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MÚSICA

Cerca de las estrellas... en La Romareda

El estadio se convirtió desde 1980 a 1995 en el teatro de los sueños musicales de los zaragozanos. Tina Turner, Dire Straits, James Brown, Miguel Ríos o Mecano integran este selecta nómina.

El público que abarrotaba La Romareda en el concierto de Mecano en 1989.
El público que abarrotaba La Romareda en el concierto de Mecano en 1989.
Guillermo Mestre

En el imaginario lúdico-sentimental de los zaragozanos ocupan un lugar preeminente los grandes e históricos conciertos de las fiestas del Pilar, celebrados mayoritariamente en La Romareda en las décadas de los 80 y los 90. Tina Turner (1990), Mecano (1989), Dire Straits (1992), James Brown (1988), Héroes del Silencio (en 1986, 1991 y 2007), Spandau Ballet (1983) o The Wailers (1987) son algunos de los nombres más recurrentes.

Una selecta nómina de la aristocracia musical que, como cuenta Matías Uribe, tuvo su origen con Miguel Ríos en 1980. «Todos tenemos en la retina y en los oídos a Tina Turner y Dire Straits e incluso James Brown o Mecano. Grandes conciertos, obviamente, pero yo, siguiendo la estela del simbolismo, y lo que costó meter el rock en La Romareda, le doy mucho valor a la primera actuación, en 1980, de Miguel Ríos en el estadio, con los Burning de teloneros», apunta. El crítico profundiza en su argumentación: «Miguel aún no había explotado en su segunda vida de ‘star’, es decir, no había lanzado todavía el cohete de ‘Bienvenidos’, pero su mera presencia suponía, si no cambiar, sí redefinir, los parámetros de programación del Ayuntamiento, que un año antes, cuando La Romareda se abrió a la música, nos infló de artistas latinos, cantautores trasnochados y folclore rancio, dando visibilidad a algo nuevo que la gente joven de entonces estaba demandando, rock y pop, y que a la vez no era sino el mero reflejo de la nueva España que estaba emergiendo con la llegada de la democracia y la recién estrenada Constitución».

La tradición de los macroconciertos en La Romareda murió en 1995 –aunque Héroes tocaron allí en su regreso el 10 y 12 de octubre de 2007–, dejando un profundo boquete. «Desaparecidos en 1995 los conciertos de La Romareda, se entró en barrena en el declive. Aquellos conciertos de estadio eran un jalón musical de alta gama en lo que a la música se refiere, independientemente de que unos artistas fueran mejores o peores, más conocidos o menos conocidos, internacionales o autóctonos. Eran una cita muy esperada, suponían un atractivo único en todo el año, elevaban la categoría de las fiestas, hasta el punto de convertir a Zaragoza en la única ciudad de España que organizaba semejantes espectáculos en días patronales. Mas, los populares se los cargaron en 1995, apagando así el mayor atractivo musical de las fiestas, no ya por los artistas en sí sino por el emplazamiento y el sentido de fiesta mayor que La Romareda confería a los Pilares», lamenta Uribe. Y la situación empeoró tiempo después. «Para colmo, el PSOE puso totalmente, a principios de este siglo, las fiestas en manos de la iniciativa privada, y los escenarios de las carpas, pabellones, plaza del Pilar… se llenaron de artistas comerciales y gentes de medio pelo. Finalmente, Podemos acabó tirando a la basura la programación musical de las fiestas, algo que continuó el PP de hoy, salvo honrosas excepciones, claro. Y así seguiríamos este año de no haber sido por el virus. No le veo enmienda en el futuro. La evolución ha sido penosa», concluye Uribe.

Por su parte, Santi Rex ofrece una visión complementaria: «A mí me parece que los grandes conciertos son importantes, pero también los pequeños conciertos en las plazas o en las pequeñas salas. Yo siempre he sido muy partidario de la música en directo y no solo de aparentar trayendo a dos grandes estrellas al año sino potenciar la cantera local, los concursos, los circuitos y las pequeñas salas».

El cantante de Niños del Brasil asocia las fiestas del Pilar a actuaciones propias y ajenas que conserva en su disco duro vital con gran cariño. «Nosotros hemos actuado muchas veces en las Fiestas del Pilar: desde una pequeña carpa en la calle Pignatelli pasando por La Romareda hasta Interpeñas de nuevo junto a Las Novias, hasta terminar en 2015 en la plaza del Pilar, donde grabamos nuestro DVD en directo. Y recuerdo muchísimos conciertos de las fiestas, pero mis favoritos, a los que siempre intento acudir, son los de las pequeñas plazas donde actúan grupos locales o programaciones más alternativas. No suelen interesarme ya mucho los grandes espacios ni los conciertos masivos, aunque por destacar uno, me quedaría con el de León Benavente del año pasado en la plaza del Pilar», revela.

Oskar Díez, de Las Novias, transmite su querencia por el circuito habitual y más pequeño de la música en vivo por encima de los macroconciertos. «No lo veo imprescindible, incluso es perjudicial si un solo macroconcierto absorbe todo el presupuesto y toda la atención. Lo que debería recuperarse es la red de locales y salas de conciertos, que necesitan ayudas y reconocimiento. Son la gente que hace que los grupos existan y que, como nosotros, ocasionalmente puedan colarse como invitados en estas fiestas grandes. Claro que es un lujo que los grandes nombres recalen en conciertos multitudinarios en la ciudad pero, si me das a elegir, prefiero un circuito intermedio para grupos de culto y/o emergentes. Si hablamos de las fiestas, estaría muy bien preparar cada año un gran concierto de grupos locales, sin duda», sostiene.

Como espectador, Díez destaca el recital de James Brown –con La Unión como teloneros– en 1992 como su favorito ya que «fue para mí, personalmente, muy especial».

A buen seguro, cada zaragozano rescataría su particular noche de gloria. La nómina es rica y profunda. A los nombres ya remarcados, cabe destacar el trío de ases formado por El Último de la Fila, Franco Battiato y Héroes del Silencio en 1986, Gabinete Caligari y Alaska yDinarama en 1985, el mismo año en que ‘pincharon’ Level-42 y Bluebells con apenas 5.000 espectadores en una Romareda muy desangelada y fría.

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