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Aragón
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CAMPO DE BORJA

Magallón muestra a cientos de visitantes sus tradiciones y oficios perdidos

Los propios vecinos se encargaron de recrear el modo de vida de hace décadas.

Las calles del casco histórico de Magallón retrocedieron ayer su actividad a principios del siglo XX al celebrar la tercera edición de la Muestra de Tradiciones y Oficios Perdidos.

No era una feria ni un mercado, como se realizan en otros municipios, en los que predominan los puestos de venta. Se trataba de mostrar a los más jóvenes cuál era la ocupación de los magalloneros hace casi un centenar de años. A lo largo del recorrido, los propios vecinos realizaban las faenas propias de su época en su mismo ambiente, solo alterado por los cientos de visitantes que a lo largo del día se acercaron a Magallón.

Así, una docena de mujeres mondongueras elaboraban in situ alrededor de 400 kilos de morcillas que, además, ofrecían gratuitamente para su degustación. Muy cerca, y a vuelta de capoladora, otras producían chorizos "como lo hemos hecho toda la vida", totalmente artesanales. Otro de los puestos gastronómicos más solicitados era el de rosquillas de anís, aunque también llamó la atención la fabricación de fideos. Tortas de masa, miel, queso, hasta migas sirvieron para alimentar a los transeúntes. Esperando a que estuviese a punto una de las sartenadas, decenas de personas aguardaban para degustar los 60 kilos de migas aderezados con otros 30 de chorizo y longaniza. Para postre, una degustación de mermeladas caseras, hechas por María del Carmen Carreter y Milagros Gil.

Los más pequeños también disfrutaron del espectáculo y hasta incluso pudieron hacer pan con sus manos. Además les regalaron 200 pequeños pollos amarillos que, como Beatriz Navascuez, de 7 años, protegían en sus manos. Los hermanos Alicia y Raúl Pérez, de 7 y 5 años, no le quitaban ojo a Benito Lacámara y José Ezpeleta mientras esquilaban ovejas a tijera, "como hacíamos antes ya que ahora se les quita la lana con máquinas", explicaban. En otra calle, pequeños y mayores observaban con atención cómo se herraba una caballería.

Sin embargo, el rincón que más atraía al personal era los fendejeros. Vestidos como antaño y con toda la habilidad de su juventud, hombres y mujeres preparaban los fendejos. Elías Mayor, recordaba que "antes nos dedicábamos a esto desde chicos" y aseguraba que, en aquellos tiempos, "el 80% de los magalloneros vivíamos de hacer fendejos de esparto". A los curiosos les explicaban que "servían para atar principalmente la alfalfa y también la mies en gavillas".

Un luthier, exposiciones de pintura, indumentaria aragonesa, encajeras, abanicos elaborados a mano, acarreo de paja o ver hacer un cañizo a José Doñate eran algunos de los atractivos de la muestra.

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