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FAUNA SILVESTRE

¡Que viene el lobo!

Antaño perseguido y odiado, el lobo hoy despierta simpatía y admiración. El lobo ibérico está experimentando una lenta expansión y en no muchos años podría regresar a Aragón. Pero para que llegue y se asiente este poderoso carnívoro sin que se repitan los viejos problemas del mundo rural, es necesario antes sensibilizar a la población y adoptar medidas preventivas. Sino la buena noticia de la expansión del lobo se podría traducir en nuevos problemas ante los ataques al ganado.

Imagen de la película 'Entrelobos'
Imagen de la película 'Entrelobos'
ENTRELOBOS

El lobo ibérico es uno de los grandes ausentes de Aragón. Este carnívoro silvestre dominó en el siglo XIX casi todas nuestras sierras y montes desde los Pirineos al Ibérico de Teruel, pasando por el Moncayo. Pero hoy, de él, del gran depredador que ha formado parte de historias, cuentos, leyendas e incluso del nombre de ciertos lugares geográficos, ya no queda ni rastro.

El hombre le declaró la guerra a muerte, convirtiéndolo en animal proscrito, cazándolo indiscriminadamente y empleando para ello tanto malas artes como todo tipo de trampas, venenos, cepos, lazos y las Juntas de Extinción de Alimañas y Animales Dañinos que recompensaban económicamente con el pago de 120 reales al entregar la piel de un ejemplar abatido. En los años setenta del pasado siglo la distribución en España del lobo ibérico quedó confinada a un gran núcleo principal del noroeste de la Península –Galicia, parte de Asturias y Cantabria, Castilla y León-, además de dos pequeños núcleos residuales en Extremadura –ya extinguido- y en Andalucía –en Sierra Morena-.

Sobre su extinción en la región aragonesa hay documentos históricos que dejan constancia de que el uso de veneno en manos de alimañeros profesionales acabó a finales del siglo XIX con el lobo en el Altoaragón, donde las últimas manadas de los Pirineos centrales fueron vistas hacia el año 1890, aunque posteriormente -en 1930- todavía hicieron aparición algunos ejemplares al oeste del Monte Perdido, en el valle del río Gállego. Sin embargo, no sería hasta de mediados del siglo XX, hasta los años cincuenta, cuando todavía se hablaba de los últimos lobos aragoneses en las sierras de Santo Domingo, del Moncayo y sus estribaciones… e incluso de Albarracín.

Hoy en día, y dado que el lobo es un mamífero con una fuerte capacidad de recuperación y renovación de sus poblaciones, nadie desdeña que ejemplares de lobos procedentes de las poblaciones situadas al norte de España, en desplazamientos errantes, puedan volver a aparecer en Aragón, tal y como ya sucedió en 1983 en Ambel y en 1986 en Biota, dos individuos en dispersión cuyo origen podría hallarse en la Sierra de la Demanda.

Desde entonces, en los últimos años ha habido más noticias y rumores sin comprobar: en 1997 se habló de un lobo en la Canal de Berdún; otro ejemplar dicen que fue observado por agentes forestales en tierras de Calatayud; no son raras las habladurías –ciertas o no- de pequeñas manadas en el Moncayo, y por otra parte se han ido registrando diversas citas, rastros y ataques en otros lugares como Luesia, el Maestrazgo –en Morella (Castellón) se cazó un macho en 1987- o muy cerca de los Montes Universales, donde se cuenta que en Monreal del Campo llegaron a producirse hace diez años nuevas persecuciones y cacerías clandestinas. También hay que aclarar que muchos ataques al ganado, e indicios de presencia de lobo, son en realidad debidos a la presencia de perros domésticos que se han asilvestrado.

Lo que sí que es cierto es que el lobo ya ha colonizado viejos dominios en zonas puntuales del País Vasco o Cataluña, con poblaciones en la prepirenaica sierra del Cadí que para sorpresa de la gran mayoría han retornado desde núcleos familiares asentados en los Alpes marítimos franceses. ¿Llegará el lobo a Aragón? ¿Está cerca? ¿Será de nuevo perseguido, expulsado y abatido? Todas ellas son preguntas que surgen cuando la realidad actual del lobo ibérico en la mitad norte de España no es tan mala como muchos pueden pensar.

Con más de 2.500 ejemplares se sabe que estas poblaciones o se mantienen estables o incluso crecen –con un incremento de ejemplares y de densidades-, pudiendo llegar a expandirse hacia otras zonas vecinas del este y el sur peninsular, como podría ser el caso de Aragón, región próxima a los grupos familiares localizados en Soria, La Rioja, norte de Guadalajara y Cuenca. Esta situación esperanzadora para la conservación del lobo ha sido posible gracias al gran éxodo rural, el incremento de los bosques –y por tanto de sus presas silvestres-, el cese de tan intensa persecución humana, la prohibición del uso de cebos envenenados y las campañas de sensibilización pública a favor de esta especie como la efectuada pioneramente por Félix Rodríguez de la Fuente a favor del “hermano lobo”.

El naturalista Félix Rodríguez de la Fuente fue, de forma pionera, una persona clave para un cambio de mentalidad social hacia este mítico, legendario e inteligente animal: el lobo ibérico pasó de representar una alimaña temida y peligrosa para el hombre a ser un animal protegido, admirado y fascinante.

La relación entre el lobo y el hombre es una vieja historia de amor y de odio. Tal vez ambos dos se parezcan demasiado.

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