Mercado Central: “Seguimos abiertos”

¿Qué está pasando en el Mercado Central? ¿Cuándo estará lista la carpa de la calle Salduba? ¿Cuánto durará la reforma y cómo quedará después? Con este especial arranca una serie de reportajes en los que se explicará cómo quedará, quiénes lo ocuparán y el papel que ha jugado el edificio en la historia de la ciudad de Zaragoza.


Apenas quedan unos días para Navidad y el trajín es constante en el Mercado Central. Las filas habituales de los puestos de frutas y verduras se entremezclan con las formadas por quienes tratan de hacerse con las cigalas y langostinos al mejor precio o con selectas carnes con las que agasajar a los familiares exigentes durante estas fiestas. La actividad no cesa en estas fechas y el horario se amplia los días 23 y 30 de diciembre, de 9 a 20.00, ininterrumpidamente.

A un lado y a otro se escucha alzar la voz a comerciantes para saludar con afecto a los clientes de todas las semanas. Al mismo tiempo se les oye, pacientes, explicar cada detalle a los anfitriones primerizos: los minutos de cocción de las nécoras, los ingredientes del relleno que llevan sus viandas o los trucos para desalar el bacalao.

Como cada Navidad, el espumillón dibuja arcadas invertidas sobre los pasillos y las luces alegran la puerta principal. Esa misma puerta que mira al César Augusto de bronce y que este año presencia cómo, junto a los restos de la muralla romana, los operarios trabajan a destajo para levantar una estructura en forma de ‘L’ que todavía despierta muchas dudas entre los vecinos de Zaragoza.

Los clientes de toda la vida parecen entender lo que es, pero muchos viandantes y parte de los que sólo van a comprar allí por Navidad no tienen claro qué se está montando ahí fuera y especulan sobre los posibles usos de la instalación.

¿Qué está pasando?

Cuando esas tripas terminen de tomar forma, se convertirán en una carpa de 1.542 metros cuadrados entre la calle Salduba, la plaza de César Augusto y la calle de las Murallas Romanas. Como bien apuntan los clientes más enterados, una vez terminada, trasladarán allí su actividad todos los detallistas que quieran seguir trabajando en el Mercado Central en un futuro. El histórico edificio va a someterse a una ambiciosa reforma integral y hay que vaciarlo para dejar hueco a los obreros, los andamios y toda la maquinaria.

Un símbolo deteriorado

Y es que basta con pasar unos minutos en el edificio actual para percatarse de sus deficiencias. Dependientes entregados y clientes concienciados plantan cara a un frío que se cuela sin remedio entre las fibras del abrigo debido al mal aislamiento y la escasa climatización. Además, nadie tiene claro si la falta de luz del interior se debe a la suciedad acumulada en las mamparas o al vaho que desprende el gentío mientras evita pillar un resfriado. Entre eso y la especie de túneles que cubren los pasillos e impiden contemplar la riqueza artística y estructural del edificio, la imagen general actual deja mucho que desear para detallistas y clientes.

La accesibilidad es otro enorme hándicap. Los peldaños exteriores son todo un desafío para los mayores que arrastran el carro de la compra y quienes tratan de acceder con cochecitos de bebé, además de que los pasillos resultan demasiado estrechos para todo ese trajín diario. Por otro lado, el hecho de que haya 57 puestos cerrados a cal y canto y con la persiana echada no ayuda a la hora de transmitir una imagen muy optimista de futuro… y además es todo un desperdicio de espacio, ya que hay detallistas que querrían tener puestos más grandes.

Una transición ilusionante

Por todo ello, la mayor parte de los detallistas se muestran ilusionados con el proyecto de reforma. Si bien es cierto que a algunos les preocupa el periodo de transición, pues está previsto que las obras duren un año y durante todo ese tiempo tendrán que atender a sus clientes en la carpa provisional. Allí tendrán puestos más pequeños y una logística algo más complicada pero todos parecen optimistas y confían en la fidelidad de sus clientes: “Tenemos la total seguridad de que funcionará”, asegura José Carlos Gran, presidente de la asociación de detallistas. Y sigue: “Si hemos conseguido sacar esto adelante durante tantos años en un edificio con tantas deficiencias cómo no lo vamos a hacer ahora”, afirma convencido.

“Se trata de un espacio público degradado y hay que revitalizarlo”, expone sin reparos José Luis Alcázar, el dinamizador del Mercado Central. Tanto él como los detallistas que apuestan por seguir en el mercado reformado consideran la reforma un “proyecto ilusionante y necesario” pues entienden que es hora de reconvertir la lonja en una espacio moderno, limpio, luminoso, abierto al ciudadano y accesible 100%.

Las concesiones de los puestos actuales caducaron en 2016, ahora tenían que renovarlas y los que se han presentado al concurso para seguir al frente de sus puestos por otros 50 años tendrán que abonar entre 47.802 y 70.188 euros iniciales y un canon mensual de 94 euros por el alquiler.

De momento se han adjudicado 58 de los 74 puestos con los que contará el Mercado Central una vez termine la reforma. En breve se lanzará una segunda convocatoria para ocupar los 16 restantes. Esos detallistas serán los que se trasladen entre febrero y marzo (una vez terminada la instalación de la carpa) al mercado provisional y los que operarán allí durante el año que dure la reforma. Para ellos, resulta primordial que quede grabado este mensaje en la mente de los zaragozanos: la actividad no cesa y el mercado sigue abierto. De hecho, a cuantos se les pregunta insisten una y otra vez: “Seguimos abiertos”.

Así será, una vez terminado, el mercado provisional ubicado frente al histórico edificio:

Textos: Pilar Puebla / Pedro Zapater
Vídeos: María Ordovás
Infografía: Víctor Meneses
Fotografías: José Miguel Marco, Aránzazu Navarro