Historias campestres

2 marzo, 2010 por Sergio del Molino

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El campo da mucho juego literario: comunidades pequeñas, mundos cerrados donde, al albur de la soledad, se pudren la inquina, el odio y la impostura.  Tras un decorado pastoril e idílico suele esconderse el mal más negro y angustioso, que a veces estalla en violencia sin ataduras, en crímenes sórdidos que sacan a la luz centenarias enemistades, mezquindades guardadas en arcones, junto a las escopetas de caza.

Explorar el mundo rural es muy interesante desde el punto de vista literario: la vida de una pequeña comunidad puede convertirse en una alegoría de la vida planetaria. A veces, los pueblos son tratados como laboratorios donde los escritores ponen a prueba los límites de la condición humana.

Un poco de eso hay en Beria y alrededores (Tropo), de Alfredo Mozas García, ganador del último premio Santa Isabel de Aragón, Reina de Portugal, que concede la Diputación Provincial de Zaragoza. Con una prosa que a ratos recuerda a Julio Llamazares, o incluso, muy lejanamente, a Bernardo Atxaga -especialmente en esa estructura a dos tiempos, con un presente urbano y un pasado rural, que recuerda a algunos cuentos de Obabakoak-, este libro cuenta la historia de Beria, un lugar imaginario -probablemente imaginariamente aragonés- en el que resuenan ecos de viejas matanzas. Palabras dichas a medias, recuerdos que se resisten a ser evocados y descripciones morosas con vocación antigua.

No diré más, solo quería invitarles a leer el arranque de esta novela, cortesía de la editorial. Ustedes dirán.

>> LEA EL PRIMER CAPÍTULO DE BERIA Y ALREDEDORES (en PDF)

En la categoría Literatura aragonesa, Novedades

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