Aragón

EL LEGADO DE LOS SIGLOS

Una iglesia doblemente abandonada

Joya oculta. Construida en los siglos XII y XIII, la iglesia de Acín de la Garcipollera está abandonada a su suerte desde que el pueblo fuera abandonado por sus habitantes en 1961 porque las tierras fueron expropiadas en el marco de las obras del embalse de Yesa. Del edificio original se conserva la torre, el ábside y la nave. El presbiterio, grande y cubierto con bóveda de medio cañón, enmarca un ábside rematado en cuarto de esfera apuntado, con imposta biselada, de buena ejecución técnica. En la más pura tradición del románico aragonés. Las cubiertas de la nave y de la torre están hundidas desde hace tiempo.

 

Si hay algún valle aragonés donde el patrimonio histórico muestra en toda su desnudez grandes contrastes, es en la Garcipollera. Lo que hace unas décadas eran los pueblos de Cenarbe, Bergosa, Bescós, Yosa, Larrosa, Acín y Villanovilla, y sus correspondientes términos municipales, pertenece hoy al Estado español. Se temía que el embalse de Yesa se llenara de lodo con las lluvias y se expropió todo lo que se consideró necesario para reforestar y evitarlo. Así que llevan despoblados desde hace décadas. Aún hay presencia humana en Bescós o Villanovilla, pero buena parte del valle de la Garcipollera está desierto.

Y los monumentos que tenían aquellos pueblos, abandonados a su suerte. Pero no todos. Frente a bellas iglesias rómanicas en ruinas se alza la magnífica realidad de Santa María de Iguácel.

 

"El valle de la Garcipollera fue patrimonio del conde Sancho Galíndez, personaje de confianza de Ramiro I y ayo, o tutor, de Sancho Ramírez -señala Antonio García Omedes, especialista en el Románico aragonés-. El valle es bucólico y triste a partes iguales. Recorrer sus templos es ver lo que fue y ya no es: Bescós, Yosa, Acín y Larrosa son exponentes mudos de lo que digo".

 

De todos los pueblos citados, Acín es bastante conocido porque se halla a pie de pista. Para los demás -salvo Iguácel, que es uno de los puntos más atractivos para el turista- hay que hacer un pequeño esfuerzo para encontrarlos porque están prácticamente 'comidos' por la vegetación.

La iglesia de Acín, un edificio románico del siglo XII, puede venirse abajo en cualquier momento. "Como elemento original queda su cabecera -señala García Omedes-. La nave, derruida y rehecha alrededor del XVII al gusto imperante para lograr más espacio, volvió a hundirse, esta vez por causas naturales. De entre la vegetación emerge su torre, para señalar dónde estuvo Acín...".

 

¿Tiene alguna posibilidad de salvarse de la destrucción? Pues no parece fácil. Una iglesia abandonada, en un pueblo abandonado, en un valle abandonado.

 

Pero no es la única. Está, por ejemplo, la iglesia de San Miguel de Yosa de Garcipollera, de la que queda buena parte del ábside con su presbiterio. O la iglesia de Cenarbe, que es del siglo XII y en ciertos aspectos similar a la de Acín, que conserva aún el presbiterio y parte de la torre, pero no tiene cubiertas y amenaza ruina inminente. O la de Bescós, dedicada a San Miguel, y en buena parte obra de los siglos XVII y XVIII, aunque en su origen fue un templo románico, como todos los del entorno. Tuvo planta de cruz latina, con cabecera plana orientada al norte. Posee aún interesantes elementos góticos. Otro templo interesante es el de Larrosa. Su iglesia de San Bartolomé muestra bien a las claras su pasado románico. Es de nave única con capillas laterales. Tiene un ábside con friso de evocaciones lombardas y friso de baquetones. Tiene, al norte de su cabecera, una torre adosada.

"Esto se ha ido dejando -se lamenta Ángel Mesado, presidente de la Asociación Cultural Sancho Ramírez-. Todos estos edificios se han ido quedando atrás, siempre se ha dicho 'para mañana', 'para mañana'. Y llegará un mañana en el que ya no habrá nada".

Iguácel, una 'perla' salvada

Y, frente a esta triste situación, un oasis en medio del desierto. La iglesia de Santa María de Iguácel, en un marco natural de inmaculada belleza y en perfecto estado de conservación. Entre 1976 y 1982 fue restaurada por la Asociación Sancho Ramírez de Jaca, y en los trabajos se sacaron a la luz pinturas murales en el ábside, fechables en el siglo XV.

 

"Fue del padre del conde Sancho Galíndez -relata García Omedes-. El templo es datable hacia 1030-1040 y es el único ejemplar del románico fechado, firmado y en el que queda constancia de quien lo hizo y quien lo pintó. Todo eso figura en una incomparable inscripción sobre la puerta oeste, citando la fecha de consagración: 1072, al conde Sancho Galíndez, a su mujer Urraca y a los operarios que allí trabajaron. Una joya".

 

El templo original carecía de decoración. Ventanas, portada oeste, columnas y capiteles jaqueses le fueron "injertados" para darle lustre con el nuevo estilo de Jaca que estaba triunfando en el mundo medieval alrededor de 1072.

 

"Es significativo el parecido de este templo, el original, con Sásabe, donde estuvieron los primeros obispos de Aragón, cuando Jaca era una pequeña propiedad de la familia real -concluye García Omedes-. Realmente estamos mirando a los inicios del reino, y las iglesias de la Garcipollera son el reflejo ya tardío de la importancia que esta zona tuvo".

 

No solo Iguácel merece no caer en el olvido. ¿Será posible salvar alguna iglesia más?

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