Desde las entrañas del rock, el autor que más libros de literatura vende en España: Jordi Sierra i Fabra


Me topo en El País digital con una entrevista a Jordi Sierra i Fabra, que le hace Juan Cruz, y salto de alegría y agradecimiento, como cuando uno se encuentra por la calle a un viejo maestro… Que eso fue para mi Jordi, un apreciado maestro.

Sí, desde hace años es el autor que más libros vende en España; doce millones y medio, confiesa al periodista canario, que lleva despachados, lo cual, perdón por la vulgaridad, no es moco de pavo. Libros de poesía, novelas, viajes, policíacos, musicales… e incluso hasta eróticos, dice. De todo tipo. Ahora acaba de publicar en Loqueleo (Santillana) un tocho de casi 600 páginas, ‘El gran sueño’, en el que aborda la emigración española a Nueva York en el siglo XIX, no sé si algo parecido a lo que ha hecho también recientemente María Dueñas.

Pero, pese a bagaje tan denso y longevo, este catalán de Barcelona no fue mi maestro de lecturas…, sino de mú-si-ca rock. Con setenta años cumplidos y un sano aspecto a lo Mayall maduro, a Jordi, se dice que lo conocen e idolatran generaciones de adolescentes, padres y abuelos. Y yo estoy ahí, no por la literatura, como digo, sino por la música, por el rock, por su ejemplar y laboriosa tarea de periodista musical ejercida en España, cuando escribir aquí de música era oficio inusual y hasta innoble, y él era el primero y más influyente. Hablo de finales de los sesenta y primeros setenta. Allí estaba Jordi cada semana en el seminal y e iluminador Disco Expres. Aún no me había podido comprar un tocadiscos, como se decía entonces, por la pasta que valía, pero cada semana esperaba ansioso el viernes para acercarme al quiosco donde me guardaban el ejemplar.

Lo devoraba. Jordi hacía de todo, lo mismo información que entrevistas u opinión -ay, aquella ‘Ventana Out’-, pero sobre todo lo que hacía magistralmente era encenderte la sangre “relatando” los discos, contando desde la primera estría a la última lo que sucedía en todas y cada una de las canciones, la letra, los instrumentos que sonaban, las voces, la correlación con discos anteriores o con otros de su estirpe… Era cojonudo: no necesitaba entrevistar al artista, ni creo que fuera posible, porque a ver cuándo cazabas por aquí a unos Beatles o a unos Rolling, o una Allman Brothers… y les sometías a la típica entrevista, tantas veces chorrona y tan practicada después por algunos gurús, de hablar muy poco de música de verdad y mucho de frivolidades y tópicos. Pero él no, Jordi tenía la habilidad de llenar las dos páginas centrales del Disco Expres ‘contando’ minuciosamente un disco, escribiendo de música, sin necesidad de recurrir directamente a un lejano e inalcanzable grupo anglosajón para oír perogrulladas de divo. Por eso me encantaban sus textos: te metía los discos en vena y en los oídos.

Obviamente, cuando, con mi primer sueldo, tuve la posibilidad de acceder a uno de aquellos costosos equipos de música, al leer un comentario híper laudatorio de Jordi sobre un disco o un grupo, que era lo habitual, saltaba como un resorte a la tienda de discos a comprar el LP…, y así comencé a formar mi discoteca durante semanas y semanas, incluso años. Luego, alguna vez, el contenido sonoro no estaba a la altura de lo escrito, o al menos con respecto a lo que yo me esperaba, pero eran las menos, coincidía con él casi siempre. Jordi talló mi gusto y mi devoción por el rock.

Y no solo a través del Disco Expres sino también a través de un libro indispensable entonces: él fue el primero que publicó en España un tomo sobre el desarrollo internacional del rock, “1962-72. Historia de la música pop”, que obviamente guardo como preciado tesoro, tomo que luego amplió con otro anexo sobre 1972-73.

Aquel periodismo, sin embargo, desapareció a mediados de los setenta. Llegó la legión de los Manrique, Antonio de Miguel, Ordovás y compañía… y lo fulminaron. Lo consideraban obsoleto e incluso gacetillero. Uno, Manrique, en concreto, con muy mala baba, creo, aún sigue aprovechando la mínima oportunidad para pasarlo a cuchillo. Y todo, porque en su famosa enciclopedia Sierra no citó a Chuck Berry, porque “en su discográfica no poseían su biografía”, según escribía Manrique en el prólogo de ‘Rockin’ Spain’ (2011), que era, como capciosamente Manrique daba a entender que Sierra llenaba los folios, copiando hojas de las discográficas.

Mala leche o señal clarísima de que el prepotente crítico no leía las dobles páginas o las contraportadas del Disco Expres, que, malas, regulares o buenas, desde luego de gacetilleras no tenían nada, porque eran eso: un ‘relato’ muy personal, estría a estría, de un disco o una historia biográfica documentada excesivamente bien para las pobrísimas posibilidades informativas de entonces. Al menos, a muchos nos servían, nos abrieron muchas puertas.

Confieso que cuando a la primera ocasión que tuve a mano, es decir, cuando puse en circulación el Disco Actualidad, del que Manrique se llevaba, por cierto, unos pellizcos de no te menees, de conocer en persona a mi maestro, me fui a Barcelona y acudí a su casa, a la que gentilmente me invitó. Me quedé absorto, no ya por la increíble cantidad de discos que Jordi almacenaba, sino por la pulcritud y el orden que había en aquella estancia saturada de vinilos, revistas y libros. Y todavía más cuando me confesó su forma prusiana de escribir: como un oficinista en horario de mañana y tarde. Y a rajatabla, con una disciplina que explica su fecundísima y posterior producción literaria. Entendí entonces perfectamente, cuando supe de sus hazañas comerciales, de dónde venía su capacidad de trabajo.

Hace unos años me llamaron de la editorial en la que había publicado uno de sus libros para que se lo presentase en público en Zaragoza. Lamentablemente, por motivos de salud, no lo pude hacer. Me hubiera encantado. Me hubiera complacido enormemente volver a encontrarme con mi maestro. A fin de cuentas, a ellos, a muchos maestros de infancia y juventud, les debemos los nutrientes de muchas neuronas personales e incluso de nuestras propias vidas. Estoy seguro que Chuck Berry, en los infiernos, no le tiene en cuenta aquel olvido: la labor de difusión del rock internacional que entonces hizo el periodista musical catalán en España, el más influyente aquí en aquellos gloriosos primeros setenta, fue impagable. Aquel olvido no erosiona en absoluto su inmensa labor. “Go, go, Jordi, go, Jordi Be Goode”.

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7 respuestas a Desde las entrañas del rock, el autor que más libros de literatura vende en España: Jordi Sierra i Fabra

  1. Detroit Rock City dijo:

    Comparto tu admiracion por el gran Jordi Sierra i Fabra, Matias. Ningún aficionado a la música en los años 70 en este pais puede obviar su influencia. En cuanto a la inquina que le tiene Manrique… no es de extrañar, es que jode mucho ser segundón. Por cierto, me sorprende mucho tu revelación de las “mordidas” que se llevaba el susodicho de DA.

    • Matías Uribe dijo:

      Pues no sabes lo que me alegra, Detroit, que coincidamos en admiraciones hacia Sierra i Fabra. La verdad es que fue una mina informativa en tiempos que no existían libros, revistas especializadas ni mucho menos ese bosque de Internet, con el que hoy cualquiera puede ser sabio de todo y de nada. Lo de Manrique era tal cual. Con decirte que cobraba por folio en el Disco Actualidad más que en El País….

  2. Leucocito dijo:

    Los primeros libros de música pop que compré en los años setenta fueron de Jordi Sierra i Fabra (Historia de la música pop), recomendados por tí, fueron de buena ayuda para desubrir grupos y artistas internacionales que había oido, pero no sabía nada de ellos, buenos libros de consulta. Ahora con internet cambia mucho la cosa.

  3. Julio jendrix iglesias dijo:

    “Historia de la Música Rock” vol. 1 “De los Beatles a San Francisco” y vol.2 “Del Underground al Glam Rock”, editados en 1978 fueron mis dos biblias de formación (deformación? …), junto a Vibraciones, Disco Exprés y Popular 1. Hubo un tercer volúmen que ya no me interesó. Pero aún los sigo ojeando, entre los libros de consulta, y los tengo a mano impolutos.
    Una batallita. Cuando vinieron Yes a Zaragoza como Anderson, Bruford, Wakeman & Howe, pedí a Rick Wakeman que me firmara un librito escrito hacía más de 10 años por Jordi Sierra i Fabra. El gigante rubio lo miró y remiro, seguramente porque era la primera vez que lo veía. Piratada de editorial al canto, le dije. Sonrió y me firmó la primera página en blanco. También Bill Bruford y Steve Howe. La arranqué y enmarque con adornada memorabilia yesmaniaca. Ahí luce en mis estantes vinilicos, junto al librito en cuestión. Justo es reconocer la labor pionera de Sierra i Fabra. Pero Manrique también me merece respeto absoluto. Y envidia, por poder cobrar esos pastizales. Como él, poquitos.

  4. Detroit Rock City dijo:

    La diferencia es que Jordi Sierra te daba la información para que tu la asimilaras, pero Manrique te decía lo que te tenía que gustar, y si no te gustaba lo mismo que a él es que no tenías ni puta idea. Ah, y lo que gane o deje de ganar un periodista (ni ningún otro profesional) no lo convierte en mejor.

  5. Julio jendrix iglesias dijo:

    Historia de la Música Rock : De los Beatles a San Francisco vol.1 y Del Underground al Glam Rock vol.2. Los compré cuando salieron en 1978 y formaron parte de mi formación (o deformación), junto al Vibraciones, Disco Exprés y Popular 1.
    Ahora una batallita. Cuando vinieron a Zaragoza Yes, como Anderson, Bruford, Wakeman & Howe, le entregué al gigante Rick Wakeman un librito sobre su obra para que lo firmara. Era de Jordi Sierra i Fabra. Lo miró y remiro, con cara de extrañeza. Piratada editorial al canto, más o menos le dije. Sonrió y me lo firmó en la primera página en blanco. También Bill Bruford y Steve Howe. Arranqué ésa página y la enmarque con memorabilia yesmaniaca. Todos esos libros los guardo como oro en paño. De justicia es reconocer la labor pionera de Sierra i Fabra. Pero a Manrique también le tengo un respeto. Cobrar pastizales por prensa musical escrita, en éste país, poquitos. Envidia sana.

  6. Julio jendrix iglesias dijo:

    Siento los mensajes repetidos, esto no ha funcionado bien.
    No creo que , habló por mí, Diego A. Manrique me haya “aleccionado” en nada. De hecho creo que sus gustos y los míos están en las antípodas. Pero le reconozco un estilo de contar las cosas que atrae. Te puede caer mejor o peor, pero sabe como escribir de música. Por supuesto, nadie es infalible y puede cagarla como el que más. Aún recuerdo su metida de pata descomunal a la muerte de Spinetta. Legendaria. Como un buen rey emérito, pidió disculpas, pero el daño estaba ya hecho.
    Como puedes comprobar, ni he dicho que “sea mejor que…”, ni nada. Simplemente, olé sus cojones si pide x pasta y se la dan.

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