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Aquí hay ciencia

¿Sueñan los androides con (componer) sinfonías electrónicas?

Se creía que la composición musical y otras formas de creación artística eran un área inexpugnable para las máquinas. Pero en cuestiones creativas, la frontera entre hombres y máquinas podría no ser tan clara. ‘Bot Dylan’, una herramienta de inteligencia artificial, ya ha compuesto por sí sola más de 100.000 nuevas melodías de folk.

Miquel Tusón Actualizada 19/06/2017 a las 17:27
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'Phosphere', de Daito Manabe, en el festival Sónar Barcelona de este añoEfe

¿Os imagináis un festival de música interpretada en su totalidad por ordenadores y en el que los humanos solo formen parte del público? Quizás en un futuro no muy lejano esto será una realidad y asistiremos, por ejemplo, a una edición del Sónar, el festival de música electrónica y experimental que tiene lugar cada año a mediados de junio en Barcelona, en el que las máquinas sean las dueñas y señoras de los escenarios.

A diferencia de las tareas de alta computación o de las partidas de ajedrez, en las que hace tiempo que las habilidades del cerebro humano se han visto superadas por los algoritmos, se creía que la composición musical y otras formas de creación artística eran un área inexpugnable para las máquinas. Aun así, en los últimos años, el desarrollo de las técnicas de inteligencia artificial (IA) y la construcción de colecciones de datos con los que poder entrenar a los algoritmos están modificando el panorama de la composición musical por ordenador y ponen de manifiesto que, en cuestiones creativas, la frontera entre hombres y máquinas podría no ser tan clara.

Recientemente, un grupo de investigadores de las universidades Kingston y Queen Mary de Londres han creado ‘Bot Dylan’, una herramienta de inteligencia artificial capaz de componer por sí sola música folk. La herramienta fue entrenada con 23.000 piezas musicales presentes en la base de datos thesession.org, un recurso colaborativo que contiene canciones populares celtas transcritas en notación ABC. Este es un sistema de notación musical basado en letras que fue desarrollado inicialmente para transcribir de forma simple melodías tradicionales irlandesas, escocesas e inglesas y, posteriormente, se ha utilizado en el ámbito de los ordenadores. Gracias al entrenamiento, ‘Bot Dylan’ puede a partir de un símbolo ABC, predecir el siguiente y así componer nuevas canciones basándose en los patrones y estructuras de música celta que ha aprendido. Y, de hecho, ya ha compuesto más de 100.000 nuevas melodías de folk.

Sus creadores se sorprendieron de la calidad de la música creada. Muchas de las canciones presentan la típica estructura de la música celta, con dos partes de ocho compases que se repiten y, a menudo, se complementan. ‘Bot Dylan’ también tiene una cierta capacidad para repetir y variar los patrones musicales y lo hace de un modo que es muy característico en la música celta. Lo interesante es que no lo hace mediante reglas predeterminadas, no ha sido programada en este sentido, sino que lo ha 'aprendido' a partir de los patrones existentes en las canciones con las que fue entrenada.

Los investigadores contactaron con músicos de folk para ver qué les parecían estas composiciones. Entre los más puristas, había detractores acérrimos por el hecho de tratarse de música compuesta por ordenadores, pero también otros músicos que encontraron en las melodías ideas interesantes e incluso patrones inusuales que funcionaban perfectamente dentro de una composición folk.

Lo que inicialmente no jugaba a favor de las composiciones de ‘Bot Dylan’ es que estuvieran interpretadas también por ordenadores. Estas carecían de las cualidades expresivas de la música interpretada por humanos, que no estaban presentes en los datos con los que se había entrenado al algoritmo. Por ello, los investigadores propusieron a músicos profesionales de carne y hueso que interpretaran algunas de las composiciones creadas por la máquina, y aportaran elementos de su cosecha propia, como ocurre normalmente en los conciertos de música celta. Sorprendentemente, una vez interpretadas por músicos, las piezas son indistinguibles de las compuestas por humanos, como se puede apreciar en esta muestra.

Sin embargo, ‘Bot Dylan’ tiene otras características que no se asemejan a las capacidades creativas humanas. La herramienta basada en IA no puede generalizar más allá de un contexto concreto. De hecho, los investigadores se han dado cuenta de que no aprende características musicales básicas, como por ejemplo cómo funciona el ritmo, sino que se limita a repetirlas y que cuando se adentra fuera de las convenciones establecidas por los datos con los que ha sido entrenado, el sistema empieza a comportarse de forma errática. Los errores que comete el algoritmo se pueden escuchar en esta selección de ocho fragmentos fallidos.

Los investigadores no creen que este tipo sistemas basados en inteligencia artificial sustituyan en un futuro próximo las habilidades creativas de los humanos, sino más bien que las complementarán. Podrán ser usadas como herramientas en el proceso de composición que permitan encontrar nuevas ideas y solucionar más de un bloqueo por falta de inspiración. En otros ámbitos, como en el de los músicos que se dedican a componer melodías en serie, que se venden a través de repositorios en línea como banda sonora de videojuegos o de vídeos en la red, sí que podrían acabar con algunos puestos de trabajo.

‘Bot Dylan’ no es la primera herramienta de IA dedicada a la creación musical o artística. Otros ejemplos son el proyecto Magenta de Google, Flow Machines de Sony Computer Science Laboratories, que el pasado otoño se presentó en sociedad con la canción 'Daddy’s Car' que pretendía emular un pop de armonías beatlenianas, o las start-ups europeas Jukedeck y Aiva. Esta última ha compuesto un álbum entero titulado 'Genesis' y ostenta el estatus de ser la primera herramienta de IA que ha sido reconocida oficialmente como compositora, ya que fue inscrita en la sociedad de autores de Francia y Luxeburgo (SACEM), el equivalente de la SGAE española.

Otras áreas creativas tampoco escapan de la computerización. Se ha desarrollado un programa capaz de recrear un cuadro de Rembrandt analizando previamente 350 trabajos del pintor. Y, el año pasado, se estrenó en el West End de Londres una obra de teatro musical, 'Beyond The Fence', coescrita con la ayuda de herramientas de IA, tanto para el libreto como para la partitura, y que contó con la participación del investigador de la Universidad Complutense de Madrid Pablo Gervás. En ella se usaron, entre otras herramientas, Flow Machines y un sistema de composición computerizada que lleva el irónico nombre de Android Lloyd Webber.

Hablando de robots, quizás en un futuro no muy lejano, los androides, en vez de soñar con ovejas eléctricas, como en la conocida novela de ciencia ficción de Philip K. Dick, soñarán con componer sofisticadas sinfonías.





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