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Ciencia soñada... en el año 2000

Interferometría láser a la caza de nuevas ondas

En el año 2000, el físico teórico José María Martín Senovilla soñó en Tercer Milenio con la detección de ondas gravitacionales.

José María Martín Senovilla 01/03/2016 a las 06:00
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Lo que queda ahora es acabar con nuestra graviceguera. Necesitamos detectar directamente y domeñar la radiación gravitatoria. Y se están invirtiendo muchísimos esfuerzos en ello.

El pionero en tratar de detectar esta radiación fue Weber en 1960, pero los medios a su alcance en esa época hacían imposible el éxito. Weber utilizó barras resonantes, enormes cilindros metálicos que deberían vibrar al paso de una onda gravitatoria. Todavía hoy se persigue la detección de esas ondas con este tipo de barras, o también con esferas, a temperaturas cercanas al cero absoluto y con métodos de filtrado de señales muy modernos.

Más posibilidades de éxito tienen, no obstante, los experimentos que se están preparando con enormes aparatos de interferometría láser. Estos se basan en la medida de interferencias luminosas _incluso aquí aparecen las ondas electromagnéticas!_ en rayos láser que siguen parcialmente diferentes caminos y finalmente se reencuentran. Si una onda gravitatoria arriba adonde está el interferómetro, produce un cambio en los láseres, distinto según el camino del láser y la orientación de la onda, que se manifiesta en un patrón de interferencia como el que se produce cuando dos o más olas marinas chocan.

Existen varios proyectos faraónicos y carísimos en construcción.

Podemos citar LIGO, que tiene en marcha tres interferómetros en dos lugares de los EE.UU. O también VIRGO, que construye el suyo en Pisa, Italia. Asimismo GEO600, un detector más pequeño en Alemania. O, aún menor, el TAMA300 en Japón. Todos ellos esperan estar a pleno funcionamiento en la próxima década. Si las prestaciones de estos aparatos son las que aseguran sus defensores, no cabe duda de que tendrán la sensibilidad adecuada para medir las ondas emitidas en grandísimos cataclismos cósmicos, como la explosión de supernovas o el colapso de agujeros negros. Pero no está de más la prudencia, ya que la tecnología necesaria no parece estar completamente desarrollada y llevamos ya más de una década esperando resultados preliminares sin éxito.

​José María Martín Senovilla es catedrático de Física Teórica de la Universidad del País Vasco
 
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