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Con la música a otra parte

El quiosco de la música de Zaragoza cumple medio siglo en su actual emplazamiento tras varios cambios de lugar desde su construcción para la Exposición Hispano-Francesa de 1908


Compás inicial

El quiosco de la música de Zaragoza, ejemplo del modernismo zaragozano, fue diseñado por los hermanos José y Manuel Martínez Ubago como parte de las edificaciones de la Exposición Hispano-Francesa de 1908.

Acaba de cumplir medio siglo en su actual emplazamiento, el parque Grande José Antonio Labordeta, pero la de esta construcción es una historia en tres movimientos iniciada en la mañana del 1 de mayo de 1908.

En aquella fecha, en los antiguos terrenos de la antigua Huerta de Santa Engracia, el infante Don Carlos de Borbón inauguraba solemnemente la exposición.

La ciudad se vistió de gala para el acontecimiento y miles de zaragozanos abarrotaron el recinto y sus pabellones, que concentraban alrededor de 5.000 expositores.

Para el acto de bendición de las construcciones del recinto se emplazó un altar en el quiosco en construcción en el que figuraba la Virgen del Pilar y un crucifijo. A ambos lados se colocaron sillones para los infantes, prelados y autoridades. De este manera, el templete servía de escenario para la inauguración de la muestra.

Primer movimiento: Independencia

Concebido como una edificación abierta, a modo de templete, el quiosco proyectado por los arquitectos Martínez Ubago consta de dos cuerpos principales: un basamento de piedra y una estructura metálica en forma de baldaquino.

A comienzos de junio de 1912, tras haber sido donado un tiempo antes por el Comité de la Exposición Hispano-Francesa al Ayuntamiento de Zaragoza, varios concejales del Consistorio proponen una nueva ubicación para el quiosco: en el centro del paseo de la Independencia -a la altura de la calle de Sanclemente-.

La razón de este traslado pudo darse, según apunta el historiador Jesús Martínez Verón, autor de diversos trabajos sobre arquitectura contemporánea de la ciudad de Zaragoza, “porque el espacio donde estaba ubicado originalmente era, al principio, un lugar apartado. Hasta los años 20 no se empezó a actuar en esa zona y posiblemente se colocó en el paseo de la Independencia para que tuviera mayor actividad. Entonces, era habitual en muchos paseos de España tener un quiosco así”.

En aquellos días, la prensa recordaba que “San Sebastián tienen emplazados sus kioskos de la música en el centro de sus paseos más concurridos sin que aquéllos sean obstáculo para el tránsito de los paseantes”. En la ciudad donostiarra permanece desde 1906 el quiosco proyectado por el arquitecto zaragozano Ricardo Magdalena, en la Alameda del Boulevard, Por tanto, unos meses después de aquella propuesta municipal, el quiosco de la música, ya instalado en el paseo de la Independencia, acogió un concierto a cargo de una banda militar el 12 de octubre de 1912.

Segundo movimiento: plaza de Castelar

El ruido de los tranvías y de otros vehículos cada vez más presentes en el paseo propició un nuevo cambio de ubicación para el quiosco de la música. La ‘reaparición’ del templete en la plaza de Castelar –llamada de José Antonio Primo de Rivera, a partir de 1939, y ahora de los Sitios- se celebró el 20 de agosto de 1927.

En aquel concierto inaugural intervino, entre otras entidades musicales de la ciudad, el Orfeón Zaragozano, interpretando ‘La mort de l’escolà’, obra coral compuesta por Antoni Nicolau. Alrededor del quiosco se dispusieron sillas para los asistentes al precio de diez céntimos y la recaudación se destinó a La Caridad.

El templete es el único resto constructivo al margen de los tres edificios permanentes que quedaron tras la muestra hispano-francesa: el actual Museo de Zaragoza, La Caridad y el que fue Escuela de Artes y Oficios. “Estos edificios fueron financiados por el Estado –recuerda Martínez Verón-. Se planificaron con la idea de que fueran permanentes”.

Tercer movimiento: parque Grande

El quiosco de la música vivió un nuevo traslado hace medio siglo, cuando en 1968 se llevó de la plaza de los Sitios al parque Grande, donde hoy se encuentra. Al igual que varios de los monumentos de la ciudad reubicados en este espacio ha sufrido un vandalismo continuado durante años. En 2008, un siglo después de su construcción, el Gobierno de Aragón lo declaró Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento.

En febrero del pasado año, fue objeto de una de las gamberradas más sonadas, cuando dos jóvenes embistieron con una retroexcavadora contra el quiosco, dañando de forma considerable la forja de las escaleras de esta obra arquitectónica.

Compás de espera

Por fin, tras más de un año aguardando, los trabajos de restauración llevan camino de materializarse a mediados de este 2018. Según manifestaron fuentes municipales el mes pasado, “la empresa homologada ya ha presentado un presupuesto para la reconstrucción del quiosco de la música que asciende a 27.000 euros. La compañía de seguros del Ayuntamiento de Zaragoza ha dado conformidad a ese importe y los servicios municipales de Parques y Jardines lo han remitido a la comisión de Patrimonio del Gobierno de Aragón para que, con el proyecto de restauración, se autorice y comiencen así las obras de rehabilitación”.

Desde el Consistorio añaden que en este momento “todo está listo para empezar con los trabajos y solo queda pendiente el informe favorable de la comisión provincial de Patrimonio Cultural que se reúne una vez al mes. Previsiblemente, a partir del mes que viene comenzará la restauración”.

Mientras, la música sigue sonando en el recuerdo de aquellos zaragozanos que en algún momento de su vida frecuentaron el quiosco, en cualquiera de sus ubicaciones, y que tuvieron la oportunidad de presenciar alguno de sus conciertos en las mañanas de los domingos. Sonidos clásicos… y también modernos, como los que hace un lustro interpretaron la banda Tachenko de la mano de Zaragoza Feliz Feliz.

Texto: Pedro Zapater

Fotografías: Archivo Heraldo, Archivo Histórico Municipal de Zaragoza

Documentación: Mari Carmen Ayala

Diseño y programación: R. Torres