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ALBINISMO

Los mirlos blancos existen

¿Quién no se acuerda de aquel gorila blanco del zoo de Barcelona llamado 'Copito de nieve'? ¿Y quien no ha visto alguna vez un gorrión con alguna de sus plumas blancas?

Copito de Nieve, uno de los casos de albinismo más conocidos
gorila albino
EFE

Durante mucho tiempo se pensó que ciertos animales inusualmente blancos eran seres mágicos o sobrenaturales. Así lo cuenta el poeta Gustavo Adolfo Bécquer en su leyenda La corza blanca, un bonito relato ambientado en la sierra del Moncayo que cuenta la existencia de un pequeño ciervo del color de la nieve, un relato donde se crea un paralelismo con una bella doncella airosa, blanca y rubia como las azucenas: 'Delante de sus compañeras, más ágil, más linda, más juguetona y alegre que todas, saltando, corriendo, parándose y tornando a correr, de modo que parecía no tocar el suelo con los pies, iba esa corza blanca cuyo extraño color destacaba como una fantástica luz sobre el oscuro fondo de los árboles', escribía Bécquer en el año 1863.

Pero ¿realmente pudo existir esa corza albina del Moncayo? Ha pasado mucho tiempo desde entonces, pero es muy probable que sí. Sin ir muy lejos, entre Mosqueruela y Puertomingalvo son muchos los habitantes de la sierra de Gúdar que aseguran haber visto hace no muchos años a uno de los cuervos blancos que cada cierto tiempo engendraba una familia de negros córvidos en esta zona de Teruel. Y, de hecho, de nuevo la historia ha sido recreada por la literatura, pues de todo ello nos habla el escritor Antón Castro en su libro Los seres imposibles, de la Editorial Destino, en cuyas páginas se recrea la existencia de un pájaro considerado sagrado cuyo batir de alas traía bienes y bondades para algunas gentes, mientras que para otros era objeto de pesadillas y desgracias.

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Ser albino, es decir, tener carencia de ese oscuro pigmento llamado 'melanina', no es un caso tan milagroso como muchos pueden creer. En Aragón hay y ha habido más ejemplos famosos y recientes de este tipo, con observaciones y citas sorpresa de animales blancos, extraordinarios y anómalos. Ese sería el caso de un sarrio o rebeco albino observado en la zona del macizo de Cotiella, concretamente en las laderas de Punta Llerga, ejemplar que fue cazado y que hoy se expone disecado en un museo de Saravillo. O también el caso de un buitre blanco fotografiado en el año 2006 por Agentes de Protección de la Naturaleza del Gobierno de Aragón en los roquedos de Los Fayos, en la Reserva de la Fauna Silvestre del Val.

LA CULEBRERA DEL VEDADO DE PEÑAFLOR

Ornitólogos, biólogos y distintos naturalistas aragoneses van recogiendo nuevos datos de aves rapaces con plumajes claros, pero el caso más curioso, que ha sido bien documentado, ha sido el de un águila culebrera del Vedado de Peñaflor que desde tiempo atrás vienen controlando los Agentes Forestales de la Guardería de Montes del Ayuntamiento de Zaragoza. El citado ejemplar, emparejado y nidificante, sacó adelante un pollo completamente blanco en patas, uñas y pico, pero con los ojos de color amarillo, lo que nos indica que no es un animal albino, sino leucístico –o leucino-, tal y como se puede apreciar en las excelentes fotografías realizadas por el fotógrafo Jesús Ángel Jiménez Herce.

Pero el albinismo es también frecuente en las larvas o ejemplares juveniles de ciertos anfibios –que difícilmente llegan a ser adultos en libertad-, y éste resulta muchísimo más raro en los reptiles debido a que su supervivencia está comprometida a causa de los hábitos fotofóbicos que presentan estos raros animales. Sin embargo, por el contrario, no será difícil hallar lagartijas y culebras con otra anomalía pigmentaria distinta, el llamado 'melanismo' que produce animales ennegrecidos a consecuencia del acúmulo de una gran cantidad de melanina en las células cutáneas.

Lo cierto es que muchos de estos animales extraños no se observan porque presentan serias deficiencias en la vista y porque son eliminados prontamente en la selección natural, ya que su anormalidad hace que sean vulnerables y fáciles de detectar por los depredadores. Su falta de color los delata ante quienes son sus presas y enemigos naturales.

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