Insecticidas naturales

Con ingredientes caseros y fáciles de conseguir se pueden controlar las plagas del huerto y proteger la fauna beneficiosa que ayuda a las plantas

Es hora de desterrar para siempre los insecticidas dañinos para el medio ambiente. Porque matan a las abejas, porque dañan a otra fauna que ayuda en las cosechas, porque se filtran en el agua y contaminan acuíferos, porque suponen un riesgo para la salud… A la espera de una prohibición total y efectiva, jardineros y aficionados a la horticultura pueden aportar su grano de arena y eliminarlos de su día a día. ¿Qué hacer entonces, cómo enfrentarse a las plagas sin estas herramientas?Con remedios naturales que pueden resultar incluso más efectivos, sobre todo en terrenos pequeños y huertos urbanos. Los ingredientes son muy fáciles de conseguir y su preparación apenas lleva unos minutos. Aquí van unas ideas.

 

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¿Influye la luna?

Esta semana pudimos ver una hermosa luna llena roja.

No es fácil hablar de la influencia de la luna. Hace unos años, en un reportaje publicado en el suplemento Heraldo Domingo, preguntamos a expertos sobre cómo nos afecta. ¿Es cierto que en luna llena hay más nacimientos, que los enfermos mentales tienen peores días, que las plantas crecen más o menos según las fases? El doctor Manuel Romero, por entonces adjunto del Servicio de Ginecología del Hospital Miguel Servet, nos advirtió de lo difícil que es acabar con los falsos mitos en torno a embarazos y nacimientos. «Por supuesto que las fases de la Luna no afectan para nada a los nacimientos, ni tampoco es cierto que haya más partos por la noche -nos comentó-. Pero hay tanta gente que lo cree así que no hacen caso, aunque se lo diga un ginecólogo». Y lo decía por experiencia propia, porque en su pueblo no importaba mucho su opinión: quien creía que la luna llena afectaba a las parturientas lo repetiría por los siglos de los siglos.

Los principales defensores de la influencia de la luna se fijan en las mareas. Según la creencia popular, si el cuerpo humano es en gran parte agua, también notará el magnetismo de la luna, igual que las mareas. «Cualquier objeto que esté a nuestro alrededor nos afecta muchísimo más que la Luna dada su enorme distancia a la Tierra», nos comentaba entonces Arturo Bosque, coordinador del Grupo Sirio de la Agrupación Astronómica de Huesca. Una simple mesa junto a nosotros ejerce una fuerza magnética mayor que la Luna . «Nadie hace cartas astrales sobre la influencia de un mueble», bromeaba Bosque.

¿Qué pasa entonces con las plantas? Porque hay calendarios e incluso sistemas biodinámicos que dependen de la luna para realizar todo tipo de tareas, desde la siembra a la poda. De hecho, el famoso ‘Calendario zaragozano’ se basa en ellas para indicar cuándo sembrar, recolectar, podar… «La idea está tan extendida que es difícil encontrar una persona del medio rural que no crea en ella. Sin embargo, no conozco ni una sola evidencia científica de que esto sea así», nos contó Javier Puente, biólogo el Servicio Provincial de Medio Ambiente de Huesca. «Las plantas detectan la luz, pero la Luna no emite luz suficiente para que ellas la aprecien. No hay evidencia de su influencia», recalcaba el experto.

Para agricultores

La veterana comercializadora de semillas aragonesa Agromonegros tiene un interesante blog en su página web que recoge las teorías de la influencia de la luna en los cultivos, así como las voces escépticas que ponen en duda estas creencias. Según escribe Elsa Bagüés, «las recomendaciones para cada fase son diversas. Para luna nueva se recomienda eliminar malas hierbas, quitar hojas marchitas, aplicar fertilizante a plantas de hoja verde, no regar plantas de interior, abonar el suelo… «Se deben realizar labores que controlen las raíces de las plantas que no queremos que crezcan. En cuarto creciente, «limpiar hojas, podar, abonar, pantar…»; en menguante, «quitar hojas marchitas, regar por debajo la planta de flor, realizar trasplantes…», y en luna llena, «fertilizar y regar, trasplantar las plantas de interior…».

Y un cuadro explica cuáles son las voces críticas. Los hay que recuerdan lo que ya nos comentó Arturo Bosque, sobre la escasa influencia gravitatoria de la luna. Pero también refutan el poco valor de la luz de la luna para el crecimiento de las plantas, que se ven influidas por otros elementos más importantes, como el agua o la temperatura y, sobre todo, la luz diurna. En cualquier caso, lo mismo da. Si algún lector cree en la influencia, no hará ni caso de esta página. ¿O nos equivocamos?

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Vívelo con flores

No solo el jardín es un espacio vegetal. Papeles, tapicerías y cortinas pueden llenar nuestro hogar de naturaleza

Lo confesamos. Un trocito de nuestra alma es bastante gitana. Nos encanta la decoración basada en contrastes y colores, telas y estampados, pinturas y murales… La página de hoy no es apta para los amantes del blanco y la madera o los aficionados al estilo nórdico. Está dedicada a los que gustan de llevar un trocito de jardín al hogar, flores y motivos naturales que no tienen por qué ser siempre en macetas, a veces pueden ser inspiración de preciosas combinaciones decorativas.
Las opciones son amplias y para todos los gustos (y también nivel de valentía). Los que no quieran arriesgar tienen cojines y telas para vestir sofás o butacas, con estampados floridos que incluso se pueden cambiar con la estación. Los que quieran romper un poco más pueden colgar las telas de la pared, una opción cada vez más de moda, sobre todo desde que algunas webs de productos de bajo coste ofrecen grandes paños a precios asquibles. Pueden colgarse en el salón o utilizarse en el dormitorio encima del cabecero.
La tercera opción sería el papel pintado, que tras una veintena de años proscrito y vapuleado ha regresado con fuerza, con estampados muy vivos. Eso sí, aquí sí que dependerá mucho del dinero que nos queramos gastar, porque los motivos más atrayentes suelen ser siempre los más caros. Aún así, hay páginas web especializadas en papeles de estilo retro que dan un toque muy divertido y no cuestan excesivo dinero. Poner el papel además es muy fácil, ya que las colas apenas manchan y al ser muy húmedas dan tiempo de sobra de desplegarlo bien, ponerlo recto y dejarlo sin burbujas antes de que se seque.
¿Y la cuarta opción?El fresco. La pintura sobre pared. Esta es la más difícil y pocos tienen acceso a ella. Pero si alguien de la familia es un artista, adelante. No habrá casa más original.

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La casita de los pájaros

Con cuatro maderas y un poco de tierra se pueden crear divertidos refugios para aves con un tejado vegetal. Plantas crasas que nos aportarán un toque diferente

Toda ayuda para los pájaros en las ciudades en poca. La contaminación, exceso de ruidos, ausencia de comida y falta de campos alrededor han diezmado la población de gorriones, por ejemplo. Tener una casita para pájaros con comida, o incluso un sencillo bebedero, puede significar la vida para algún pájaro en invierno.

Una bonita manualidad que hacer en familia la encontramos en el blog Rebecca’s Bird Gardens (rebeccasbirdgardensblog.blogspot.com, que vende casitas para pájaros que incluyen un tejado especial donde pueden crecer las plantas. Es un kit que debe montarse en casa, pero que resulta sencillo. Se recomienda en el tejado poner algún material aislante, porque algún pájaro puede entrar en la casita para anidar y el agua de lluvia no será de su agrado.

Como tierra, hay que poner turba: no usar nunca tierra de jardín directamente, sino tierra de vivero, que está más suelta y oxigenada. Y ya en el vivero escoger distintas especies de plantas crasas. A ser posible, lo ideal sería plantar primero algún tipo de musgo, porque sus raíces sostendrán la tierra, asegurarán su humedad y la podredumbre lenta del musgo beneficiará el alimento. Una vez puesto un musgo (lo ideal es un musgo de turbera), ya se puede sostener todo el conjunto con un poco de alambre de gallinero (que venden en tiendas de manualidades). Se rellenan bien los huecos que queden y se plantan ya algunas crasas.

¿Por qué crasas? Porque requerirán muy poco riego. Hay que poner la casa en un lugar sombreado y fresco, y evitar regar directamente (se estropearía la madera y entraría el agua dentro). Mejor que sea con un vaporizador; llegado en verano, aplicar el agua por la noche. Y no tocar mucho la casa, si algún pájaro quiere vivir en ella querrá intimidad.

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Las plantas de la Navidad

Mucho se decora con ellas, pero no tienen por qué limitarse a las fiestas. Nos pueden acompañar después, durante el resto del año

La decoración navideña surgió por el deseo de añadir detalles vegetales al hogar y llamar así a la primavera. Por eso las plantas son una de las principales piezas de decoración estos días, sobre todo en forma de árbol de Navidad. No tiene sentido, sin embargo, deshacerse de ellas terminadas las fiestas, como seres vivos que son merecen un respeto y no ser consdierados meros elementos de decoración. Por eso, si nuestra casa no es lugar adecuado para las plantas, quizá es mejor optar por ejemplares artificiales o bien otro tipo de adornos.

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Consejos de otoño

Es una estación dorada, de mañanas frías y tardes de jardín. Son muchas las tareas que podemos realizar y que nos harán sentir a gusto entre plantas. Además, un terreno mantenido en invierno será el mejor lienzo para recibir, después, a la primavera

LAS HOJAS. Es importante en el jardín recoger periódicamente las hojas que caen en el césped. Vale que puede resultar aburrido y cansado, pero es la única manera de evitar la proliferación de hongos y futuras calvas en la hierba. Con la humedad se crea una pasta que puede ser foco de enfermedades. Si no hay césped, se pueden dejar tranquilamente, aunque den una imagen un poco descuidada:una buena alfombra de hojas será un acolchado perfecto para proteger a la planta de las heladas.

PLANTAR. El final del otoño y principio del invierno es buen momento para plantar. Lo ideal es esperar a finales de enero, pero podemos ya empezar a preparar el terreno, sobre todo aquellos que se venden en los viveros como ‘raíz desnuda’, como se denomina a las plantas criadas en tierra y que después se venden con raíces recortadas para que vuelvan a prosperar.

ESQUEJES Y CHITOS. El esqueje consiste en tomar una ramita recién podada de un árbol o un seto, raspar la parte inferior para que salga ‘lo verde’ (el cámbium, donde pasa la savia) y añadir un poco de hormona de enraizamiento para que saque raíces. En el chito, meterla en agua y esperar a que salgan por sí solas. Después, plantar en una buena tierra.

LIMPIEZA. Para podar es mejor esperar al mes de enero, pero en otoño es bueno hacer alguna limpieza:se pueden retirar por ejemplo las ramas que en verano hemos visto que han crecido mal (por una mala poda)o que agobiaban e impedían a la planta crecer y respirar. Así, cuando llegue el mes de enero, tendremos más claro qué ramas son las que queremos recortar.

RIEGO. Esta época es cuando las plantas más sufren por tema hídrico. ¿Cómo es posible?Pues porque o bien nos pasamos o no llegamos. Los hay que siguen regando como en verano y aguachinan macetas y parterres y otros directamente se olvidan del riego y creen que las plantas no necesitan ya nada. Hay que regar: cada cuatro o cinco días. Después, cada semana.

ABONO. ¿Es buena idea abonar en otoño si las plantas se van a ir a dormir y apenas requerirán nutrientes?Los manuales de jardinería nos han dicho siempre que no es necesario, pero también hay expertos que recomiendan un abonado de liberación lenta para dar un alimento que dure varios meses. Al fin y al cabo, todos tenemos hambre, incluso entre sueños.

CÉSPED. Otra tarea de las aburridas. ¿Por qué el césped no se cuidará solo, como en las películas?Pues, por que no. En otoño, además de retirar las hojas para evitar hongos, hay que segar más espaciadamente y a una altura mayor. Es importante airear las raíces y para ello, con una horca o un rastrillo, para hacer agujeros de varios centímetros. Así se mantendrá sano.

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Cómo hacer auténtico yogur búlgaro

Los beneficios de este probiótico milenario asombran, porque ayuda a mejorar la flora, reforzar el sistema inmunitario y metabolizar las grasas. ¿Quieres saber cómo? En este vídeo y tutorial te lo explicamos y te damos la auténtica receta.

Hay alimentos que cuestan poco dinero y sus beneficios son inmensos. El aceite de oliva, la miel, el pan de masa madre, el yogur… Este último, por desgracia, se frabrica ahora en un proceso tan industrial que apenas tiene propiedades y, de hecho, muchos envases que se compran en los comercios como yogur son en realidad leches fermentadas sin propiedades. Por eso, es buena idea volver a hacer yogur casero y, si es con una auténtica receta búlgara, mucho mejor.
El yogur es uno de los mejores probióticos. Un probiótico es un alimento que favorece la flora intestinal, esos miles de millones de bacterias que tenemos en nuestro intestino y que ayudan a digerir la comida. Las malas dietas o el estrés han hecho que nuestra flora esté cada vez más dañada y aparezcan diversos problemas: las patologías digestivas han aumentado un 40% en Aragón en solo una década.
Algunos estudios relacionan distintos problemas de salud como asma, autismo, cáncer, enfermedad celíaca, colitis, diabetes, eczemas, cardiopatías, desnutrición, esclerosis múltiple y obesidad con desequilibrios en esta flora intestinal. Además, en el intestino se produce serotinona, responsable de nuestro estado de ánimo.
Por si alguien se anima a preparar el yogur tradicional, según una receta búlgara, aquí dejamos el proceso.

1. Calentar la leche y añadir nutrientes. Se vierten tres litros de leche (fresca, de la que hay que mantener en la nevera) en un cazo, que pondremos en el microondas durante 13 minutos. El objetivo es alcanzar los 42 grados de temperatura (más alto no, porque moriría la bacteria). La leche del supermercado ha perdido parte de su valor nutritivo, por ello es buena idea, con la leche a 42 grados, añadir una pizca de cloruro de calcio. Por otro lado, una cucharadita de preparado de quesos añadirá un poco más de grasa y sabor. Los dos productos se venden en tiendas de dietética ‘online’.

2. La bacteria búlgara. El ‘lactobacillus bulgaricus’ es la bacteria beneficiosa y se debe añadir a continuación, con la leche todavía a 42 grados. ¿Cómo la conseguirmos? La venden en tiendas ‘online’, es fácil de encontrar. Se envía hidrofilizada y en sobrecitos. Solo tendremos que añadir un sobre para los tres litros de leche. Aunque nos gastemos ahora un poco de dinero con el cloruro de calcio, el preparado de queso y la bacteria, será una inversión que durará meses y meses: en el caso de la bacteria, no habrá que usarla la siguiente vez: el yogur sobrante nos permitirá fabricar nuevo.

 

3. Al calor del horno. Mientras añadimos el calcio, la bacteria y demás, hemos puesto a precalentar el horno a 50 grados. Cuando llegue a esa temperatura, lo apagamos. Repartimos la leche bien removida en botecitos de cristal, cerrados, que depositaremos dentro del horno. No hay que tenerlo ya encendido: esos 50 grados conservarán el calor en el interior, donde la bacteria, con la lactosa y el calor, empezará a propagarse y a convertir la leche en yogur. Después de ocho horas en el horno, sacamos los botes y los dejamos en la nevera. Unas pocas horas después, ya estará listo.

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Plantas de Halloween

¿Sangre, orejas, calaveras? Algunas especies se las apañan para darnos miedo

Ni el mejor disfraz puede superar lo que la naturaleza propone para dar auténtico terror. Hay vegetales que recuerdan a calaveras, otros parecen manos que sobresalen de la tumba. Podemos ver a Darth Vader o incluso orejas cortadas sobre un tronco. En realidad, es un fenómeno psicológico llamado pareidolia, el mismo que nos hace distinguir una figura cuando miramos las nubes, ver caras en lo que en realidad es un despertador… Incluso hay psicólogos que creen que la pareidolia está detrás de muchos avistamientos de ovnis, fantasmas y sucesos paranormales. Sí es cierto, sin embargo, que algunas plantas han evolucionado para asemejarse a sangre y vísceras: es el caso de la planta cadáver o ‘Amorphophallus’, que florece una vez al año con un olor putrefacto y un terrible tono rojizo en su interior. Atrae así a los insectos que sobrevuelan los cadáveres.

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El número doce…

Si quieres puedes leer esta entrada en inglés

No todo son plantas. ¿Y si también publicamos aquí algunos de los reportajes que escribimos para el suplemento Heraldo Domingo? Por ejemplo, este reportaje sobre experiencias al borde de la muerte…

Los hay que han regresado de entre los muertos y pueden contarlo. Hablan de espacios llenos de luz, donde hay paz y felicidad. Otros, al borde de la muerte, logran atisbar qué hay al otro lado, y reciben la visita de seres queridos que les acompañarán en el trance. ¿Son esas experiencias un proceso cerebral o estamos ante el último enigma por descubrir?

Fue el doce del doce. El 12 de febrero de 2012. A las doce de la mañana. A Carlos (así le llamaremos) se le rompió la arteria principal que lleva la sangre al corazón. Tras desplomarse en el gimnasio, empezó un doble viaje, su cuerpo era trasladado a un hospital de Zaragoza en una ambulancia, pero su conciencia estaba ya en otra dimensión. «Clínicamente, era imposible que sobreviviera. A las 12 del mediodía, sufrí una disección aórtica de grado uno. Nada podía hacerse, tan solo esperar que mis órganos fallaran. Ni siquiera los médicos se explican cómo logré sobrevivir», explica. Este zaragozano de 52 años ha visto demasiadas veces la incredulidad en los ojos del oyente. «Te acostumbras a callar, a seguir con tu vida. Sabes que has tenido una segunda oportunidad y no vas a desaprovecharla».

Las experiencias cercanas a la muerte suceden a casi el 40% de personas que han sufrido una parada cardiorrespiratoria, según el primer gran estudio, realizado por científicos de la Universidad de Southampton, en el Reino Unido, y que incluyó entrevistas a más de 2.000 pacientes. Casi todos recuerdan haber sido conscientes de estar en otro lugar, aunque pocos son capaces de dar detalles. Los que sí conservan esa memoria suelen describir situaciones similares: un túnel que desemboca en una luz cegadora, un espacio de paz y tranquilidad y la compañía de personas que les aportan serenidad. «Recuerdo un zumbido, y una luz que me rodeaba. No venía de un punto concreto, sino que ese lugar parecía estar hecho de luz -recuerda Carlos-. Yo iba y venía, de ese lugar a esta otra realidad, y sabía que había llegado el final. “Me voy a morir, pero soy feliz”, le dije al médico que me atendía en la ambulancia. En ese lugar de luz había otros seres, no tenían rostro, pero eran personas cercanas a mí. Los sentía como afines, parte de mí. Y me hablaban, no con palabras en sí, pero se comunicaban conmigo. Y me decían que estuviera tranquilo, que no me preocupara».

Tras llegar al hospital, los médicos hicieron un escáner cerebral, para ver si se había producido un derrame, y después un escáner circulatorio. «Y tras ver la gravedad de la disección cumplieron el protocolo: en esos casos no se realiza ya intervención porque habrá una muerte segura en minutos o pocas horas. Así que me dejaron en una sala apartada de urgencias. Cuando llegó mi mujer, Elena, el médico le pidió que se despidiera de mí, porque mis constantes eran ya muy débiles».

IMPOSIBLE DE EXPLICAR. Fue entonces cuando la voz de Elena logró llegar a esa otra dimensión de luz y paz. Carlos sintió sus caricias, sus besos y su llamada. Y logró recuperar la consciencia para decirle que estaba bien, «que sabía que iba a morir, que lo sentía. Que lamentaba dejarlas solas a ella y a nuestra hija, pero que había llegado mi momento». Gracias a que recobró la consciencia por ese instante, cambiaron los protocolos y se preparó una sala quirúrgica para llevar a cabo una complicada operación a corazón abierto. Y Carlos fue trasladado al quirófano, donde le aguardaba una intervención que duró doce horas. Otra vez el número doce .

Es reacio a contar el resto de la experiencia, «porque esa primera es la única parte en la que no hay anestesia ni medicamentos que me pudieran alterar la percepción», destaca Carlos. Pero es precisamente en el quirófano donde tiene lugar un hecho que ninguno de los más de 14 profesionales que participaron en la operación ha conseguido explicar. «Abrí los ojos y pude ver el quirófano. Todo estaba al revés: en lugar del techo, veía el suelo. Una cama con un paciente y un enjambre de médicos y enfermeras. Y en la cama estaba yo. Estuve un rato mirando, sin saber muy bien dónde estaba, vi a los cardiólogos tomar un descanso, a otro equipo entrar en el quirófano. Y uno de los cardiólogos llevaba una manzana y una naranja. Es una imagen que se me quedó grabada».

Días después, cuando salió del coma, ese mismo cardiólogo fue a verle. «Y le reconocí. Le dije: “Usted estaba en la operación”. Y me contestó: “Pero eso usted no puede saberlo”. “Y salió del quirófano con una naranja y una manzana”. El cardiólogo se quedó callado, y luego supe que esa había sido su merienda aquella tarde, una manzana y una naranja. No volvió a visitarme, pasó consulta a partir de entonces otro cardiólogo».

¿EN EL CEREBRO?. El filósofo norteamericano Matthew Alper se hizo popular hace unos años gracias a su libro ‘Dios está en el cerebro’, en el que intentaba demostrar cómo la experiencia religiosa forma parte de un mecanismo cerebral. El neurólogo Carlos Tejero, del Hospital Clínico de Zaragoza, es menos rotundo que Alper al considerar las experiencias cercanas a la muerte, «porque un neurólogo ha de tener la mente abierta para comprender en qué consiste la vivencia de un paciente. Son varias las historias que nos han contado los enfermos, con puntos en común, con hechos difíciles de entender, y otros cuya explicación es más sencilla. Pero nadie puede posicionarse ante estas experiencias si no las ha experimentado en primera persona», considera. Pero Tejero advierte de que la falta de riego cerebral, la respuesta del organismo a la anestesia y a otros medicamentos, el despertar tras un coma…, «pueden llevar a experimentar unas sensaciones, a tener visiones concretas, cuya respuesta estaría en la estimulación de zonas concretas del cerebro, como la amígdala, el núcleo de accumbens…».

¿Son las experiencias al borde de la muerte fruto de la confusión? Porque la ciencia desmonta muchos de los relatos: la pérdida de oxigenación cerebral llevaría a tener percepciones confusas, que apenas duran milisegundos pero que parecen mucho más largas, y explicaría las visiones, la sensación de escuchar voces, la presencia de alguien a nuestro lado. «La luz al final del túnel, por ejemplo, podría producirse por la falta de riego en la retina. No solo personas que han estado a punto de morir han visto ese túnel, también lo describen los que padecen migrañas muy fuertes», señala el neurólogo del Clínico.

Ese túnel es precisamente lo que vio Gemma, oscense de 50 años que guarda desde la niñez un recuerdo nítido de ese viaje hacia una luz cegadora. «Es una vivencia que guardo desde que tengo uso de razón, la de saber que mi vida ha terminado, de viajar por un túnel al final del cual había una luz. No estaba sola, otras fuentes de energía, seres transparentes, viajaban conmigo en esa dirección. Flotábamos todos unidos. Hasta que varios de esos seres me sacaron de ese lugar y me trajeron de nuevo», explica. Su caso es aún más íntimo que el de Carlos, y Gemma rara vez comparte su vivencia. «La primera vez que se lo comenté a mi familia se asustaron mucho. No sé qué edad tendría, tres o cuatro años. Y les expliqué cómo una vez había muerto y volví a nacer después, que me dejaron vivir».

Descubrió después que había estado a punto de morir durante el parto, porque el cordón umbilical se le quedó enredado en su cuello y pasó varios minutos sin oxígeno. «No es algo que vayas contando, porque la lógica nos dice que no podemos recordar nuestro nacimiento. Pero yo lo tengo grabado, desde siempre».

Los minutos previos a la muerte son tan tristes como misteriosos. Porque en ellos pueden suceder circunstancias de difícil explicación, que sorprenden al personal sanitario que atiende al paciente. Enfermos de alzhéimer que parecen recobrar los recuerdos minutos antes de morir, para despedirse de los suyos; esquizofrénicos que se serenan para pedir perdón, moribundos que eligen la hora exacta de su muerte…

El doctor Roberto Moreno, que trabaja desde hace 16 años en el equipo de soporte del servicio de atención domiciliaria en cuidados paliativos del Gobierno de Aragón, ha visto morir a mucha gente, conoce esas extrañas mejorías, «que logran que un paciente con severos problemas cognitivos reconozca de nuevo a su familia. Recuerdo un enfermo esquizofrénico, muy deteriorado física y cognitivamente. El último día de su vida reconoció a su hermana y pudo pedirle perdón». Son horas que parecen un regalo para el enfermo y su familia, «porque permiten una conversación, dar una explicación, pedir disculpas o aceptarlas… Es curioso, pero la mayoría de estos sucesos sorprendentes previos a la muerte son de naturaleza positiva y ayudan a que el fallecimiento sea más llevadero».

De alguna manera, el enfermo parece saber que se va a morir, y lo manifiesta de diversas formas, por ejemplo afirmando que un familiar ya fallecido ha venido a buscarle. «Cuando el paciente dice estar viendo a ese ser querido que le acompañará al otro mundo siempre recomendamos a la familia que no se lo discutan. No importa si se trata o no de una alucinación, es una experiencia que hará el proceso más llevadero para el enfermo. Se sentirá acompañado y no tendrá miedo», señala Moreno. «Y otros enfermos deciden cuándo morirse. Y eligen un momento concreto: cuando por fin ha llegado un familiar que estaba de viaje y han podido hablar con él. Otras veces, fallecen cuando se han quedado a solas. Recuerdo el caso de un señor mayor que recibía asistencia todo el día. En un momento, mandó a su hija a comprar tabaco y a su mujer a buscar algo a casa de una vecina. Se quedó solo apenas cinco minutos y murió entonces. Para la familia fue un mal trago que falleciera sin compañía. En realidad, para algunas personas el hecho de morir es una situación muy íntima y no quieren que sus familiares lo vean, por si resulta desagradable. Es un último acto de amor».

Para Carlos, su experiencia cercana a la muerte ha significado un antes y un después en su vida. Ese doce del doce a las doce. «Me llamó la atención el número y tras investigar en la cábala descubrí que el doce significa cambio, una transformación. Antes de sufrir esa rotura de la arteria, vivía totalmente centrado en mi trabajo. Mi obsesión era que a mi mujer y mi hija no les faltase de nada y trabajaba en todo lo que podía, para ganar más. Ahora miro atrás y siento que me he perdido esos años valiosos de la infancia de mi hija, prestando atención a problemas diarios o planes innecesarios, en lugar de centrarme en el momento». Porque para él, «esas necesidades tan absurdas que nos impiden disfrutar de la vida lo único que consiguen es que nuestro alma tenga que pasar por un embudo. Interrumpimos los momentos más preciosos para realizar tareas que pueden esperar o que, directamente, no tenemos por qué hacer».

Carlos regresó de entre los muertos con un mensaje: «Me dijeron que “la mejor manera de vivir es no hacer daño a nadie”. Es curioso que no fuese “ama a tu prójimo” o cosas así, que se centraran en que no hagamos daño a los demás. Quizá porque quien hace daño a sabiendas en realidad se está dañando a sí mismo». Y asegura sentirse más espiritual, «que no religioso, porque allí donde yo estaba no había diferencias de sexo, raza o religión, solo la sensación de sentirse aceptado y de poder amar sin reservas».

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¡Crecen como locas!

Calabazas, pepinos, sandías…, son plantas de huerto, pero en la terraza pueden transformar el espacio e incluso dar algunos frutos

E n jardinería, no todo es blanco o negro. De igual manera que conviene sembrar plantas de flor en el huerto, para atraer insectos y asegurar la polinización (y, por qué no, para que quede todo más bonito), algunas hortalizas pueden crecer en los jardines y terrazas solo por razones estéticas, sin esperar realmente obtener frutos o llegar a comérnoslas. Es el caso, por ejemplo, de la borraja, cuya flor es muy agradecida, y que puede dar un toque espectacular en la terraza si se siembra en invierno y se deja espigar en primavera.
Las cucurbitáceas son plantas increíblemente dinámicas, con flores enormes y frutos divertidos. Si hay niños en la familia, al menos un parterre debería tener calabazas, calabacines, sandías o pepinos, ya que les encanta la forma y lo rápido que crecen. Son plantas muy fuertes, que quieren muchísimo sol, riego abundante, y que crecerán a una velocidad de vértigo. Una vez la semilla enraiza y la plántula empieza a desarrollarse, cucurbitáceas como la sandía llegan a crecer un palmo o más al día, con multitud de ramas y flores amarillas, que en el caso del calabacín resultan espectaculares.
¿Podemos esperar frutos? Si es en tierra, por supuesto. Solo hay que guiar la planta y vigilar las flores. Unas son masculinas y otras femeninas, y estas últimas son más escasas. En un huerto no hay mucho problema, pero en un jardín o terraza, si solo tenemos una planta de pepino o calabazín, puede ser que masculinas y femeninas no coincidan:cuando sale al fin la femenina, no hay masculina que la polinice. Por ello, si al fin coinciden dos flores, es mejor no dejar nada al azar y asegurarnos de que tiene lugar la polinización. Para ello, bastará con tomar un pincel, coger polen de la flor masculina y depositarlo después en la femenina. En un huerto, con más flores e insectos, no habrá que hacer trabajos manuales de este tipo, pero en la terraza será necesario.

Para decorar
Son muchas las tendencias que incluyen cucurbitáceas en jardinería. En una pérgola se pueden plantar calabazas y dejar que crezcan y ocupen la celosía. Los frutos, de tantas formas y colores, se verán entre las hojas y el resultado será muy divertido. Para ello lo mejor es comprar plántulas o semillas de diversos tipos de calabaza:cisne, del peregrino, verrugosas… Y situarlas por diferentes rincones del jardín. Si tenemos solo una terraza, mejor plantar solo en un sitio, porque el volumen vegetal de estas plantas es asombroso: las ramas alcanzarán los diez o doce metros, con hojas enormes, lo que supondrá un problema que puede afectar a otras plantas decorativas que tengamos en espacios reducidos.
Si tenemos suerte, podremos comer frutos. Melones, pepinos…, resultarán deliciosos si los cultivamos nosotros mismos.
No hay mucha tradición en tierras aragonesas de incluir la calabaza en la gastronomía, excepto para algunos postres, por lo que los frutos se pueden dedicar, si se desea, a preparar decoraciones más otoñales. Las calabazas, para que duren más tiempo, deben limpiarse bien. Para ello, con un cúter, quitamos la ‘tapadera’ superior y vaciamos bien el interior. Otra opción es dejar las ‘tripas’ dentro y, simplemente, esperar a que se seque. Se puede colgar en alguna estructura y esperar hasta que las semillas, ya secas, resuenen en su interior. Ya estará lista para colocarse en estanterías o alféizares.

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