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Aragón

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Ni los gorros salvan de la remojada a los valderrobrenses

La capital del Matarraña vivió ayer un masivo chupinazo

Tras el chupinazo, los vecinos de Valderrobres pudieron refrescarse con abundantes chorros de agua.
Ni los gorros salvan de la remojada a los valderrobrenses
A. R.

La plaza del Ayuntamiento de Valderrobres se llenó ayer de vecinos ataviados con originales gorros para vivir un intenso chupinazo, que arrancó desde el balcón de la Casa Consistorial.

 

Desde las once de la mañana, las peñas esperaban en la plaza de España, en una tradicional concentración que sirvió para ir calentando motores para los seis días de fiesta que quedan por delante. Poco a poco, todos los vecinos iban acudiendo al lugar señalado para presenciar el chupinazo. Así, para cuando llegaron las doce, la plaza estaba a rebosar y el ambiente ya era inigualable.

 

En ese momento, se prendía la mecha del cohete anunciador, que con un silbido ascendía para estallar en el cielo del Matarraña. Los papeles y el confeti volaron por doquier. Pero muy pronto, los peñistas dejaron de lanzarlos, para comenzar una divertida e incruenta guerra, en la que las municiones fueron el agua y la sangría.

 

Para evitar cualquier tipo de contratiempo y que no faltara vino, un vehículo acudió hasta la plaza cargando un enorme bidón en el que los asistentes rellenaron sus botellas una y otra vez. Las vaciaban rápido encima de sus amigos y vecinos, y la diversión iba en aumento.

 

Los más pequeños del pueblo también lo pasaron en grande. Armados con pistolas de agua, no paraban de lanzar chorros a todo aquel que necesitaba refrescarse, y es que el calor apretó con fuerza durante toda la mañana. Al mismo tiempo, la charanga Armonía de Cretas fue la encargada de que el ritmo no parase, con sus melodías pegadizas y sus divertidas letras. Mientras se empapaban, los peñistas no paraban de bailar.

 

Una manguera en el centro de la plaza se encargó de que nadie se librara de recibir un buen remojón. Para los peñistas, es un momento muy esperado: "Bebemos, nos 'enguarramos', y comienzan las fiestas. ¿qué más podemos pedir?", se preguntaba Omara Franzón. Su vecina Vanessa Bayod coincidía totalmente con ella: "Es el mejor momento de las fiestas. Estamos juntos, y lo pasamos muy bien".

 

Tras el remojón en la plaza, llegaba el momento de desfilar por las calles al ritmo de la charanga cretense. Se trata de una forma de llevar la fiesta a todos los rincones de la localidad y acercarla a aquellos que, por diversos motivos, no habían podido acudir hasta la plaza.

 

Los actos matutinos finalizaron con la gran comida para las peñas que tuvo lugar en la carpa de fiestas. Por la tarde se celebraron el desfile de carrozas y la proclamación oficial de las reinas.

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