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Reportaje

El año de los huracanes

Los especialistas en huracanes esperaban una temporada en el Atlántico muy movida, pero se han superado todas sus previsiones. No solo ha habido más sistemas tropicales con nombre –18 hasta la fecha– que el máximo pronosticado, sino que también ha sorprendido la rápida intensificación sufrida por algunos de ellos, el tiempo récord que se mantuvieron varios huracanes con las categorías 4 y 5 –las más altas– o las grandes cantidades de lluvia acumuladas en algunos lugares, lo que provocó inundaciones catastróficas. Todos estos hechos apuntan al cambio climático como la principal causa del comportamiento observado.

José Miguel Viñas 15/11/2017 a las 06:00
Imagen nocturna visible e infrarroja captada por el satélite Suomi NPP el 8 de septiembre. Se observan simultáneamente, de izquierda a derecha, los huracanes Katia, Irma y JoséNOAA/NASA

A falta de algo más de dos semanas para que concluya la temporada oficial de huracanes en el Atlántico (lo hará el próximo 30 de noviembre), puede ya afirmarse que la temporada 2017 será una de la más activas desde al menos mediados del siglo pasado, que es cuando se empezó a disponer de observaciones detalladas de todos los sistemas tropicales. A los especialistas en huracanes no les ha sorprendido tanto el número de ellos que se han formado en aguas del Atlántico, sino el número que han alcanzado las categorías altas (3, 4 o 5) –los conocidos como ‘majors’ o huracanes mayores– y, sobre todo, los procesos de rápida intensificación que han tenido lugar en varios de ellos.

Cronología

La pasada primavera, antes de que el 1 de junio comenzara oficialmente la temporada, el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC), dependiente de la NOAA, dio a conocer su predicción sobre el comportamiento esperado de la temporada ciclónica. Ellos vaticinaban la formación de entre 11 y 17 sistemas tropicales con nombre, de los que entre 5 y 9 llegarían a ser huracanes, y de estos entre 2 y 4 serían de categoría igual o superior a 3. A fecha de hoy, el balance arroja las siguientes cifras: se han formado un total de 18 sistemas tropicales (uno más que el número más alto del intervalo que barajaba el NHC), de los que uno fue depresión tropical, 7 tormentas tropicales y 10 huracanes, 6 de los cuales fueron mayores, superando todas las expectativas.

Desde finales de agosto hasta finales de septiembre, la actividad ciclónica en la franja tropical del Atlántico fue frenética, sin que existan demasiadas referencias de algo parecido en los archivos históricos de la NOAA. Durante ese periodo, de poco más de un mes, se formaron nada menos que 5 huracanes mayores: Harvey, Irma, José, Lee y María, cuyos nombres nos resultan muy familiares, ya que fueron noticia en los medios de comunicación de todo el mundo, debido a sus devastadoras consecuencias.

Houston, bajo las aguas

Hacia el 20 de agosto saltaron las alarmas. La trayectoria prevista de la, por aquel entonces, tormenta tropical Harvey la dirigía hacia la península de Yucatán, en México, una zona con una alta ocupación turística en verano. A su paso por allí, Harvey se desinfló y no causó grandes daños, pero al cruzar la península y situarse sobre las aguas del golfo de México, en apenas un par de días se intensificó muy rápidamente, a la vez que enfiló hacia el sur de Texas. Llegó a alcanzar la categoría 4 al impactar sobre tierra, el 26 de agosto, dando lugar a unas inundaciones catastróficas sin precedentes en la zona. Lo más llamativo de ese huracán y tormenta tropical fue todo el tiempo –más de una semana– que se mantuvo prácticamente anclado sobre el sur de Texas y zonas próximas de Luisiana, provocando unas acumulaciones de lluvia extraordinarias, con las consecuencias devastadoras que pudimos ver en televisión. Las imágenes de la ciudad de Houston anegada, con miles de personas vagando por aquellos improvisados canales, con el agua a la cintura, nos recordaron las escenas que se vivieron en Nueva Orleans doce años antes –en 2005–, tras el paso del huracán Katrina.

El año de los huracanes

Inundaciones catastróficas en Houston, los días 25, 26 y 27 de agosto, a causa de las lluvias acumuladas debidas a Harvey. Nya Åland

El comportamiento poco habitual de Harvey llamó la atención de los expertos en huracanes, si bien fue anticipado por los modelos de predicción, que días antes del impacto en tierra ya mostraban esa singularidad. Las autoridades de EE. UU. reaccionaron con pasividad ante esos primeros pronósticos, ya que, de haberlos tenido más en cuenta, seguramente se podrían haber evitado muchos dramas humanos vividos en Houston y alrededores esos días, cuando las principales vías de escape de la ciudad quedaron anegadas, impidiendo la salida de centenares de miles de personas que, de haber sido advertidas un par de días antes, hubieran escapado a tiempo de la ciudad.

El Caribe, devastado por partida doble

Los últimos coletazos de Harvey en agosto coincidieron en el tiempo con la formación, en mitad del Atlántico, de la depresión tropical Irma, a principios de septiembre, que pronto se convirtió en un devastador huracán. Irma batió todos los récords. Durante 37 horas generó vientos sostenidos de 300 km/h y mantuvo la categoría 5 (la máxima) durante tres días seguidos, algo nunca antes observado en un ciclón tropical, al menos desde 1966, año en que se inició la era de los satélites. La trayectoria de Irma lo llevó a cruzar todo el Caribe: devastó en su totalidad algunas de las Antillas Menores, como la isla de Barbuda; causó grandes destrozos en el norte de Cuba; y también provocó inundaciones catastróficas en Florida (EE. UU.), donde llegó el 10 de septiembre y donde volvió a dejar imágenes impactantes como las de Houston de apenas dos semanas antes.

El año de los huracanes

Irma en falsos colores, en el momento en que su ojo atravesaba, el 6 de septiembre, la isla de Barbuda, en las Antillas Menores, que quedó devastada en su mayor parte. Universidad de Wisconsin, CIMSS

El área caribeña no se había recuperado del terrible golpe de Irma cuando una nueva tormenta tropical se formó en mitad del Atlántico y, al igual que Irma, puso rumbo hacia las Antillas Menores. El 16 de septiembre empezaba su periplo la tormenta tropical María, que rápidamente adquirió también la condición de gran huracán. María se cebó particularmente con Puerto Rico, donde impactó de lleno el día 20 como un huracán de categoría 4, algo que no ocurría en la isla desde 1932. Las consecuencias fueron trágicas; se produjeron más de una treintena de fallecidos y grandes destrozos, con unas pérdidas multimillonarias. El 70% de la población se quedó sin suministro eléctrico. Una catástrofe de enormes dimensiones, como las vividas en muchos otros lugares del Caribe durante el aciago mes de septiembre de 2017.

Ophelia enfiló hacia Europa

El año de los huracanes

Imagen infrarroja del huracán Ophelia, captada por el satélite Terra de la NASA el 14 de octubre. En ese momento, el huracán tenía categoría 3 y se situaba al sur de Azores. NASA

Ya metidos en el mes de octubre, dejando atrás la época del año en que se forman más huracanes en el Atlántico, todo apuntaba a un final de temporada más tranquilo, ya sin sobresaltos, pero llegó una nueva sorpresa. El 9 de octubre se formó en mitad del Atlántico otra tormenta tropical. Hasta ahí todo normal, pero pronto los modelos predijeron que su trayectoria la llevaría hacia Europa en lugar de hacia América, que es lo habitual. No es la primera vez que un sistema tropical tiene una trayectoria retrógrada y que, en lugar de dirigirse hacia el Oeste, enfila al Este (queda fresca en nuestra memoria la tormenta tropical Delta, que el 28 de noviembre de 2005 pasó por el norte de las Islas Canarias). En el caso que nos ocupa, la tormenta tropical Ophelia –ese es el nombre que recibió, tomado de la lista oficial de nombres preestablecida para la presente temporada por la Organización Meteorológica Mundial (OMM)– no tardó mucho en convertirse en huracán y, al igual que les ocurrió a otros huracanes precedentes, aumentó rápidamente de categoría hasta alcanzar la categoría 3, convirtiéndose en el sexto ‘major’ de la temporada. Tras pasar por el sur de las Azores, se dirigió hacia Irlanda, produciéndose en ese trayecto su transición hacia un ciclón extratropical; una profunda borrasca que provocó un gran temporal marítimo a su paso. En su máximo acercamiento al noroeste de la península ibérica, generó un marcado flujo de vientos cálidos y secos del Sur, lo que coincidió con la oleada de incendios forestales que tuvieron lugar en Galicia, Asturias y la vecina Portugal, de dramáticas consecuencias.

Huracanes y cambio climático

¿La frenética temporada de huracanes de 2017 es una consecuencia del cambio climático? Hay varios indicadores que parecen apuntar a la respuesta afirmativa; a que esa relación causal existe, aunque no es algo tan evidente como pudiera parecer a simple vista. Los registros históricos indican que ha habido algunas otras temporadas en el pasado en las que también hubo bastantes huracanes, con una proporción también grande de los de categorías altas.

Pensando en la presente temporada, la relación con el cambio climático puede existir en clara conexión con el calentamiento global, ya que la temperatura de la superficie del mar no es ajena al citado calentamiento y se observan cada vez más lugares de la superficie marina con anomalías cálidas. Ese factor contribuye a la intensificación de los huracanes, pero no es el único. Hay otros, como los vientos que soplan a determinadas altitudes, que son también importantes en los procesos de desarrollo de los huracanes.

Cada vez hay más voces autorizadas que apuntan a que la conexión entre el comportamiento de los huracanes y el cambio climático existe y no se puede obviar. Desde la OMM, se afirmaba recientemente que el cambio climático significa que cuando tenemos un huracán como Harvey, es probable que las cantidades de lluvia sean más altas de lo que hubieran sido de otra manera, sin la inyección de calor y humedad adicionales que propicia el escenario de calentamiento global en el que nos encontramos. El caso de los huracanes con trayectorias retrógradas, como Ophelia, seguirá siendo poco probable en el futuro, pero cuando se forme alguno, será más probable que evolucione por zonas de la superficie del mar donde el agua esté lo suficientemente cálida para favorecer el desarrollo del sistema ciclónico.

José Miguel Viñas autor de Divulgameteo





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