Hay vida más allá de Europa y Madonna parecía no saberlo. Desde hace más de una década, se había rendido al pop electrónico de sonidos franco-británicos y vivía aislada del resto del mundo en su mansión de la campiña británica cuidando de sus hijos y vigilando a su díscolo esposo. Mientras, al otro lado del Atlántico, Estados Unidos experimentaba una revolución musical como hacía tiempo que no se vivía. Los ritmos negros y el rap coparon las listas y cada vez quedaba menos espacio para las grandes divas. “Music” se convirtió en el último número uno de Madonna en Estados Unidos, hace ya casi ocho años, y sus posteriores trabajos pasaron sin pena ni gloria. Ni siquiera el álbum “Confessions On A Dancefloor”, multiplatino en todo el mundo, logró ventas decentes. ¿Podía Madonna recibir una bofetada semejante y no reaccionar? Ella, que había sido la musa del pop norteamericano, el rostro de la MTVy la cantante femenina más famosa de la historia, tenía que idear algo. Así, hizo las maletas, salió de su bella mansión británica y se embarcó rumbo a EE. UU., para empaparse del sonido del momento. Puso manos a la obra y contactó con el productor de moda, Timbaland, el chico del momento, Justin Timberlake, y fabricó un bombazo musical titulado “4 Minutes”, que ha logrado el milagro de colocarse en el top 5 del Billboard. Pero “Hard Candy” es algo más que una plataforma para regresar a lo más alto de las listas: es un viaje musical que demuestra que Madonna está en plena forma. Muy lista ella, solo confió un pequeño porcentaje de canciones a Timbaland y se aseguró control absoluto en el resto de temas, de la mano de otro productor, Pharrell Williams. Con él, ha compuesto un jugoso puñado de melodías llenas de frescura y creatividad. Habría que remontarse a más de una década para escuchar a una Madonna tan inspirada con temas como “Heartbeat”, “She’s Not Me” o “The Beat Goes On”. Canciones muy largas, de hasta seis minutos de duración, donde los cambios, giros, rotura de melodías y voces poderosas han logrado que medio mundo diga: “Vaya, si ésta es la Madonna de toda la vida”.
Objetivo: adolescentes
Por ahora, la jugada le ha salido redonda. No solo ha logrado que las emisoras de radio vuelvan a pinchar su música, sino que parece que ha atrapado a una nueva generación de fans. En realidad, el secreto del éxito de Madonna reside en su capacidad para captar nuevos seguidores. Con “Ray Of Light” logró que millones de adolescentes ocuparan el hueco que habían dejado sus primeros fans, aquéllos que tarareaban el “Like a Virgin”; con “Confessions On A Dancefloor”, una nueva hornada sustituyó a los que la habían abandonado tras el fracaso de “American Life”. Ahora, el objetivo son los adolescentes norteamericanos, fans de Beyoncé y Justin Timberlake y que hasta ahora veían a Madonna como a una vieja cantante que hacía años había sido famosa. Por lo pronto, la mismísima Hanna Montana, famosa protagonista de una serie de Disney, ha grabado su propio vídeo de “4 Minutes” para colgarlo en YouTube. Las ventas de “Hard Candy” dirán si esta vuelta de tuerca ha merecido la pena. Por ahora, la crítica musical ha agradecido el lavado de cara de Madonna y Europa también ha abrazado su nuevo sonido. “4 Minutes” encabeza la lista británica y el tema suena por todo el continente. Tras 25 años de éxitos, decenas de singles de éxito y cientos de millones de discos vendidos, Madonna regresa para seguir siendo la número uno.
David Ritchie |
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Tras ser una oxigenada chica material, una experta en sexo y religiones, una “cowgirl” electrónica o una americana antisistema, a la vejez, se enfundó leotardos y le dio por bailar como una posesa. ¿Qué le quedaba a Madonna a sus casi 50? Pues volverse negra. Y no en el proceso inverso a Michael Jackson, no. ¿Que Beyoncé y Rihanna venden? Pues se copia la fórmula -aunque sin ningún hit tan claro como “Umbrella” o “Crazy In Love”- y sanseacabó. “Hard Candy”, el disco que lanza el lunes, es un caramelo duro, sí, pero duro de paladear, por lo menos para los estómagos españoles, poco acostumbrados a la “black music” imperante en el resto del globo. Madonna quiere vender en EE. UU., su último número uno allí fue hace casi una década, así que se publicita como la reinventora del r&b. A pesar del goloso título del disco, el sabor que queda tras su escucha es agridulce. Los mejores momentos de “Hard Candy” no llegan con los experimentos hiphoperos, sino cuando Madonna suena a Madonna en “Miles Away”, el ochentero estribillo de “Heartbeat” o la espídica “Give It 2 Me”, por no hablar de los tres primeros minutos de “She’s Not Me”. Los otros ¡cuatro! se hacen tediosos, y es que muchas canciones del álbum son extremadamente largas, como la inacabable “Incredible”. Los dos cortes que se filtraron hace meses –lo que motivó su enfado con Warner, que abandona tras este trabajo, aunque bien pudo ser una estrategia para medir el apoyo de sus fans-, “The Beat Goes On” y “Candy Shop”, no debieron convencer, porque han sido convenientemente remozados a la hora de incluirlos en el cedé.
Pero, ¿quién es Justino?
Tras las canciones, los productores. La señora de Guy Ritchie se ha agenciado una espectacular nómina de colaboradores para este trabajo. Sin embargo, la ambición rubia siempre ha ido un paso por delante de los demás y, ahora, ha tenido que levantar el teléfono para pedir ayuda a los más famosos. No precisaba de Timbaland y Pharrell Williams para asegurarse portadas, que estos días la muestran perfecta, demostrando lo rentable de su pacto con el… cirujano. Mención aparte merece el lanzamiento de un primer single a dúo con Justin Timberlake. El ex NSync ha impreso en exceso su sello en el álbum. Tanto, que “Spanish Lessons” suena a “Like I Love You”, el sencillo que lanzó Justin tras dejar la boyband y “Devil Wouldn’t Recognize You” mezcla dos de los mayores éxitos del chico de oro: “Cry Me A River” y “What Goes Around”. Pero ¿quién es Justino? ¡Si no había nacido cuando ella ya gritaba “Holiday” por los clubes de New York!
No se ha caracterizado Madonna por seguir las modas. Ella ha sido la moda y nunca ha necesitado arrimarse a nadie, y menos a un chaval que podría ser su nieto, por mucho que se esfuerce en el vídeo por parecer su hija. El single, “4 Minutes To Save The World”, no es el típico sencillo que lanza Madonna. Más bien parece un tema de Fergie o Nelly Furtado. ¿Y el vídeo? Casi de ciencia ficción, ya que aparece en un supermercado. Su mayor baza –sin contar su faceta mesiánica, a lo Bono de U2, en documentales sobre África-, está ahora en el directo, ya que las entradas para sus shows se acaban antes que las pastillas en casa de Pete Doherty. Sobre el escenario, tiene más de cuatro minutos para salvar el mundo. Por lo menos, el suyo.
Chaco Ciccone |