Acompañado por una treintena de deportistas nacionales e internacionales, entre los que se encontraban Alberto Contador, Fernando Escartín, Aleix Espargaró y Purito Rodríguez, uno de sus íntimos amigos, Ángel Vicioso daba sus últimas pedaladas el 2 de diciembre de 2017 en un homenaje organizado por el Ayuntamiento de Calatayud, donde el referente aragonés creció como deportista integrando las filas del Club Ciclista Bilbilitano. Cerraba así un ciclo tras más de 19 temporadas como profesional, en las que cosechó una veintena de triunfos.

Orgulloso del camino recorrido sobre dos ruedas -desde que pudo sostenerse en pie, según recuerda-, Vicioso se bajó de la bicicleta para iniciar una nueva carrera a más de 400 kilómetros de su Alhama de Aragón natal. El enmarcado paisaje de Andorra, al que accedimos gracias a la colaboración de Hyundai y en el que ahora se ubica el hogar que comparte junto a su mujer y sus dos hijos, se ha convertido en el escenario de la gran etapa que le queda por superar: la familiar. Una faceta que quiere explotar al máximo tras años de ausencia en la élite, en concentraciones y vueltas.

TIT de las 4 ruedas (1)

A los tres años, Ángel Vicioso se subió por primera vez a una bicicleta. Como a cualquier otro niño de esa edad (nació en 1977), le habían regalado una, con la que aprendió a ir sobre dos ruedas. Su padre era aficionado al ciclismo y solía salir los domingos por los alrededores de Alhama de Aragón, su pueblo, al que siempre ha estado muy unido. Allí pasó su infancia, conoció a su mujer, tiene hasta su propio museo y es donde vuelve siempre que puede para que sus hijos tampoco pierdan el arraigo.

A los 11 tuve mi primera bici de carreras y solo un año después, empecé la competición. Solía salir con mi padre, hacíamos entre 20 y 30 kilómetros. Fue él quien me apuntó al Club Ciclista Bilbilitano Infantil”, recuerda Ángel con mucho cariño. En ese club estuvo cuatro años porque no tenía categorías superiores y luego pasó al Donuts y al CAI.

Mientras estuvo en los equipos juveniles, Ángel ya tuvo alguna oferta para marcharse fuera, pero prefirió quedarse en Zaragoza y fue “una decisión acertada”, dice ahora haciendo balance. Porque para Ángel, estar cerca de su familia siempre ha sido fundamental.

Sus padres le dejaron claro desde el primer momento que podía entrenar, pero también tenía que tener algún oficio y el de su padre, carpintero, a él le encantaba. “Por las mañanas salía con la bici y, por las tardes, me iba al taller”, recuerda.

Ángel siempre ha tenido los pies en el suelo y era consciente de que el deporte de élite no es fácil, tiene un componente de temporalidad y puede subirte a lo más alto y bajarte en poco tiempo. Sin embargo, a los 16 años, ya era todo un campeón ciclista.

El 16 de agosto de 1993, Ángel fue protagonista de una página de HERALDO DE ARAGÓN. En la crónica se hacía referencia a que con solo 16 años había ganado 58 trofeos como deportista, entre ellos el Campeonato Ciclista de Aragón de 1992 y 1993. “A punto estuvo también de alzarse con el campeonato de España a no ser porque sufrió una inoportuna caída que le produjo heridas en el codo y le impidió continuar la prueba”, explicaba el subtítulo de aquella información que se acompañaba de una fotografía suya recibiendo el trofeo de campeón de Aragón de manos del entonces vicepresidente de la Diputación Provincial de Zaragoza, Pascual Marco.

Los 21 fueron su último año como ‘amateur’. Vicioso recibió una llamada -que al principio pensó “que era una broma”, como él mismo cuenta- que lo convertiría en profesional. En ella tuvo mucho que ver su amigo Fernando Escartín, que ya estaba en Kelme, equipo del que pasaría a formar parte el alhameño.

“Desde juvenil, empecé a entrenar un mínimo de cuatro horas al día. Un mes y medio hacía gimnasio, pero el resto del año, siempre bicicleta”, rememora. Así empezó su vida profesional, siempre tan ligada a Alhama.

Pero también en lo personal, Vicioso ha estado muy pegado a este pueblo de la comarca Comunidad de Calatayud. Ya desde pequeño recuerda que compartía clase con Raquel, la que ahora es su mujer y madre de sus dos hijos. “Me sentaba justo en el pupitre de atrás y siempre le decía: ‘Tú y yo acabaremos juntos’, algo de lo que ella se reía”, relata Ángel. Pero, en esta ocasión, el tiempo le dio la razón a él. A los 23 años, empezaron a salir juntos. Estuvieron dos años como novios y, al tercero, se casaron. Juntos tuvieron dos hijos: Jaime, que ahora tiene 10 años y Manuela, de 7. El primogénito fue hasta los 5 años al colegio de Alhama. Ella trabajó durante mucho tiempo en la recepción de un hotel de la localidad y esto le impedía asistir a sus carreras: “Lo he seguido muy poco por mi trabajo, aunque siempre me ha gustado estar apoyándole. Con los niños, he intentado ir mucho más porque a ellos les encantaba”, añade.

En Alhama, Ángel sigue teniendo parte de su familia, de su vida y sobre todo muchísimos recuerdos. De hecho, abrió una casa rural que llamó El Rapallo, en honor de la etapa del Giro que ganó. Y los nombres de los tres apartamentos en los que se pueden alojar los visitantes son Giro, Vuelta y Tour, como no podía ser de otra forma.

TIT con los pies

Ángel Vicioso debutó en 1999 con el maillot de Kelme-Costa Blanca, equipo en el que compitió hasta 2002. Fue en ese periodo cuando cosechó su primera gran victoria, en una etapa de la Vuelta a La Rioja en el año 2000. Desde entonces, y hasta 2006, integró el pelotón del equipo Once, que solo un año después de su incorporación cambió de denominación a Liberty, y que terminó llamándose Astana-Würth. En 2007 se unió al Colchón Relax; militó en LA-MSS en 2008; en 2009 y 2010 lo hizo en Andalucía-Cajasur; el año siguiente formó parte de Androni Giocattoli; y desde 2012 hasta su retirada pedaleó en Katusha.

A lo largo de sus 19 años en activo, Vicioso ha participado en 17 grandes vueltas. Hasta en seis ocasiones ha recorrido la geografía nacional con la Vuelta a España. En el país galo, el deportista ha disputado cuatro Tour de Francia y también ha participado siete veces en el Giro de Italia, uno de los trazados que más alegrías le ha dado en su trayectoria profesional. Además, ha competido en 26 clásicas y ha celebrado hasta 20 victorias en la élite.

Su última gesta tuvo lugar el 5 de abril de 2015, en el Gran Premio Miguel Induráin, celebrado en la localidad navarra de Estella. Hasta entonces, su palmarés había acumulado otras victorias destacadas como una etapa en el Tour de Suiza en el año 2006; cuatro etapas en la Euskal Bizicleta; dos en la Vuelta al País Vasco; una en la Vuelta al Alentejo; la Vuelta a Asturias; y el Gran Premio Industria y Artigianato-Larciano.

La espina clavada o cómo resarcirse con éxito

El cénit de su carrera lo alcanzó en la tercera etapa del Giro de Italia, el 9 de mayo de 2011. El ciclista aragonés fue el primero en recorrer los 173 kilómetros de distancia que separan las ciudades de Reggio Emilia y Rapallo, sorteando desniveles explosivos y culebreos. En poco más de tres horas y 57 minutos, Vicioso cruzaba, con los brazos abiertos, la meta italiana, una victoria que además le servía para sacar de su garganta una vieja espina: la del éxito anulado. Once años antes, en la edición de 2000, los jueces le arrebataron otra etapa del Giro por un supuesto cambio de trayectoria. A pesar de la emoción de la gesta, aquella victoria quedó ensombrecida por el fallecimiento en carrera de su compañero, el belga Wouter Weylandt.

Su triunfo, no obstante, fue una de las grandes recompensas que el ciclista de Alhama de Aragón recibió tras media vida dando pedaladas. Una trayectoria donde el esfuerzo y la constancia constituyeron, en todo momento, dos ingredientes indispensables. Nunca bajó los brazos y nunca dejó de pelear. Ni siquiera cuando dos graves e inoportunas caídas, en 2013 y 2014, le dejaron en una situación límite.

“No he parado de luchar y sacrificarme por lo que me gusta, por lo que sé hacer bien. Entonces, no me queda otra que mirar hacia delante. Si me hubiera parado a pensar, seguro que hubiera dejado la bici. Es una cuestión de actitud, de ser positivo”, reconocía el deportista el pasado año a HERALDO.

Porque Ángel Vicioso está hecho de una pasta especial. Solo así se entiende que una persona que se daña las costillas, el bazo, la escápula, el dedo, los pulmones y el fémur subido a una bicicleta vuelva a auparse al sillín con convicción. Hasta el pasado año, cuando decidió aparcar la bicicleta para siempre uno de los mejores ciclistas que ha brotado en Aragón, con el permiso de Fernando Escartín.

TIT David cuñado

La vida de Ángel Vicioso, incluso la deportiva, siempre ha tenido un adjetivo como denominador común: familiar. Y en esta, han jugado un papel muy importante su mujer, Raquel, primero; sus hijos, Jaime y Manuela, después, y David Traid. Él es su cuñado (hermano de Raquel), pero también su amigo, su acompañante, su asesor y hasta su psicólogo cuando ha sido necesario.

“Ha sido como mi hermano mayor”, cuenta David. “Me gustaba mucho el deporte y siempre que podía lo acompañaba a las concentraciones, los viajes e incluso a salir con la bici, aunque yo en lugar de cinco horas, solo podía hacer dos… Muchas veces también he hecho hasta de psicólogo”, añade.

David tiene tres años menos que Ángel y, por su trabajo, disponía de muchos días libres y podía organizarse para seguirle en su trayectoria profesional. Es una de las personas que más cerca ha estado de él, tanto en los momentos de liderazgo como en los duros entrenamientos o las decisiones más difíciles. Como él mismo resume: “La carrera profesional es como una montaña rusa y los largos viajes dan para darle muchas vueltas a la cabeza. Siempre le dije que no se obsesionara”, recuerda David.

Aunque tiene muchos recuerdos guardados de su trayectoria juntos, en la memoria conserva uno con especial cariño: el día que ganó la etapa del Giro. “Justo el día de antes hablé con él y me dijo voy a ganar. Nunca decía esas cosas, pero esta vez estaba seguro. Y así fue”, cuenta. Aunque esa etapa la siguió por la televisión, al día siguiente aterrizó en Italia para poder acompañarlo. La jornada no fue fácil porque, aunque él había ganado, otro ciclista había fallecido tras una fatal caída. “Son en momentos como esos cuando un profesional se da cuenta de la peligrosidad de lo que hace y se plantea hasta dónde merece la pena tanto esfuerzo”, añade.

Pero esa fecha también fue importante en el calendario porque David se enteró en exclusiva, antes incluso que el propio Ángel, que el Katusha había fichado por él. Purito le envió un mensaje que decía “Maño, ya está hecho. Enhorabuena”. Yo lo leí porque estaba guardándole el móvil y se lo dije. “Casi fue mayor alegría que la victoria. Era como si en fútbol ficharas por el Real Madrid”, destaca David.

Siempre han estado juntos y, por eso, David siente que Ángel es para él como un hermano mayor: “Incluso me acompañó a firmar mi primera hipoteca”, recuerda. Además, gracias a él también ha conocido a otros profesionales del ciclismo, como Contador o Purito, que de otra forma no habría podido.

Y cuando llegó la retirada, David también estuvo ahí, como no podía ser de otra forma. “Al principio pensaba que el día que dijera adiós a la competición sería muy triste, pero cuando eres consciente de lo duro que es, de los peligros que existen, las caídas… Dices ya vale. Casi tenía ganas”, concluye.

La distancia ha separado ahora a ambos, aunque los vínculos personales que mantienen pueden mucho más. Además, el pabellón polideportivo de Alhama de Aragón lleva el nombre de Ángel Vicioso desde el año 2011. Y eso hace más difícil el olvido en su pueblo natal, al que siempre que puede, regresa.

TIT Tronquete

Tras la puerta de su garaje, Ángel conserva algunos de los recuerdos que ha ido acumulando a lo largo de su trayectoria profesional. “Aquí tengo todos los maillots guardados”, explica mientras pasea entre fotografías y regalos de compañeros y amigos. “Aún tenemos cajas de la mudanza“, indica sobre el pequeño desorden del cuarto. Esta es la segunda residencia que han convertido en hogar en Andorra, hasta donde se mudó la familia del ciclista hace cinco años, mientras él todavía seguía compitiendo. En una de las paredes, un cartel ilustra uno de los motivos por los que decidió quitarse, para siempre, su último dorsal, el 107.

“Tronquete, eres la mejor victoria de mi vida”. Con esta frase, escrita sobre un cartón, el deportista felicitó a su hijo por su comunión en un vídeo grabado con ayuda de su masajista tras un entrenamiento, cuando creía que quizá no llegaría a asistir a la celebración. “El Giro terminaba el mismo domingo que mi hijo Jaime comulgaba. Le pedí permiso al equipo para retirarme dos días antes, pero me dijeron que no. Finalmente, pude coger un vuelo en Italia el sábado a las 22.00 y llegué a las 3.00 a Zaragoza”. Sobre sus ausencias, Vicioso lamenta: “En alguna ocasión, y después de 40 días de concentración, cuando volvía a casa, Manuela, mi hija pequeña, no me conocía“.

A pesar de haberse colado con anterioridad entre sus pensamientos, el deportista apunta: “Supe que tenía que retirarme cuando empecé a ponerme excusas para no salir a entrenar, cuando en esas mismas circunstancias, antes, lo habría hecho sin problemas”. “Me apetecía hacer otras cosas en la vida, ya no quería pasar más tiempo fuera de casa”, cuenta sobre su despedida del deporte de élite. “Desde que me retiré, he cogido cuatro kilos. Los dos primeros meses lo único que me apetecía era comer natillas, que me encantan, y chorizo, y huevos fritos…”

“Por las mañanas llevo a mis hijos al colegio, voy al gimnasio, trabajo, y las tardes las paso con mis pequeños, como cualquier otro padre”, comenta sobre su nueva situación. Ahora, Vicioso dirige una clínica de Podoactiva en Andorra, un proyecto que piensa ampliar a corto plazo con dos centros más en el Principado. “Me dedico al márquetin, atiendo a los deportistas profesionales que se pasan por aquí. Si fuera una tienda de bicis le podría decir al mecánico cómo arreglarlas, pero al podólogo, ¿qué le digo?”. “Este trabajo me permite hacer otras cosas, como practicar deporte o pasar tiempo con mis hijos”, remarca Vicioso. Una de las claves del éxito de su reconversión profesional ha sido su reconocimiento a nivel deportivo. “La gente en Andorra conocía mi carrera”.

“Angelito”

“Al principio, era nuestra rutina. Él estaba en sus carreras y entrenamientos y yo trabajando. Cada uno llevábamos nuestro ritmo. La cosa empeoró cuando tuvimos a los niños. Tenía miedo de que le pasara algo“, afirma Raquel, la esposa del deportista. “Yo nunca he querido que él pudiera decir que lo dejó porque yo se lo pedí. Era una decisión suya, personal y para toda la vida”, asegura.

El proceso de adaptación tras la retirada de su marido ha resultado más fácil de lo que esperaba. “Hemos vivido una relación a distancia. No sabía cómo íbamos a aguantar porque nos habíamos hecho muy independientes. Pero está siendo genial. Angelito se ocupa mucho de los niños”. Para Raquel, Andorra también ha supuesto el punto de partida de un nuevo rumbo profesional: “He vuelto a estudiar, estoy haciendo segundo de Magisterio. Además, ahora tengo tiempo para mí”.

TIT giro manillar

Vicioso disfrutó mucho de su etapa como ciclista. Le gustaban las dos ruedas, los entrenamientos y la competición, pero también tenía claro que si algún día dejaba de ser una pasión para él este deporte, lo dejaría. Y así ocurrió. Su familia y el hecho de que sus entrenamientos empezasen a convertirse en algo que le costaba esfuerzo fue lo que le dio la llave para cerrar otra etapa. Profesional y personal. El cambio de vida llegó. Su nombre sigue siendo un reclamo para muchas de las personas que se acercan a la clínica en la que ahora trabaja. Y no se plantea ni siquiera subirse a la bici para hacer un poco de deporte: “Aquí prefiero esquiar. Disfruto más y con las montañas tan cerca, es un privilegio. A mis hijos también les gusta mucho”. En su garaje y trastero, convertido en un improvisado museo, guarda todas sus bicis y maillots, pero también las de sus hijos. Sin embargo, preguntado sobre si le gustaría que siguieran sus pasos, lo tiene claro: “No”. “La bicicleta es peligrosa en la carretera y me daría mucho miedo conociéndolo tan bien como lo conozco”, concreta.

El mundo del ciclismo ha servido a Vicioso hasta para decorar algunas de las estancias de la casa a la que se mudaron hace un tiempo con vistas a las montañas andorranas. El dormitorio principal tiene un papel pintado de bicicletas de colores en el lado donde apoya el cabecero de la cama. En la cocina, un reloj de pared y un original cortapizzas con forma de bicicleta vuelven a recordar su etapa en la élite. Pero después de algunos ascensos muy duros, sobre todo los que le obligaban a estar tiempo fuera de su familia, Vicioso se marcó otra meta, que quedaba muy lejos ya de las pedaladas.

Un giro al manillar del que se siente muy satisfecho y que le permite disfrutar de su mujer, sus hijos y el último en incorporarse a la familia, Rudolph (nombre elegido para este perro de aguas por los pequeños de la casa debido al color rojo de su nariz).

CRÉDITOS

Un especial de BLUEMEDIA STUDIO para Hyundai realizado por: Cristina Adán y Leticia Buendía (textos y entrevistas), Beatriz Pitarch (fotografía), Noemí Auría y Cristina Guallar (diseño y gráficos), Rubén Torres (programación) y Carlos Charlez (documentación de HERALDO DE ARAGÓN). Proyecto: Fedra Valderrey.

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