El Secretario de Estado de Infraestructuras, Víctor Morlán, va a tener muy difícil explicar mañana en Teruel por que el Gobierno de la nación ha mantenido en secreto durante casi un año que la autovía entre Teruel y Cuenca, en su actual proyecto, es inviable. Así, se hará muy difícil creer cualquier alternativa que Fomento pueda presentar para que la única capital aragonesa sin conexión directa con Madrid mejore sus comunicaciones. Máxime porque, desde 2004, a la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero, todas las promesas al respecto han sido incumplidas sistemáticamente. Nada más llegar al Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero se desentendió de su compromiso preelectoral de estudiar un enlace por AVE con Madrid. El flagrante incumplimiento intentó compensarse con la promesa de lanzar el corredor ferroviario Mediterráneo-Cantábrico, que, a fecha de hoy, es una entelequia. Y lo mismo sucede con el anuncio del Gobierno de Aragón de que los turolenses llegarían a Madrid por aire. Recientemente los agentes sociales denunciaban que el Plan Teruel ha quedado en agua de borrajas; ahora, el descubrimiento de que, ya antes de las elecciones generales, el Gobierno central había decidido desechar, por motivos medioambientales, el proyecto para la autovía aumenta la preocupación. Tras pasar años bloqueado, el Ministerio aceptó por fin las alegaciones de las comunidades de Castilla-La Mancha y Valencia, lo que invalida el proyecto como estaba planteado. Más que la resolución, preocupa e indigna el retraso y la pasividad a la hora de dar alternativas. Dar por sentado, en la práctica, que con la autovía mudéjar, tan necesaria, se han acabado las necesidades y los derechos de Teruel en materia de infraestructuras viarias es desalentador. Es de esperar que Fomento presente una solución viable y creíble, y también que la DGA tome cartas en este grave asunto.