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COMUNIDAD DE CALATAYUD

Clases de árabe y rumano para policías en Calatayud

Trabajadores de varios gremios se han inscrito voluntariamente en cursos para conocer los idiomas más hablados por los inmigrantes.

Voy a enseñarles el idioma oficial, el de los libros y oficinas. No es lo mismo que hablamos en la calle, no tiene nada que ver", manifestó Naima Sbai, una joven marroquí licenciada en filología española que lleva nueve años viviendo en Calatayud. "Pero ¿nos podremos entender?", fue la primera pregunta de una alumna a la profesora. La cuestión llegó después de la presentación del curso de árabe que ha comenzado a impartirse en el Centro de Servicios Sociales de Calatayud.

La comunicación acorta la distancia, y con ese ánimo 14 personas fueron anotando durante una hora explicaciones sobre las letras del alfabeto árabe. Entre el grupo, profesores, personal sanitario, policías y voluntarios de entidades que trabajan con inmigrantes.

Minia Díaz es maestra en el colegio de Jaraba, y este curso no ha llevado a niños inmigrantes. "Es más fácil poder saber los problemas que tienen con el español si conoces cómo funciona su lengua", comenta. Naima es la primera vez que enseña árabe a españoles. "Es complicado, lo siento, pero el idioma es así", reconocía a sus alumnos mientras estos se esforzaban por encontrar las diferencias fonéticas entre los cuatro sonidos 'd' del alfabeto.

También da clases de español, promovidas por los Servicios Sociales, a inmigrantes árabes. "Por la experiencia que tengo con ellos, el único obstáculo con el que se encuentran es el idioma. Las mujeres quieren aprender para defenderse al ir al médico, en la compra, con la policía", afirma Naima. En Marruecos (de donde proceden más de 300 de los censados en Calatayud), el segundo idioma es el francés, una lengua latina, "y la gente que no la conoce lo tiene bastante más difícil para aprender el castellano", explica la profesora. Les resultará más cómodo si quienes les atienden comprenden algo, aunque sea poco. "Yo creo que si hay voluntad te entiendes, y si no quieres… no te entiendes ni en español", opina Minia.

Araceli Marín, bilbilitana, ha sido profesional sanitaria y colabora con Caritas. "Para mí el conocimiento de otras lenguas tiene sentido porque puedes comunicarte, acercarte y llegar a otros", indica. Estudia además inglés y francés en la Escuela de Idiomas, y afirma que "chapurrea" algo de rumano. Cuenta que le sirvió cuando compartió habitación en el hospital con una joven de esa nacionalidad. "No hablaba absolutamente nada, pero conseguimos entendernos, y sé que eso le hacía sentirse bien porque la lengua es una barrera", explica Araceli, que se dará por satisfecha si en las 20 horas del curso aprende a saludar y a dar los buenos días.

20 personas en cada curso

Diego Villarodríguez espera conocer algo más de esa cultura. "Somos muy distintos, vienen acostumbrados a otras cosas que no son las de aquí", indica este funcionario de 22 años. Los cursos se han completado con 20 personas cada uno. El de árabe es los miércoles y para el de rumano se han formado dos clases agrupando a policías por un lado, y a profesores, sanitarios y personal de servicios sociales por otro.

Simona Dragan es la profesora de rumano. En muchas ocasiones, desde la comisaría bilbilitana han recurrido a ella para hacer de intérprete. También cuentan con la Asociación Pro-Rumania de Calatayud y con voluntarios. Las familias que llevan menos tiempo en la ciudad se acompañan al hacer trámites burocráticos de compatriotas que hablan castellano, aunque según explicaba la directora de un colegio bilbilitano, no hay grandes dificultades para comprenderse en momentos como los de matriculación.

Hasta finales de junio estos 40 profesionales en su papel de alumnos podrán ponerse en el lugar del otro. A juzgar por los gestos de algunos durante la primera clase de árabe, algo de complicación tiene, aunque sea al principio.

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