, decisión de la que ahora se regocijan en las islas, vistos los problemas que sus vecinos de la moneda única afrontan en estos tiempos de penuria económica y burbuja inmobiliaria. El sonado escándalo por los gastos de los miembros del parlamento (con lindezas como reclamar el pago de hipotecas ya canceladas o pagar a sus parientes por tareas del hogar con dinero del fisco) salpicó y desprestigió a toda la clase política – quizás para siempre – en un país que todavía profesa un enorme respeto a sus instituciones.

Particularmente impactantes fueron, por diversos motivos, los primeros días de Julio del 2005 en la capital, Londres. La semana comenzó con el inolvidable espectáculo de Live 8 en Hyde Park, donde, de la mano de Bob Geldoff y Bono, las mayores estrellas del mundo de la música reunieron a medio millón de personas en Hyde Park para exigir justicia social y un mayor esfuerzo de lucha contra la pobreza a los lideres del G8 que celebraban entonces su reunión anual en Escocia. A los pocos días la euforia se apoderó de las calles con su designación como sede olímpica para el 2012. Y a la mañana siguiente, con muchos todavía de resaca, la oleada de buenos sentimientos se esfumo de la manera más cruel y traicionera posible cuando una, dos, tres, cuatro bombas fueron detonadas en el transporte público de la ciudad por cuatro jóvenes radicales islámicos nacidos y criados en el Reino Unido, que se inmolaron llevándose consigo las vidas de más de medio centenar de londinenses.

En la televisión se impusieron los programas de “reality TV”, como el inevitable Gran Hermano y todas sus variantes o como los concursos de talento con los que el productor musical Simon Cowell alcanzó fama mundial y lanzo al estrellato a Leona Lewis o Susan Boyle, pero también a otros muchos interpretes de meritos más dudosos.

Fue esta sin duda la década de los retornos musicales: volvieron Pink Floyd, los Who y las Spice Girls, pero sobre todo Take That, la boy-band británica por excelencia que desde su vuelta acapara las listas de éxitos y abarrota estadios año tras año, más aun ahora que el hijo prodigo Robbie Williams decidió volver con ellos a sus orígenes para curar viejas heridas. Se fueron Oasis, la banda que abanderó el Brit-Pop de los 90, y llegaron Artic Monkeys, Kaiser Chiefs, Amy Winehouse o Lily Allen. En cine, las producciones británicas “Slumdog Millionare” y “The Hurt Locker” ganaron el oscar a la mejor película; Harry Potter, el aprendiz de mago creado por la inglesa J.K. Rowling arrasó en las librerías y taquillas de todo el mundo, y la polémica rodeó, como de costumbre, la elección del nuevo James Bond, Daniel Craig.

En el mundo del deporte Inglaterra cosechó éxitos en la copa del mundo de rugby y fracasos en la de fútbol. El Chelsea del magnate ruso Roman Abramovich se hizo hueco en la elite de la Premier League a base de petro-rublos, y la liga se abrió definitivamente a las influencias del extranjero en general y de España en particular (con el Spanish Liverpool de Rafa Benitez, Cesc Fabregas en el Arsenal o Mikel Arteta en el Everton). En Formula Uno, tras muchos años de sequía, Lewis Hamilton y Jenson Button lograron el mundial de pilotos con equipos británicos, mientras Fernando Alonso se convertía en el enemigo público número uno para la prensa deportiva.

Los ‘noughties’ se fueron para siempre y llegaron los ‘teens’ (abreviatura de ‘teenager’, adolescente), como ya se conoce a la nueva década, que una vez más nos dejará muchos protagonistas y memorias, entre ellas - no me cabe duda - algún nuevo conflicto armado, pero también la boda Real del príncipe Guillermo y Kate Middleton, que ya copa los tabloides meses antes de celebrarse, el 60º aniversario de coronación de la reina Isabel II, o los juegos olímpicos de Londres.

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