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Aquí hay ciencia

El dopaje o la ciencia del engaño en el deporte

¿Qué es el salbutamol descubierto en la muestra de orina de Froome? ¿Se trata realmente de dopaje? La ciencia antidopaje trata de desenmascarar a los tramposos en el deporte.

Miquel Tusón 21/12/2017 a las 06:00
Froome se entrena en Port de Alcudia (Mallorca) con el equipo Sky tras su positivo por salbutamol.JAIME REINA/AFP

La semana pasada, la Unión Ciclista Internacional (UCI) confirmó las informaciones publicadas por los diarios ‘The Guardian’ y ‘Le Monde’ sobre el positivo por salbutamol del ciclista británico Chris Froome en la Vuelta a España 2017. Los análisis realizados en una muestra de orina del ciclista, recogida tras la etapa de la Vuelta del 7 de septiembre, detectaron una concentración de salbutamol de 2.000 nanogramos por mililitro de orina, el doble del límite diario permitido.

En septiembre, Froome se coronó por primera vez ganador de la prueba ciclista española, dos meses después de haber ganado su cuarto Tour, y consiguió de esta forma una doble gesta que ningún ciclista había obtenido en los últimos 40 años.

¿Qué es el salbutamol y para qué se usa?

La sustancia encontrada en la orina de Chris Froom, el salbutamol, es el principio activo del Ventolín. Es uno de los medicamentos más comúnmente utilizados en los inhaladores de rescate para tratar el asma. En las crisis asmáticas, se usa para aliviar el broncoespasmo, el estrechamiento de la luz de los bronquios que se produce como consecuencia de la contracción de la musculatura bronquial, y que causa dificultades al respirar. El salbutamol es lo que llamamos un fármaco broncodilatador: consigue que se abran las vías respiratorias uniéndose a los receptores β2-adrenérgicos presentes en la musculatura lisa de los bronquios y ejerciendo su función para relajarla. También se usa para tratar la constricción de los bronquios inducida por el ejercicio (o asma inducida por el ejercicio), y para la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

El salbutamol como sustancia dopante

El salbutamol, junto con otros agonistas β2-adrenérgicos, forma parte de la lista de sustancias prohibidas de la Agencia Mundial Antidopaje (WADA-AMA), aunque su uso con inhalador está permitido en ciertas circunstancias si los deportistas acreditan que padecen asma y no superan una dosis máxima de 1.600 microgramos en 24 horas (o de 800 microgramos cada 12 horas).

Por encima de los niveles permitidos, y si se toma de forma continuada, el salbutamol puede producir un efecto anabolizante, típico de muchas sustancias dopantes. Es decir, favorece el crecimiento y la regeneración de órganos y tejidos, como por ejemplo el músculo y, por ello, puede tener un impacto en el rendimiento deportivo. Por esta razón, la WADA-AMA prohíbe su uso por vía oral.

En humanos, hay poca evidencia de que salbutamol utilizado para tratar el asma, por vía inhalada, produzca un aumento del rendimiento físico. Sin embargo, su administración por vía oral se ha demostrado que tiene un efecto positivo en el rendimiento. Otros fármacos similares, también exentos de ser considerados dopantes si se acredita su uso terapéutico, son el formoterol y el salmeterol. Entre los agonistas β2, se encuentra otro sospechoso habitual en los casos de dopaje, el famoso clembuterol, considerado un agente anabolizante y prohibido completamente por la WADA-AMA. Es la sustancia por la que dio positivo el ciclista español Alberto Contador. Contador fue sancionado en 2012 y desposeído de sus títulos del Tour de Francia 2010 y del Giro de Italia 2011. Existen múltiples casos de deportistas que han dado positivo por clembuterol y que han esgrimido que la sustancia procedía de la ingesta de carne de ganado engordado artificialmente con este fármaco prohibido o de la toma de suplementos alimentarios contaminados.

¿Se trata realmente de dopaje?

En casos como el de Froome, se presume que la presencia de salbutamol en orina por encima de los 1.000 nanogramos por mililitro puede no responder a su uso terapéutico habitual. El positivo no es inmediatamente sinónimo de dopaje: la AMA lo considera un Resultado Analítico Adverso y, en tal caso, se debe comprobar el porqué de los niveles por encima de lo permitido.

Para eludir la sanción, Froome deberá demostrar, mediante un estudio farmacocinético controlado –en el que se administra la dosis máxima y se estudia la eliminación del fármaco por parte del organismo– que efectivamente el resultado anormal se produjo por el uso de una dosis terapéutica que no superaba la máxima permitida y que es su cuerpo el que elimina el fármaco más lentamente. Según la doctora Rosa Ventura, directora del Laboratorio de Control Antidopaje de Cataluña, esto último “es poco probable si solo se han administrado las dosis permitidas, pero es posible.” En el laboratorio de Ventura se desarrolló un método que permite discriminar si el salbutamol presente en la orina procede de una administración no autorizada por vía oral o del tratamiento permitido por inhalación. Este método sirvió en 2007 para que el Tribunal Arbitral del Deporte sancionara al ciclista italiano Alessandro Petacchi.

El ‘programa’ de Armstrong

Desafortunadamente para el deporte, el ciclismo está plagado de casos de dopaje. Uno de los más paradigmáticos y conocidos es el del americano Lance Armstrong, que puso en marcha “el programa de dopaje más sofisticado de la historia”. Su periplo tramposo, descrito paso a paso en la película de Stephen Frears ‘The Program’, se asemeja a un libro de texto en el que se describen distintas técnicas y sustancias dopantes. Desde el uso de testosterona o de hormona de crecimiento, que actúan como anabolizantes, a la eritropoyetina (EPO), la reina del dopaje, una hormona que estimula la producción de glóbulos rojos y, por ello, incrementa el transporte de oxígeno a los tejidos y el rendimiento deportivo. Pasando por los cordicoides, potentes antiinflamatorios, que ayudan a recuperarse de las lesiones, o las autotransfusiones de sangre, que actúan de manera similar a la EPO, aumentando el número de células sanguíneas que transportan oxígeno.

La WADA-AMA usa una batería de tests en sangre y en orina para poder detectar aquellos deportistas que hacen trampa y ha desarrollado un programa conocido como 'pasaporte biológico del atleta' mediante el que se evalúan una serie de parámetros en la sangre de los deportistas a lo largo del tiempo, que revelan indirectamente los efectos del dopaje, en lugar de intentar detectar la sustancia o el método de dopaje en sí mismo.

Más allá de los evidentes riesgos que la toma de estas sustancias entraña para la salud de los deportistas, entre los que se encuentran el riesgo de insuficiencia cardíaca, trombosis, hipertensión, diabetes, fallo renal, o alteraciones de tipo hormonal, el dopaje se ha convertido en una mácula recurrente para deportes como el ciclismo. Los numerosos casos ponen en tela de juicio que se pueda disfrutar de una competición limpia en la que todos participen en igualdad de condiciones.

Si se confirma, el positivo de Froome será un nuevo ejemplo de esta ciencia del engaño, pero también demostrará que otra ciencia, la antidopaje, sigue su curso para conseguir desenmascarar a los tramposos.





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