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Ciconia descubre tóxicos en las cigüeñas aragonesas

Enormes bandos de cigüeñas en su viaje de migración se dejaban ver hace unos días por la huerta de Las Fuentes, La Cartuja y Movera. Son aves europeas que vienen de Dinamarca y Alemania. Durante los meses de primavera y verano, el grupo Ciconia, de Aragón, ha estado realizando censos de la población de cigüeñas en la comunidad. Durante el proceso de anillamiento se han tomado muestras de sangre de todos los cigoñinos para comprobar si se mantiene la presencia de tóxicos detectada en los últimos años

Se han descubierto niveles inquietantes de tóxicos en las cigüeñas de algunas localidades.
Una cigüeña blanca
J. A. PINZOLAS

El tintineo metálico de los mosquetones me pone en guardia y, dejando a un lado el cuaderno de dibujo, me acerco andando con cuidado sobre las tejas hasta la esquina de la torre que ya dobla mi compañero. Se afianza en la cornisa que sirve de reunión y, desenganchando del arnés un ocho, improvisa una polea mediante la que descuelga un pesado fardo de preciosa carga.

-¡Van tres pollos, y en la cúpula aún faltan dos nidos por mirar! –me grita desde su altura.

Después, aferrándose a los aleros de esquinilla y a los encajes de ladrillo y azulejos que dispuso el arte de los antiguos alarifes, vuelve a desaparecer trepando torre arriba.

Afortunadamente, los pollos de cigüeña se dejan manipular con total mansedumbre; saco a los recién llegados y con la ayuda de Eva los coloco en la cumbrera de la nave principal, donde permanecen absolutamente inmóviles. Allí hemos instalado nuestro laboratorio de campaña y los focos que por la noche realzan el mérito artístico de la fábrica mudéjar sirven de atril a los impresos de anillamiento. Entre las tejas hemos colocado la báscula de precisión y el instrumental necesario para marcar a los cigoñinos y tomar todo tipo de datos biométricos. Además de las anillas metálicas que nos proporciona el Centro de Migración de Aves, colocamos otras más grandes que nos envían desde la estación biológica de Doñana concebidas para ser leídas a distancia con la ayuda de un telescopio. De este modo, nuestras cigüeñas oscenses han sido avistadas en lugares tan remotos como la república de Burkina-Faso o las templadas riberas del río Níger.

Mido el tamaño del pico y Eva se encarga de tomar una pequeña muestra de sangre que servirá para sexar a cada pollo. Luego los acercamos de nuevo a la torre disponiendo ordenadamente a cada nidada (que puede tener entre cinco y tres polluelos) para que Benito y Pinzolas puedan restituirlos a los nidos donde nacieron hace casi dos meses.

GRACIAS A LAS HUERTAS

Desde la altura de la iglesia la vista es magnífica: no sólo se ven las calles del pueblo engalanadas con alfombras de pétalos para la procesión del Corpus sino también el hermoso tapiz de huertas que han hecho posible los nuevos regadíos de Monegros. Sin duda ha sido ésta la causa principal para que la cigüeña, especie en serio declive hace 20 años, fuera colonizando con éxito una comarca donde apenas nidificaba anteriormente. Cuando las campanas del templo comienzan a llamar a los fieles para la misa mayor, ya hemos recogido el instrumental científico y el material de escalada. Los adultos que sobrevolaban inquietos los tejados del pueblo ya se han reunido con sus polluelos en los nidos y nosotros ya conducimos hacia oriente, hacia las comarca del Cinca.

La conversación en el coche me pone al tanto de las actividades del Grupo Ciconia, una sección perteneciente a la Asociación Naturalista de Aragón (Ansar) que lleva ya más de quince años dedicada al estudio y conservación de nuestra familiar cigüeña blanca. En este tiempo la especie ha incrementado sus efectivos considerablemente. Si en el año 1996 se contabilizaron en España 18.000 parejas reproductoras, el último censo arroja la cifra record de 33.217 nidos. Pero siendo ésta una buena noticia, un aumento tan espectacular en una especie de hábitat rural y urbano ha traído una serie de problemas que la DGA trata de gestionar y resolver usando al ‘Comando Ciconia’ como fuerza de choque.

En Tamarite nos espera Ana, concejal de Medio Ambiente, y un impresionante dispositivo de bomberos y policía municipal que han cortado el tráfico y dispuesto un camión grúa para acceder a un nido bastante problemático. Estas construcciones de ramas pueden llegar a la media tonelada de peso y en algunas ocasiones el peligro de desplome exige su retirada de modo urgente. Mientras Pinzolas y Benito deshacen trabajosamente la construcción de palos y ramas colgados a 25 metros en la cestilla de la grúa, Eva y yo, sentados en la acera, marcamos a los pollos rodeados por una pandilla de chavales que se atropellan con sus preguntas:

- ¿Por qué tienen el pico negro? ¿de mayor se les pondrá rojo?

- ¿Puedo acariciarla? ¿No pica?

- 2880 gramos son casi tres kilos, ¿no?

- ¿Me das la jeringuilla?

- ¿Por qué le pones esa pulsera, no le hace daño?

- Y si les rompéis el nido –pregunta una niña que aún no se ha cambiado su vestido de primera comunión- ¿dónde vivirán ahora?

Su madre y las demás vecinas aprueban satisfechas la retirada del nido pero no les resulta indiferente la suerte de los polluelos ahora que ven a sus hijos tan interesados en su contemplación.

- Los llevaremos a otros nidos _-responde Eva- y allí los acogerán sus nuevos padres y sus hermanos adoptivos.

FAMILIAS DE ACOGIDA

Los chicos asienten conformes y yo me quedo un tanto sorprendido pero después de comer nos hemos llegado hasta Selgua en cuyas torres de alta tensión pensamos, efectivamente encontrar las familias de acogida idóneas para los cinco pollos de Tamarite.

Nuestros escaladores trepan con soltura por el entramado de hierros donde se han instalado hasta ocho nidos de cigüeña y, mientras Eva recrimina resignada la temeridad de Pinzolas, nos llega la voz de Benito:

-¡En este hay dos pollos muertos y uno vivo!

Los arroja y comprobamos extrañados las heridas que ambos muestran en la espalda y los flancos. Entre tanto hemos ido encontrando algún otro cadáver por el suelo y otros más en los nidos. A la vista de las heridas convenimos en que fue el pedrisco de hace dos días la plaga que exterminó a los primogénitos de la populosa colonia de Selgua y tras retirar los cuerpos ensangrentados colocamos en su lugar a los cigoñinos que traíamos en el coche.

-Es porque las cigüeñas no saben contar – me explican – no distinguen tres pollos de dos.

Sea o no ésa la explicación, lo cierto es que apenas nos hemos alejado cuando, sentados en un ribazo con los prismáticos, comprobamos que los padres ya han vuelto a los nidos y están cebando sin reparos a sus hijos adoptivos.

La temporada óptima para trabajar con los cigoñinos apenas dura tres semanas, y aprovechando que la tarde ya es muy larga decidimos continuar nuestro periplo hasta Zaidín. Cuando llegamos a su iglesia está terminando la última misa de la tarde; el mosén nos abre el acceso de la torre mientras nos comenta la posibilidad de instalar parrillas metálicas para que los nidos no estropeen la cubierta del templo... pero enseguida pasamos a hablarle del preocupante motivo que nos trae un año más a su parroquia. Las muestras de sangre tomadas el año anterior arrojaron unos porcentajes de metales pesados tan superiores a los normales que el CSIC telefoneó alarmado para conocer la procedencia de aquellos animales y alertar sobre la peligrosidad de semejantes índices. La DGA ha urgido al Grupo Ciconia a tomar nuevas muestras esta temporada que puedan confirmar la situación de alerta en la zona y ayuden a localizar el foco de polución.

CONTAMINANTES EN LAS AGUAS

El párroco se muestra preocupado, sobre todo por los pescadores rumanos, tan aficionados a consumir toda la pesca que obtienen los domingos y por las aguas con que se esté regando la fértil huerta de su vicaría. Sin embargo no parece sorprendido, pues resulta ser un secreto a voces que río arriba, las industrias de Monzón vierten desde hace años peligrosos contaminantes en las aguas del Cinca.

La torre octogonal de Zaidín está rematada por un gracioso campanario que fue restaurado a finales del XIX a cambio de ceder al museo de Lérida una linda virgencita gótica de piedra policromada. Eso la salvó del furor de la guerra civil... y a nosotros nos ha permitido acceder por una escala de mano hasta la azotea donde se instalaron hace tiempo las cigüeñas. Los nidos son tan accesibles que cascos, arneses y cuerdas resultan innecesarios y podemos realizar nuestra labor con una comodidad poco frecuente.

Mientras Eva etiqueta cuidadosamente los tubos de ensayo y los introduce en el arcón de hielo seco podemos contemplar desde la pequeña terraza una bellísima puesta de sol. Las cigüeñas adultas vuelan en torno a la torre recortando sus siluetas contra un fondo de púrpura y oro. La huerta y los sotos del Cinca son desde aquí arriba como ese jardín plantado hacia oriente donde se colocó al hombre para que lo labrase y lo cuidase... pero en su ambición hizo un mal uso del árbol de la ciencia y hoy, las aguas que riegan el jardín bajan envenenadas.

El grupo Ciconia ha hecho su labor denunciando lo que ha descubierto desde las azoteas que nuestros antepasados levantaron en las fértiles vegas de nuestra tierra. Ójala su palabra, que nos llega desde las torres de las iglesias, sea como esa agua que lo sanea todo y la vida prospere en todas partes donde llegue ese torrente.

MERCURIO Y ARSÉNICO EN SANGRE

El grupo de la investigadora Begoña Jiménez, del Instituto de Química Orgánica del CSIC, descubrió altos niveles de tóxicos en las muestras de sangre de los pollos de cigüeña anillados en la campaña de 2005 por el grupo Ciconia. Cigoñinos anillados en Monzón y Alcolea de Cinca dieron niveles de mercurio de hasta 406 ppb, cuando un porcentaje de 200 ppb se considera tóxico en individuos adultos. En arsénico se encontraron “valores por encima de 50 ppb (que se consideran resultantes de una exposición excesiva a este metaloide) en Sariñena y Monzón”. Los datos se agravaron en 2006. Así, las muestras detectaron un valor enormemente elevado de mercurio en San Miguel de Cinca, la misma zona que en el 2005, y también se resgitró un valor anómalo en la muestra tomada en Alcañiz. En cuanto al arsénico, se detectaron varios individuos con valores superiores 50 ppb en individuos de Torrente de Cinca, Fraga, Pastriz, Zaragoza y Alcañiz.

Ansar ha renovado el convenio con el gurpo investigador para que analicen los datos de este 2010.

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