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Aragón
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Saltando charcos

La lluvia acompañó la Ofrenda casi toda la mañana y restó participantes. Miles de oferentes aguantaron con paraguas y los pies mojados

Se cumplieron las peores previsiones: de 9.00 a 11.00 llovió, pero también antes y después. El agua cayó sobre Zaragoza desde la madrugada, dejando el recorrido de la Ofrenda limpio y encharcado. Más de uno dudó ayer si salir de casa con los vestidos, los niños, los paraguas? Miles de oferentes cumplieron con la tradición y no les importó mojarse, pero algunos se quedaron en casa (o en una cafetería con un chocolate caliente).

"Por la Virgen, todo", afirmaba Sara Miguel, de Fuentes de Ebro, que se había levantado a las cinco para venir en autobús con sus familiares y amigos. El suyo fue uno de los primeros grupos en salir, antes de las ocho, y en menos de 20 minutos completaron el recorrido desde la plaza de España hasta la plaza del Pilar. "Hemos venido en dos autobuses de Fuentes. Con la lluvia iba todo muy rápido. Y ahora, a reponer fuerzas", afirmaba Sara, de 51 años, untando churros bajo los porches del paseo de Echegaray.

La mañana se vivió con menos aglomeraciones que otros años y algunas deserciones. "Los chicos no aguantan la espera. Estamos mojados y aún nos queda un buen rato de fila antes de llegar a la plaza del Pilar. Me parece que nos vamos a ir", comentaba María, en la fila de los que van por libre, en la calle de San Vicente de Paúl. "Llevo el vestido empapado y tengo que proteger el manto, que tiene mucho valor. Es una pena, pero nos vamos, ya volveremos el año que viene", señalaba Ana, saliendo del recorrido en el paseo de la Independencia, sobre las diez de la mañana.

Los más madrugadores se mojaron más (la lluvia cayó con fuerza hasta las once de la mañana), pero tuvieron que esperar menos. En menos de una hora, los grupos completaban el recorrido. Después, el ritmo se fue ralentizando pero se notaba que la amenaza de las nubes había hecho que muchos se quedaran en casa.

"La lluvia es muy incómoda. Lo peor es estar esperando con los críos, pero se aguanta, es una vez al año", afirmaba Rosario Morte, zaragozana de 52 años que salió con un grupo de la Guardia Civil. "No nos echamos atrás por la lluvia. Salimos todos los años. Este nos tocaba pronto y hemos salido a las 4.30 de Longás para estar a la hora. No nos importa ni el madrugón ni el agua, hay que continuar con la tradición", apuntaba Silvia Lausín, de 39 años.

Con buen humor, paraguas, plásticos para los bebés y los pies mojados los oferentes de la mañana hicieron su recorrido. "Cuando hemos visto el tiempo que había, hemos dudado, pero nos hacía mucha ilusión salir con la chica y nos hemos decidido. Ya hemos tomado el chocolate y ahora vamos a casa a cambiarnos", relataba Juan Galve, con su mujer y su hija Inés, de once meses.

Susana Marco y su familia no dudaron. "No he faltado ningún año desde que nací, venimos siempre", afirmaba Susana, de 32 años, mientras daba de mamar a su hija Carmen, de dos meses, y su marido les cubría con un paraguas.

A partir del mediodía, la lluvia paró y la Ofrenda siguió con su ritmo mucho más fluido que otros años. "Vamos con los pies chipiados, pero se puede llevar. La lluvia desluce un poco, pero eso sí, hemos salido muy puntuales. Vamos cantando jotas por el camino y luego iremos a comer a la peña Cachondeo de Casetas", afirmaba Pedro Cabello, coordinador de la Escuela de jota de Magallón.

Desde la organización señalaron que este año sí se estaban cumpliendo los horarios. Los grupos iban saliendo a su hora, pero muy mermados de gente.

"Queríamos salir antes de las 11, pero hemos estado esperando a ver si escampaba. Nos juntamos amigas de Zaragoza y de Tudela. Llevamos los paraguas en la mano por si vuelve a llover y nos colamos con algún grupo", señalaba Elisa, a la una del mediodía en el Paseo de la Independencia.

Cualquier otro año soleado, no se hubieran podido colar, pero ayer la Ofrenda notó la lluvia (y, tal vez, la crisis) y fue mucho menos masiva que en otras ediciones. A la una y media, el Paseo de la Independencia estaba casi vacío. Y aún quedaban charcos.

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