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Reflujo vesicoureteral, cálculos renales y suelo pélvico masculino: el doctor Navarro responde

El urólogo, miembro del equipo de Quirónsalud, ha contestado a las consultas enviadas por los lectores.

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Quirónsalud responde a las dudas de los lectores sobre Urología.
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El doctor Joaquín Navarro, miembro del equipo de Urología del hospital Quirónsalud Zaragoza, ha contestado a las dudas que los lectores han enviado esta semana al consultorio médico patrocinado de Heraldo.es sobre reflujo vesicoureteral, cálculos renales y problemas en el suelo pélvico masculino.

Para un diagnóstico más concreto, el doctor recomienda la visita a un especialista.

Reflujo vesicoureteral

Pregunta del lector: A mi hijo pequeño le han diagnosticado reflujo vesicoureteral y me gustaría saber cuáles pueden ser las consecuencias cuando sea mayor y cuánto tiempo va a tener que tratarse.

Respuesta del doctor: En condiciones normales, los riñones son los órganos encargados de la producción de la orina, los uréteres del transporte y la vejiga del almacenaje. Desde esta última, en la micción, la orina fluye por la uretra hacia el exterior. Es decir, la orina mantiene en todo momento una dirección descendente. Pues bien, en los niños a los que se les diagnostica reflujo vesicoureteral, parte de la orina almacenada en la vejiga vuelve a ascender hacia el riñón de forma retrógrada por un fallo en el sistema valvular a nivel de la desembocadura del uréter en la vejiga (meato ureteral).

La principal repercusión en esta situación es la posibilidad de presentar infecciones urinarias en el tracto urinario superior (la orina que asciende puede arrastrar las bacterias) o afectar a la funcionalidad y desarrollo normal del riñón (nefropatía por reflujo). Además, se ha observado la asociación entre el reflujo y otras anomalías congénitas. Esta afirmación que puede resultar alarmante, no debe serlo ya que el reflujo, en la mayoría de los pacientes es una situación que no va a suponer ningún problema ni va a generar daño renal ni secuelas a largo plazo.

Existen cinco grados de reflujo, y fundamentalmente los altos grados serán los que precisarán una solución, generalmente quirúrgica, una prevención antibiótica para evitar las infecciones urinarias y un mayor seguimiento por parte del urólogo y nefrólogo pediátrico. Afortunadamente son los casos menos prevalentes y la mayoría de los pacientes no van a presentar este tipo de complicaciones ni necesitarán una intervención ya que los bajos grados y moderados suelen resolverse espontáneamente con la maduración del niño o no llegan a generar ningún tipo de secuela.

En casos severos, la suma de varias situaciones como son el daño secundario a la hiperpresión que soporta el riñón, las posibles cicatrices de las infecciones y la propia displasia renal (un inadecuado desarrollo del riñón) pueden provocar una alteración en la funcionalidad del riñón afectado o generar hipertensión arterial. Son esos los pilares en los que se fundamenta nuestro cometido. Por ello, el objetivo esencial del tratamiento del reflujo es prevenir la lesión renal, evitar su progresión y anticiparnos a la aparición de complicaciones.

Se trata de un hallazgo que se estima que presentan entre el 0,4 y el 1% de los niños, prevalencia estimada pero no con precisión ya que pueden existir casos en pacientes que no se manifiesten y pasen inadvertidos. Pero, como se comentaba anteriormente, los casos leves son los más comunes y la probabilidad que presenten complicaciones es muy escasa. El tratamiento conservador y la vigilancia, son en la gran mayoría de los pacientes, la norma, reservando el tratamiento quirúrgico a casos extremos. Medidas generales, como estar bien hidratados, evitar el estreñimiento, presentar unos adecuados hábitos miccionales son puntos clave para disminuir la recurrencia de las infecciones. Existe también, no de forma generalizada y destinada exclusivamente a casos severos o con infecciones muy frecuentes, una estrategia preventiva a base de una pauta antibiótica a dosis baja pero mantenida en el tiempo para evitar el daño añadido que supone la aparición de una pielonefritis (infección en el riñón).

Dentro de las opciones quirúrgicas indicadas en casos severos, las técnicas mínimamente invasivas son las de elección hoy en día. Mediante la inyección endoscópica de diferentes sustancias, el reflujo con frecuencia queda resuelto.

Para concluir, podemos decir que es una situación relativamente frecuente pero que por lo general no va a suponer ningún problema grave ya que los casos que vemos habitualmente en las consultas son niños que se diagnostican de una forma incidental, sin manifestaciones previas, y que con el desarrollo y crecimiento van a presentar una mejoría espontánea incluso una resolución completa sin necesidad de recibir por nuestra parte ninguna medida especial más allá de unas simples revisiones. 

Cálculos renales

Pregunta del lector: Desde hace unos días, siento un dolor fuerte en el costado y me han dicho que podrían ser cálculos renales, ya que no se trata de nada externo. ¿Qué otros síntomas debería tener y cómo puedo comprobarlo?

Respuesta del doctor: Son muchos los pacientes que acuden a urgencias o a la consulta de un urólogo refiriendo un dolor de mayor o menor intensidad en el costado o en la zona lumbar y ellos mismos manifiestan que el origen del dolor es su riñón.

No todos los dolores situados en esta región anatómica son de origen renal y la procedencia de los mismos puede ser muy diversa: patología ginecológica, vascular, neurológica, osteomuscular o digestiva pueden entrar en nuestra lista de diagnósticos diferenciales. Las características del dolor, la intensidad, los factores desencadenantes, el tiempo de evolución, el trayecto por el cual se irradia, los síntomas asociados, etcétera, son indicios que nos orientan a matizar cual es el posible origen del dolor.

La mayor parte de las litiasis o cálculos no provocan ningún síntoma y son encontradas o diagnosticadas de forma casual realizando una radiografía o una ecografía solicitada por otro motivo. Pero respondiendo al lector, en caso de provocar síntomas la manifestación típica del cálculo renal es el cólico renal. Decir cálculo no es sinónimo de cólico. El cólico es la manifestación clínica de la obstrucción que provoca un cálculo cuando migra desde las cavidades renales (donde pasa generalmente desapercibido) hacia el uréter. El uréter es un conducto que comunica el riñón con la vejiga cuyo calibre es mínimo, es por eso que un cálculo, aunque sea diminuto, puede provocar la obstrucción del mismo y esta circunstancia provoca hiperpresión y distensión de la vía urinaria lo que clínicamente se conoce como el cólico renal.

Por lo general, el cólico renal es un dolor muy intenso, inquietante que impide al paciente encontrar un alivio sea cual sea la postura que adopte, de aparición súbita y localizado en la zona lumbar que se irradia por el costado hacia la parte lateral y baja del abdomen en dirección a los genitales. Los síntomas asociados típicos son la sensación de escalofrío, sudoración fría, la nausea y el vómito, una mayor frecuencia miccional, sensación de vaciar mal la vejiga, escozor miccional o hematuria (sangre en la orina). La fiebre ya se considera una complicación, no un síntoma asociado así como la anuria (ausencia de orina) que nos obliga a resolver de urgencia este caso en concreto.

Por lo general el cólico es una situación que tratamos en urgencias ya que la intensidad del dolor es tal que no permite esperar al paciente a una consulta ordinaria por preferente que esta sea. Todos los pacientes que han tenido un cólico, si se da el caso con el tiempo y repiten con un nuevo episodio, reconocen claramente que están padeciendo otro cólico ya que, como nos cuentan, es un dolor que no se olvida.

Evidentemente, no existen dos pacientes iguales y los síntomas que hemos comentado son los habituales y que describen el paciente típico pero la realidad es que el abanico de síntomas y la combinación de estas manifestaciones nos llevan a encontrarnos con una diversidad de pacientes muy amplia y, por supuesto, cuando nos quedan dudas diagnósticas con el relato de los síntomas, nos apoyamos en los estudios complementarios (pruebas de imagen o laboratorio) para llegar a un diagnóstico definitivo.

Problemas en el suelo pélvico masculino

Pregunta del doctor: Buenos días. Tras una cirugía en la que me extirparon un tumor, tengo problemas en el suelo pélvico. Soy hombre, y querría saber qué puedo hacer para ejercitarlo y así evitar molestias y dolores.

Respuesta del doctor: La alteración del suelo pélvico en los varones son infrecuentes y efectivamente son, en muchos casos, secuelas de intervenciones previas. Al contrario de lo que ocurre a las mujeres, donde la patología del suelo pélvico es algo común que refieren en forma de prolapso (descenso de las vísceras pelvianas), incontinencia o dolor y que no tiene que estar provocado por un antecedente concreto.

En el caso de los varones no existe la posibilidad, por razones anatómicas evidentes, que aparezcan prolapsos, pero si la patología del suelo pélvico puede manifestarse en forma de incontinencia urinaria, fecal o mixta o en forma de dolor pélvico crónico.

Como urólogo, nos encontramos con diferentes manifestaciones urinarias en este contexto que en términos globales denominamos alteraciones en la dinámica miccional. Dificultad para contener la orina, imposibilidad para cortar a voluntad el caudal urinario, goteo postmiccional, pérdida involuntaria de orina generalmente asociada a un golpe de tos o esfuerzo físico son los síntomas habituales en los pacientes con patología del suelo pélvico.

Las cirugías prostáticas o rectales pueden ser el origen de este tipo de situaciones, si bien es cierto, la mejora constante en las técnicas quirúrgicas y el uso extendido de la laparoscopia en estos procedimientos hacen que la tasa de secuelas sean infrecuentes o excepcionales. La radioterapia puede provocar también este problema y la obesidad, edad avanzada, estreñimiento, tos crónica, actividad física extrema, etc. pueden ser predisponentes para empeorar o incrementar las manifestaciones.

Por otro lado, no solo nos podemos encontrar con una alteración de la dinámica miccional si no que puede ser origen de síndromes dolorosos que además, habitualmente, nos suponen un reto diagnóstico y terapéutico ya que, por lo general, se tratan de dolores en regiones anatómicas que nos pueden despistar en el proceso diagnóstico y que, además, al tratarse de dolores neuropáticos (de origen neurológico) son más rebeldes al tratamiento farmacológico y los analgésicos habituales no suelen suponer una solución definitiva a estos pacientes.

En respuesta al lector, animarle efectivamente a que realice una rehabilitación del suelo pélvico porque se obtienen resultados favorables en ambas situaciones descritas previamente, tanto en la alteración de la dinámica miccional como en el dolor crónico si bien es cierto que esta fisioterapia y rehabilitación es fundamental que sea orientada y supervisada por un especialista en rehabilitación del suelo pélvico ya que de realizarse de forma intuitiva y autodidacta por parte del paciente puede suponer un hándicap añadido y lleve a tirar la toalla por la falta de resultados. Existen médicos rehabilitadores y fisioterapeutas especializados en este campo que a través de una serie de ejercicios, recomendaciones, maniobras terapéuticas y terapias complementarias van a mejorar al situación trabajando de forma conjunta con el urólogo teniendo así una visión más panorámica y global del paciente. La experiencia en consulta nos enseña que muchos de nuestros pacientes hacen ejercicios de suelo pélvico que ha aprendido o leído pero lo cierto es que no ser adecuadamente realizados no se obtendrá ningún tipo de mejoría es por eso que les animamos a que sean valorados y tratados por profesionales en este área.

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