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Eugenio Vitaller: "Me puse los guantes con 13 años y aún sigo"

El exportero del Real Zaragoza no ha parado de preparar guardametas desde su retirada. En la actualidad, se encarga de los del Amistad, el San Juan y el Brea.

Eugenio Vitaller, antes de empezar un entrenamiento con el San Juan.
Eugenio Vitaller, antes de empezar un entrenamiento con el San Juan.

Eugenio Vitaller (Zaragoza, 1958) es uno de los porteros más icónicos que ha producido la fábrica aragonesa. En febrero de 1982 Bennhakker le dio la alternativa en el primer equipo del Real Zaragoza y allí se mantuvo durante ocho cursos. Tras retirarse, su vida siguió marcada por los guantes y el balón. Hoy prepara a los guardametas del Amistad y del San Juan, y colabora con el Brea. ¿Recuerda la primera vez que se enfundó unos guantes?

Por supuesto, yo comencé a jugar a fútbol de extremo con 12 años en el Berdala, el equipo de una academia del barrio de San José. En infantiles me fui al Maristas, que no tenía portero. Me puse los guantes por primera vez y aún no me los he quitado. Después pasé por el San Antonio y la selección aragonesa, antes de fichar por el Real Zaragoza.

Esa fue su casa durante mucho tiempo.

Casi 30 años. Llegué en juveniles, cuando se creó la Liga Nacional, que hoy es División de Honor. Fuimos campeones de liga y subcampeones de Copa al perder contra el Barça en el Vicente Calderón. Después, estuve dos años en el Deportivo Aragón, otro cedido en el Huesca y volví al filial; ganamos la Copa de Aficionados, pero no ascendimos, así que fui cedido al Endesa de Andorra de Pedro Lasheras, que estaba en Segunda B. Entrenaba dos días con ellos y dos con el Zaragoza.

Y el holandés de pelo canoso llamó a su puerta.

A mitad de temporada Bennhakker cambió de portero. Estaban Irazusta y Zubeldia, pero me dio la oportunidad. En febrero del 1982 debuté contra Las Palmas. Aún recuerdo las mariposas que tenía en el estómago al saltar al césped de La Romareda con 30.000 aficionados. Fue lo más maravilloso que me ha pasado. Estuve ocho temporadas y ganamos una Copa del Rey. No jugué la final, pero me considero campeón. Luego me fui al Levante.

¿Y qué pasó cuando se retiró?

Volví a Zaragoza y comencé a entrenar en el Amistad durante dos años. Javier 'Chirri', como coordinador de la Ciudad Deportiva, me llamó para ir al Real Zaragoza y allí estuve 15 años, los dos últimos como preparador de porteros del primer equipo con Marcelino. Con 50 años terminé contrato y llevo ocho en el Amistad, al que entreno dos días a la semana y otros dos en el San Juan, pero aparte estuve en La Muela, Andorra y Teruel.

La figura del entrenador de porteros parece asentada.

Es que es importante coger a los niños desde pequeños porque es la edad para corregir defectos que en cadetes o en juveniles ya es casi imposible. No te puedes imaginar lo bonito que es ver cómo mejoran con 7 u 8 años. De aquí a unos años se verán los frutos de que muchos clubes cuenten con entrenadores de porteros.

Pero a los guardametas que tienen una edad también se les entrena específicamente.

Es un reciclaje para cuando están en los partidos. Se trata de conseguir que memoricen entonces lo que trabajan con el preparador de porteros.

¿Cuánto puede contribuir esta figura al crecimiento de un guardameta?

Diría que un 20%. Yo empecé a tener entrenador de porteros a los 26 años, con Manolo Nieves, y hubiese sido mejor de haberlo tenido antes.

¿Ha cambiado el fútbol?

El fútbol es igual, pero ahora se corre más y a lo mejor también es más técnico… El jugador tiene más condiciones para salir adelante, pero quizá cueste más llegar a la élite.

Explíquese.

Llegué al Zaragoza como técnico cuando Láinez estaba en el filial y estaba seguro de que jugaría en Primera porque técnicamente era un gran portero, con una personalidad muy fuerte; pero conmigo debutaron en el primer equipo Zaparain, Alcolea, Falcón o Whalley, a los que les faltó que les dieran continuidad. Cristian Álvarez es un gran guardameta, pero estoy seguro que con Ratón el Zaragoza no iría hoy peor. Esa confianza me la dio a mí Bennhakker. Él me dijo: tú tranquilo, si a ti te meten dos goles, nosotros meteremos tres.

¿Ha pensado en colgar los guantes?

No porque me gusta mucho lo que hago. Con 59 años no me cuesta ir a entrenar.

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