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¿Padeces nocturia, la principal causa de interrupción del sueño en adultos? Quirónsalud da las claves de cómo tratarla

El urólogo, miembro del equipo médico de Quirónsalud Zaragoza, ha contestado a las dudas enviadas por los lectores.

Physician noting down symptoms of a patient
El doctor Navarro, urólogo y miembro del equipo de Quirónsalud, ha resuelto las dudas enviadas por los lectores a Heraldo.es.
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Cada vez más usuarios acuden a internet para resolver sus dudas sobre salud, una práctica que, en algunas ocasiones, puede generar confusión. Para evitar este problema, el doctor Joaquín Navarro, urólogo miembro del equipo de Quirónsalud Zaragoza, ha respondido a las cuestiones que los lectores han enviado al consultorio médico patrocinado de Heraldo.es

Para un diagnóstico más concreto, el doctor recomienda la visita a un especialista. 

Hipertensión arterial y enfermedades renales

Pregunta del lector: Buenos días. Tengo 65 años y estoy diagnosticado de hipertensión arterial. He leído que esta dolencia puede ser un factor de riesgo para desarrollar una enfermedad renal. ¿A qué indicios debo estar atento? ¿Cuáles son sus síntomas?

Respuesta del doctor: Efectivamente existe una relación muy estrecha entre la tensión arterial y los riñones. Para contextualizar esta respuesta, debemos saber, que entre otras funciones, como la eliminación de diferentes sustancias actuando como un filtro, los riñones tienen un papel fundamental en la regulación de la tensión arterial mediando el balance entre la ingesta de líquidos y la eliminación del exceso de estos a través de su función de filtrado y gracias a otros mecanismos hormonales.

Por otro lado, la relación entre la función renal y la hipertensión arterial es bidireccional. Es decir, la hipertensión arterial puede ser causa de insuficiencia renal del mismo modo que la alteración de la función renal puede ser causa de hipertensión arterial. Los motivos que provocan una hipertensión arterial pueden ser muchos y, dentro de estos, podemos encontrar aquellos cuyo origen está en el riñón, bien sea por un mal funcionamiento propio o de los vasos sanguíneos que irrigan este órgano (arterias renales), lo que provoca la llamada hipertensión renovascular.

Dicho esto y centrándonos en la cuestión que consulta el lector, debemos advertir que tanto la hipertensión arterial como la insuficiencia renal pueden ser dos situaciones que cursen sin ningún tipo de síntoma y se descubran de forma incidental en el contexto de una revisión médica por lo que orientarse mediante la interpretación de una serie de síntomas, en principio, no es un buen método ya que, como se comenta, en la mayoría de los casos en los que está apareciendo una insuficiencia renal no va a existir un indicio clínico que nos advierta que está desarrollándose esta alteración.

¿Qué debe entonces hacer un paciente al que se le ha detectado una hipertensión arterial? La respuesta es simple y se sustenta en dos pilares fundamentales: el primero es tratar la situación mediante un determinado estilo de vida saludable y el correspondiente tratamiento farmacológico y el segundo es cumplir con disciplina los controles que su médico le vaya proponiendo, como la toma de tensión arterial bien sea de forma domiciliaria o en un centro médico y la realización de una analítica ocasionalmente.

Desde el punto de vista renal, es una cuestión más relacionada con la especialidad de nefrología que con la de urología, el diagnóstico del daño renal en este contexto, como se decía previamente, no suele ser clínico (interpretando síntomas) si no mediante controles analíticos tanto de orina como de sangre. Existen diferentes parámetros bioquímicos que son útiles para determinar como trabajan nuestros riñones y en caso de detectar un mal funcionamiento de estos, el nefrólogo tomará cartas en el asunto.

Tanto en pacientes hipertensos como en pacientes con insuficiencia renal está indicado, desde el punto de vista farmacológico, la toma de tratamiento para controlar unas cifras adecuadas de su tensión y esta medida es clave en el desarrollo futuro de un daño renal. Existen diferentes opciones farmacológicas que han demostrado ser efectivas. Algunos de ellos además de bajar las cifras de tensión tienen un papel renoprotector. También un estilo de vida adecuado, evitando el sedentarismo, la obesidad, ciertos alimentos, etc. ayudarán a que el tratamiento sea mucho más efectivo y de este modo proteger los daños colaterales de sufrir una hipertensión arterial. Por último, debemos ser especialmente cuidadosos cuando nos enfrentamos a un paciente con otros factores de riesgo que, añadidos a la hipertensión, pueden ser causa también de fracaso de la función renal, como la diabetes o la toma de determinados fármacos. 

Nocturia

Pregunta del lector: Soy varón. Desde hace unos meses, y cada vez con más frecuencia, cada noche tengo que levantarme en varias ocasiones de la cama para orinar, aunque durante el día no siento ninguna molestia. ¿A qué puede deberse? ¿Debería preocuparme?

Respuesta del doctor: La necesidad de levantarse por las noches para orinar es un síntoma muy común y sus causas pueden ser muy diferentes en función de la edad del paciente, si es varón o mujer, o si presenta alguna patología asociada. Es la principal causa de interrupción del sueño en la población adulta.

Técnicamente, este síntoma se conoce como nicturia o nocturia. Son dos términos que hacen referencia a esta situación y, aunque en la literatura científica tienen matices que les diferencia, suelen utilizarse de forma indistinta, como sinónimos, para describir aquella condición en la que el paciente ha de despertarse por la noche una o más veces ante la necesidad de tener que orinar.

Las causas que pueden provocarla son múltiples, aunque típicamente ante un varón de más de 50 años que comenta este síntoma en nuestra consulta, instintivamente pensamos que su próstata está participando en este problema. Lo cierto es que la nicturia no es un síntoma tan fácil de explicar con el simple crecimiento de la próstata porque, como comentamos, son muchas las causas que pueden provocarla así como la repercusión y el impacto en la calidad de vida de un paciente.

La necesidad de orinar por las noches puede ser un síntoma aislado o coexistir con otros síntomas miccionales, ya sean de carácter obstructivo o irritativo. Las razones que la explican pueden ser diferentes, desde un tema conductual (ingesta de exceso de líquidos o exicitantes por parte del paciente), alteraciones del sueño, hipertensión arterial, patología urológica (hiperactividad vesical, hiperplasia benigna de próstata, cálculos), diabetes, hasta patología cardiaca o respiratoria.

Para estudiar este síntoma debemos evaluar la asociación a otros síntomas que orienten al diagnóstico. Además debemos conocer la toma de determinados medicamentos que puedan contribuir a su aparición (diuréticos o antihipertensivos). Conocer los hábitos del paciente también ayuda a contextualizar la situación, así como calibrar el impacto en la calidad de vida y en el descanso del paciente. Para esta última cuestión existen cuestionarios de salud que son utilizados como herramienta para objetivar el alcance de la nicturia.

El sueño es fundamental en el bienestar físico y mental y cualquier distorsión del descanso puede afectar negativamente a la salud, predispone a determinadas patologías, perjudica al rendimiento diurno, concentración, estado de ánimo y en definitiva a la calidad de vida.

La nicturia afecta a una parte importante de la población, según estudios epidemiológicos a más del 40% (en algunos estudios a más del 80%) de la población de más de 60 años y afecta indistintamente a hombres y mujeres.

En respuesta al lector, debemos decir que la necesidad de levantarse por las noches no es habitualmente un indicio de ninguna patología grave, pero como cualquier síntoma que se manifiesta de novo, lo ideal y adecuado es estudiar las causas que han podido motivar su aparición, con más motivo si está afectando a su descanso. Además existen diferentes opciones terapéuticas para intentar aliviarlo, desde modificar los hábitos hasta pautar algún fármaco si la severidad de la nicturia afecta de forma evidente al paciente. 

Cistitis recurrentes

Pregunta de la lectora: Hola. Soy mujer y desde joven sufro cistitis con mucha frecuencia. He comenzado un nueva relación sentimental y ahora mantengo relaciones sexuales con mayor asiduidad, lo que hace que suela tener molestias. Hace poco visité al médico creyendo que volvía a sufrir infección de orina, ya que los síntomas eran los mismos, pero los resultados de las pruebas fueron negativos. ¿A qué otra cosa puede deberse? ¿Qué puedo tomar para prevenir estas molestias?

Respuesta del doctor: La infección del tracto urinario es una patología muy prevalente en la mujer. Efectivamente, existen diferentes factores que pueden predisponer al número de infecciones que una mujer padezca, entre ellos las relaciones sexuales. En este aspecto, no debemos confundir entre dos entidades: las infecciones de orina en mujeres pueden verse favorecidas por las relaciones, lo cual no significa ni debemos confundir con las enfermedades de transmisión sexual ya que las bacterias y los síntomas de unas y otras no tienen nada que ver.

Podríamos escribir mucho sobre las infecciones del tracto urinario en mujeres, hablar de cómo se clasifican, que factores de riesgo existen, que diferentes estrategias terapéuticas existen, etc, pero intentaremos centrarnos en la cuestión concreta que la lectora comenta, ya que muchas mujeres se sienten aludidas al leer esta pregunta.

Inicialmente debemos saber, más aún según los estudios más recientes, que el papel del urocultivo no siempre es el pilar de nuestra diagnóstico. Con este comentario no debemos interpretar que un urocultivo no sea fiable, pero, por diferentes motivos, un paciente puede tener una infección urinaria y, sin embargo, su cultivo no mostrar el crecimiento de ninguna bacteria. Es decir, si el contexto clínico sugiere que los síntomas son secundarios a una infección, a pesar de tener un urocultivo negativo, el tratamiento empírico antibiótico estaría indicado.

No obstante, siempre debemos descartar la existencia de otras patologías diferentes a la infección urinaria ya que los mismos o similares síntomas pueden ser explicados por diferentes entidades. Por supuesto, el papel y la valoración por parte de un ginecólogo es básico y fundamental en un caso como el que estamos comentando.

Una vez descartadas otras causas y habiendo estudiado cada caso, se pueden ofrecer diferentes enfoques para intentar prevenir o tratar cada recaída que pueda sufrir la paciente. Como punto de partida, siempre debemos estudiar los hábitos de la paciente y si detectamos algo que pueda favorecer la aparición de un nuevo episodio, debemos modificarlo. Recomendación fundamental es que la ingesta de líquidos sea muy abundante y que se realicen micciones frecuentes. Existen también diferentes fármacos no antibióticos que pueden ayudar a su prevención (probióticos, arándanos o manosa). Por último, el antibiótico pautado según diferentes esquemas es la solución definitiva si la infección está presente. Los antibióticos no solo son utilizados cuando ya aparecen los síntomas, en ocasiones son utilizados a dosis bajas con una intención preventiva, siempre según las recomendaciones de un especialista.

En respuesta a lo comentado en el enunciado podemos concluir que lo más probable es que, independientemente de que las pruebas han sido negativas, estemos ante una infección urinaria de repetición, debiendo estudiar no obstante, otras causas tanto urinarias como ginecológicas que puedan simular los mismos síntomas de una infección y una vez descartadas, incidir en la modificación de determinados hábitos y ofrecer diferentes opciones farmacológicas que puedan disminuir en número y la severidad de las recaídas. 

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