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Aragón

EL LEGADO DE LOS SIGLOS

Lienzos devorados por el caserío

Un tramo de cincuenta metros de la muralla medieval de Teruel, comprendido entre la puerta de la Traición y la calle de San Miguel, luce como nuevo desde el pasado mes de abril. A su imagen, incluso, se han incorporado elementos de la arquitectura de vanguardia -como acero corten en una estructura de nueva construcción adosada a la edificación medieval- que le proporciona un aire innovador.

Esta actuación, que se ha prolongado durante dos años, es la única de importancia que se ha realizado en décadas en la fortificación turolense. Y se llevó a cabo debido al peligro que entrañaba uno de sus tramos, parcialmente hundido, con riesgo de desprendimientos, y que fue necesario vallar durante años.

El recinto, cuyo diseño permitirá al público el acceso a la parte superior de la muralla, todavía no ha sido abierto, ya que está a la espera de que el Ministerio de Defensa ceda material depositado en los almacenes del Ejército para su equipamiento.

La recuperación del lienzo se considera, no obstante, el inicio de una intervención más ambiciosa que comprendería, según el concejal de Urbanismo y Vicepresidente de la Sociedad Urban -entidad que ha financiado los trabajos-, Luis Muñoz, la continuación de la restauración desde los Arcos hasta la torre de la Bombardera. Esta medida completaría una iniciativa que persigue la mejora de una de las zonas donde la muralla medieval resulta más visible.

Muñoz sostiene, sin embargo, que el proyecto permanece por el momento bloqueado. La mayor parte del tramo es de titularidad particular y el Ayuntamiento no lográ alcanzar un acuerdo con los propietarios que, según los responsables municipales, han realizado tasaciones de los inmuebles por encima del valor real. El Consistorio baraja establecer una permuta para expropiar las propiedades, pero todavía no hay nada decidido.

Se está a la espera, asimismo, de que se redacte un plan director de la muralla, una medida cuya iniciativa fue tomada por el Gobierno de Aragón. El documento recogería un diagnóstico sobre el estado del monumento y establecía un calendario de actuaciones y sus prioridades.

Pocos restos del siglo XII

En la muralla se conservan muy escasos restos de su construcción primitiva, datada en el siglo XII. El tramo recientemente restaurado, contiguo a la puerta de la Traición, presenta algunas muestras de la estructura original que, después de unas excavaciones arqueológicas, se ha podido constatar que los vestigios más antiguos estaban fabricados con tapial y constaban de torreones circulares, una cuestión que se desconocía hasta entonces. La mayor parte de la fortaleza defensiva de Teruel corresponde al siglo XIV, época en la que se reconstruyó después de quedar destruida la parte más antigua durante las guerras entre Aragón y Castilla. En estas fechas, la tipología de la muralla cambió: se forró de piedra y los torreones adquirieron forma cuadrada.

El declive le llegó en el siglo XVIII, tras la guerra de la Sucesión, cuando fue absorbida por el caserío. Los torreones fueron adquiridos por particulares y muchos de sus muros se adosaron a las casas. Esta es precisamente una de las causas del deterioro que presentan algunos lienzos, según explicó el arqueólogo y experto en la muralla turolense, Javier Ibáñez.

El arqueólogo señala que el estado de conservación del recinto amurallado es muy variable: "Las estructuras de titularidad pública se conservan relativamente bien, mientras que las privadas se encuentran en muchos casos en estado de ruina".

Javier Ibáñez destaca como particularmente deficiente la situación del torreón de la Unión, una construcción no visible por estar oculta entre el caserío. A su juicio, también sufren problemas varios lienzos ocultos por las viviendas de la plaza Domingo Gascón. Hay casos en los que su conservación es inmejorable, como el Torreón de Ambeles -singular por su planta estrellada-, pero permanece infrautilizado. Ibáñez dice que su uso no es el más adecuado en ocasiones, como el torreón de San Esteban, cuyos bajos están ocupados por un bar.

La muralla de Teruel es para Javier Ibáñez "la esencia de lo que fue la villa". "Se concibe -agregó- como un bastión ante la conquista de los almogávares de Valencia". Para el arqueólogo, su estructura reflejaba el poder "que tenía la villa de Teruel; su preponderancia frente a las aldeas de su comunidad". Al mismo tiempo representaba el límite judicial de lo que serían los ciudadanos con derechos frente a los que no los tenían.

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