Despliega el menú
Aragón

REPTILES

Lagartija serrana, siempre al sol

Lagartija serrana (Iberolacerta monticola)
lagartija serrana
MARTA JOSA LENS

Endémica de la península Ibérica, la lagartija serrana (Iberolacerta monticola) es una especie propia principalmente de zonas montañosas. Vive habitualmente en pedrizas, y en España habita en altitudes superiores a los 1.100 m. de la mitad norte de la Península, como los Pirineos, y también montes Cantábricos, Sistema Central o la portuguesa Serra da Estrela; en los montes de León y Zamora y en el noroeste de Galicia. Sin embargo, en la zona del norte de Galicia, entre Cedeira (La Coruña) y Viveiro (Lugo) se encuentra a nivel del mar. Estas poblaciones costeras, parecen tener una distribución residual, en núcleos dispersos que se van rarificando hasta quedar aislados y ligados siempre a rocas e incluso colonizando muros de casas que utiliza como refugio. En la provincia de Lugo se ha llegado a citar en un islote costero.

Catalogada como 'especie casi amenazada NT', se trata de una lagartija bastante robusta de cuerpo ancho y con la cabeza, las extremidades y la cola bien desarrolladas. El diseño dorsal suele tener una banda pardo-grisácea con manchas negras que pueden formar una línea irregular vertebral central, mientras los costados suelen ser más oscuros. Otras veces, los machos son reticulados y con coloración verde. Color y diseño son bastante variables pero, con frecuencia, aparecen ocelos azules próximos a las patas delanteras. En las partes ventrales, la coloración es blanquecina con algo de verde, especialmente en la garganta. En la época de celo, los machos son característicamente verdes por toda la parte inferior.

Es una especie en la que se da un claro dimorfismo sexual: el macho adulto alcanza una longitud máxima de unos 74 mm, siendo ligeramente menor que la hembra, que puede llegar a alcanzar los 78 mm de hocico a cloaca.

Se alimenta básicamente de coleópteros, dípteros, arañas y hormigas, así como larvas de insectos.

COSTUMBRES DE MONTAÑA Y COSTA

Sus ciclos vitales y reproductivos varían según se trate de poblaciones de montaña o costeras. En las sierras, el periodo de actividad está muy condicionado por el clima de estas zonas elevadas, permaneciendo activa desde marzo hasta septiembre u octubre. Sin embargo, en las zonas bajas, pueden estar activas casi todo el año y, como mínimo, desde febrero hasta octubre. Durante la primavera y el otoño concentran su actividad en las horas centrales del día, modificando estas pautas en el verano, cuando su horario de máxima actividad está entre las 9.00 y las 10.00, bajando lentamente hasta quedar inactivas al mediodía y volviendo a tener un máximo de actividad entre las 14.00 y las 16.00 (hora solar).

Respecto a la reproducción, las poblaciones de montaña realizan una sola puesta en junio, mientras que las que habitan en la costa efectúan dos, entre mayo y julio.

Etiquetas