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Implantes cerebrales: de la prescripción médica a la ampliación de capacidades

En el futuro, ¿llevaremos implantes cerebrales o prótesis de memoria no para paliar trastornos, sino para ampliar nuestras capacidades cognitivas?

Miguel Barral 05/12/2017 a las 06:00
Los implantes cerebrales son dispositivos equipados con pequeños electrodosLawrence Livermore National Laboratory

El presente: una realidad inminente

Los implantes cerebrales o prótesis de memoria son dispositivos equipados con pequeños electrodos que, implantados en el cerebro, replican el mecanismo normal o natural por el que se forman y almacenan los recuerdos a largo plazo. Están llamados a paliar y subsanar las pérdidas de memoria y recuerdos asociadas a las enfermedades neurodegenerativas, junto a todas las limitaciones y discapacidades que ello conlleva.

En el cerebro, los recuerdos se crean a partir de una señal o impulso eléctrico que recorre diversas áreas del hipocampo. Si alguna de estas regiones resulta dañada, entonces el cerebro ve afectada dicha capacidad. Esto explica que la gente con demencia u otros trastornos neurodegenerativos conserven recuerdos de su pasado más lejano pero no sean capaces de recordar eventos recientes.

Básicamente, el implante cerebral genera impulsos que replican el patrón de un cerebro normal, constituyendo una especie de ‘by pass’ cerebral para sortear la región dañada. Para ello, el dispositivo integra un software programado con un ‘neurocódigo’ identificado y desarrollado a partir del análisis y estudio de las señales cerebrales.

En los últimos años, estas prótesis habían sido ensayadas en animales. Ahora han sido probadas con éxito también en humanos por un equipo de la Universidad de South Carolina. Los investigadores están convencidos de que de forma inminente dispositivos análogos se podrán emplear para tratar otro tipo de lesiones, trastornos y desórdenes cerebrales, desde problemas neurodegenerativos hasta lesiones oculares o de movilidad, autismo, dislexia, etc., con tal de desarrollar el correspondiente código neural con el que programarlo.

En paralelo, otras compañías biotecnológicas como la recientemente fundada Kernel estudian la posibilidad de aplicar dispositivos análogos como forma de implementar las capacidades cerebrales normales de cualquier persona y llevarlas a un ‘nivel superior’.

El futuro: cortocircuitos = incidentes

Año 2047. Comienza a resultar algo más que alarmante el número y frecuencia de "desafortunados y luctuosos incidentes" causados por individuos con implantes cerebrales ‘irregulares’, quienes, en palabras de los expertos, repentinamente sufren un cruce de cables o cortocircuito. Y a ellos hay que añadir los todavía más numerosos acontecidos en centros de investigación biotecnológica con dispositivos experimentales de esta naturaleza y que han sido silenciados ante la opinión pública.

Como consecuencia, se ha creado un Comité Global para el Control y la Regulación de Implantes Cerebrales y cuya primera función ha sido establecer y redactar un protocolo al respecto. El mismo se centra en las identificadas como las cuatro principales amenazas que estos dispositivos suponen para la sociedad: pérdida de privacidad; pérdida de autonomía e identidad individual; incremento de las desigualdades sociales; y empleo de implantes con fines bélicos o militares.

Para proteger la privacidad del individuo se ha aprobado que el usuario pueda optar por no ceder ni compartir los datos cerebrales obtenidos y registrados por sus implantes, al tiempo que se ha formalizado una rigurosa legislación sobre el empleo y disponibilidad de esta información personal.

Para proteger la autonomía e identidad, se han establecido importantes sanciones y penas para aquellos individuos y corporaciones que atenten contra la libertad del sujeto e intenten ejercer algún tipo de control mental o manipulación a través de estos dispositivos, ya sea por haberlos preprogramado o tras haberlos ‘hackeado’.

Se ha decretado la total prohibición del empleo de tecnologías cerebrales con fines armamentísticos o militares. De esta manera, estos dispositivos han sido situados al mismo nivel que las armas químicas, biológicas o nucleares.

Finalmente se ha regulado las posibles aplicaciones de estos dispositivos en personas sanas o normales para casos excepcionales como personal de rescate especializado; pilotos de líneas aéreas y espaciales; astronautas en misiones no ordinarias; etcétera.

No obstante, las empresas biotecnológicas han encontrado un resquicio legal en la definición de ‘persona sana’ o ‘normal’. Por ejemplo, ¿es un analfabeto, a los ojos e la sociedad actual, una persona ‘normal’ por mucho que su cerebro funcione correctamente?

Más grave aún es el conflicto que surge con qué hacer, cómo tratar, a los individuos pre-Protocolo que ya son portadores de estos dispositivos: ¿retirárselos con el riesgo de lesionarlos?, ¿confinarlos?…

 





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