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"El Cono Sur pasa hambre para dar de comer a las vacas y los cerdos europeo"'

"Tenemos que ser conscientes de la carga social y ecológica que hay detrás de los alimentos que consumimos. La comida que ponemos cada día sobre la mesa", explicó Gustavo Duch en una charla que ofreció en Zaragoza, en una sala abarrotada de público, en el Edificio Pignatelli

Gustavo Duch, ante su última obra
gustavo duch
HERALDO

Durante casi 20 años, Gustavo Duch fue director de Veterinarios Sin Fronteras, desde donde intentó impulsar la idea de la soberanía alimentaria de los pueblos frente a las grandes multinacionales. Este veterinario, y postgraduado en dirección de empresas, acaba de publicar el libro 'Lo que hay que tragar' (Los Libros del Lince), que subtitula 'Minienciclopedia de política y alimentación' en el que disecciona los tortuosos vericuetos del sistema de producción y comercialización alimentaria mundial. Mañana hablará de ello en Zaragoza, dentro del ciclo 'Alimentación Sana y Saludable' organizado por el Comité Aragonés de Agricultura Ecológica.

¿Qué mensaje querría que quedase por encima de todo de su charla?

Que tenemos que ser conscientes de la carga social y ecológica que hay detrás de los alimentos que consumimos. La comida que cada día ponemos sobre la mesa, desde la carne a la verdura o la fruta.

¿Qué pasa con la carne que comemos?

En España se ha impuesto un modelo de ganadería intensiva que ha eliminado a los pequeños productores que vivían de sus explotaciones familiares. Solo en el sector de la leche, cada día cierran tres explotaciones.

¿Es además una ganadería que come piensos importados?

Sí, es un modelo productivo que depende de los países del Tercer Mundo porque la dieta de esas cabañas intensivas está basada en la soja que se cultiva en Argentina, Brasil... en todo el Cono Sur. Para alimentar a las vacas, los cerdos y las gallinas europeas, America Latina está conviertiéndose en un monocultivo. Solo en Argentina, el 55% de su territorio agrícola se dedica íntegramente a la soja.

Eso tiene un coste social.

Este tipo de producción apenas necesita mano de obra. Y acaba con los pequeños agricultores. En las regiones argentinas del interior tres cuartas partes de la población son pequeños agricultores que pasan hambre, producen alimentos y sin embargo, no tienen para comer.

Nos pasaremos al pescado.

Pues deberíamos saber que se está sustituyendo el salmón de Noruega por el de Chile, que se cría en piscifactorias, en balsas-jaula, donde los salmones están como sardinas en lata, y, para evitar infecciones, se les administran altas dosis de antibióticos. Sus niveles de estas sustancias son 600 veces superiores a los que tienen los pescados noruegos.

Ya hasta los espárragos son de Perú.

O de China. Un espárrago de España consume 0,3 litros de petróleo para llegar a nuestra mesa, uno de fuera, 5 litros.

Y suben las emisiones.

No solo por el transporte, está la maquinaria agrícola, los fertilizantes y pesticidas que son químicos derivados del petróleo, el plástico del empaquetado, el barco o el camión que lo trae, la refrigeración para mantener el alimento durante el viaje y en los expositores de los supermercados. La agricultura y ganadería intensiva son responsables del 40% de las emisiones de CO2 en el mundo.

Pero el consumidor ve que estos productos de fuera son más baratos.

Pero ese precio es falso porque produce unos problemas ambientales y sociales que luego tiene que arreglar el Estado a través de subsidios y otras ayudas que salen del dinero público, es decir, de nuestro bolsillo.

¿Y qué podemos hacer?

Tenemos poder como consumidores, intentando comprar productos locales, directamente de los agricultores o ganaderos del entorno, que se puede, o a través de redes sociales de consumo.

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