Paletos de capital

6 julio, 2010 por Sergio del Molino

Más libros vacacionales y asimilados.

Pero, antes, una aclaración: cuando anuncié que hablaría de libros de viaje o viajeros no me refería necesariamente al género de viajes, a esos relatos en primera persona de aventureros aguerridos y nihilistas, ni siquiera a los remedos literarios de las guías Trotamundos. Me refería a literatura para viajar, a literatura para descubrir sitios y a literatura que narra viajes no necesariamente reales ni por territorios localizables en un mapa.

Vamos, que, como siempre, me reservo el derecho a hacer lo que me venga en gana.

Permítanme presentarles una novela maravillosa, de las de antes, de las de encerrarse con ella una tarde de domingo entera. Una novela de principios del siglo XX (horror) ambientada en los años 70 del siglo XIX (horror, horror). Además, portuguesa (horror, horror, horror). Y firmada por José Maria Eça de Queirós (horror, horror, horror, horror).

Estos datos habrán ahuyentado a todos los postmodernos que había en la sala. Ya nos hemos quedado solos los carcas y los dinosaurios que seguimos convencidos de que la literatura debe proporcionar al lector, ante todo, placer.

cover_la_capital

La editorial Funambulista ha recuperado, en primorosa edición, La capital, uno de los textos menos conocidos del autor portugués (que vendría a ser, por peso histórico, el equivalente lusófono a Galdós, aunque se le ha adscrito más al premodernismo y, entre sus imitadores-admiradores en España se contaba, entre otros, Valle-Inclán). Es una sugerente invitación a dejarse seducir por una de las ciudades más tristes, señoriales, decadentes, bellas, melancólicas y fascinantes de Europa: Lisboa. La novela, escrita en 1878 y reescrita muchos años después, se publicó póstumamente en los años 20, cuando los hijos del autor la encontraron entre sus papeles.

La capital cuenta la vida de Arthur Corvelo, un joven estudiante de Coimbra (la Salamanca -o el Oxford- de Portugal) que se queda huérfano y en la miseria, lo que le obliga a colgar los libros y a recluirse en una vida insoportablemente provinciana con dos tías solteronas que viven en un pueblito del interior. Arthur es poeta, y añora su época de estudiante, su idealismo republicano, sus pinitos literarios en los periódicos de Coimbra y la fraternidad de los talentos en las francachelas universitarias. Pero, más que esa nostalgia, le domina un deseo por huir de aquel pueblucho y escapar a la fastuosa Lisboa, donde aspira a convertirse en un famoso literato y frecuentar los salones de los nobles y cortejar a las señoritas ricas.

La suerte se pone de su lado: su padrino le deja una sustanciosa herencia al morir. Así que coge un tren y se marcha a conquistar la capital, de la mano de un periodista para quien lleva una carta de recomendación.

Pero en Lisboa, claro está, las cosas no son tan fáciles, y la fama y la gloria literarias se resisten. El joven Arthur, a base de frustraciones, se va curtiendo, y va descubriendo que bajo la aparente grandeza nobiliaria de Lisboa se esconde un entramado de mezquindades, caciquismos, miserias y mediocridades que le hacen la vida insoportable.

Hay mucho de autobiográfico en La capital. Es fácil reconocer al propio Eça de Queirós en el joven Arthur, paleto y desorientado en una ciudad demasiado grande y demasiado hostil para un letraherido afectado. Eça también fue un chico de provincias que llegó a Lisboa para triunfar, más o menos por las mismas fechas en las que está ambientada la novela, y hay muchos personajes y muchas situaciones que, sin duda, se dieron en realidad. A mí, personalmente, me duelen la ironía y la crueldad con la que Eça retrata al pobre Arthur, y me parece que en esa ironía hay un desprecio del literato viejo y de vuelta de todo por el joven inexperto y demasiado ingenuo que un día fue.

Las pinturas que hace de Lisboa son maravillosas. Es cierto que dibuja una época muy distante, pero Lisboa es inmortal: muchos de los rincones que se retratan en La capital siguen existiendo prácticamente tal y como aparecen en el libro. El Chiado, el barrio burgués donde transcurre buena parte de la acción, se mantiene con el mismo entramado de calles, los mismos edificios -tengan en cuenta que, en los últimos doscientos años, la capital portuguesa no ha sufrido guerras ni bombardeos ni desastres naturales, por lo que sus viejos barrios se conservan mucho mejor que los de cualquier otra gran ciudad europea- y el mismo ambiente de periodistas, políticos, artistas y jóvenes animando sus tascas centenarias.

Si van a Lisboa este verano, dénse un paseo de la mano de Eça de Queirós, que, además de ser un escritor genial, fue  uno de sus más fervientes enamorados.

En la categoría Literatura internacional

3 Responses

  1. Lobo de Bar

    Me lo apunto, me encanta Lisboa…

  2. quemasda

    Bonita entrada , dan muchas ganas de leer ese libro y de paso visitar Lisboa …

  3. Nanir

    Muy bueno. Interesante.

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