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Aragón
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El tamaño (de ciudad) importa

Alrededor del 40% de la energía que se consume en Europa corresponde al sector de la construcción. Es, por tanto, el apartado en el que más se puede trabajar y ha sido el destinatario de la mayoría de las políticas medioambientales.

Sin embargo, esas medidas se aplican solo a los edificios cuando las decisiones urbanísticas tienen la misma responsabilidad. En la actualidad, se impone el modelo de ciudad dispersa que supone no solo más transporte y nuevas edificaciones sino más infraestructuras por las que ir y volver a esos barrios residenciales.

Este modelo además supone una pérdida de eficiencia pues la ciudad dispersa exige consumos de energía y suelo superiores al modelo tradicional español. Según datos del IDAE (Instituto para la Diversificación del Ahorro y la Energía), la población española se ha incrementado un 11% de 1990 a 2004, mientras que el impacto ambiental asociado a la edificación lo había hecho en un 40%.

El estudio de Sartori y Hestnes, que se realizó en 2007 sobre 60 edificios del territorio español, revela, además, que, aunque los edificios sean cada vez más eficientes, las emisiones debidas a su uso son cada vez mayores. "Cada metro cuadrado nuevo construido requiere en su uso una mayor energía que el mismo metro cuadrado construido hace 10 años", señala Aranda. ¿Por qué? Porque los ciudadanos cada vez consumimos más. Levantar edificios eficientes no significa que tratemos mejor el medio ambiente, hemos de ver cómo es nuestro estilo de vida.

Como señala Aranda, "aunque las edificaciones tienen a considerarse como un emisor pequeño, en comparación con otros, el sector residencial es una locomotora física que dispara las emisiones de otros sectores".

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