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Aquí hay ciencia

El símbolo 'químico' del Inferno

Miguel Barral Actualizada 24/10/2016 a las 19:23
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Fotograma de la película 'Inferno', recientemente estrenada.Imagine Entertainment

A la espera de tener tiempo y dinero para acudir al cine a ver la recientemente estrenada 'Inferno', adaptación del 'best seller' homónimo de Dan Brown protagonizado por el eminente profesor de simbología Robert Langdon, no me resisto a recuperar uno de mis fragmentos favoritos del mismo. Y que, además, me va a permitir montarme mi propia 'película':

“El objeto que Langdon tenía en las manos era sorprendentemente pesado para su tamaño. Se trataba de un cilindro metálico estrecho y liso, de unos quince centímetros y con los extremos redondeados, como un torpedo en miniatura.

-Antes de manipularlo con brusquedad-dijo Sienna-, será mejor que mires el otro lado. -Le sonrió con nerviosismo-. ¿No decías que eras profesor de simbología?

Langdon bajó la mirada y le dio la vuelta al tubo hasta que el brillante símbolo rojo quedó a la vista. Al instante, su cuerpo se tensó. Como especialista en iconografía, Langdon sabía que muy pocas imágenes tenían el poder de inspirar un miedo instantáneo en la mente humana… El símbolo que tenía ante sí sin duda formaba parte de esa lista. Su reacción fue visceral e inmediata. Dejó el tubo en la mesa y echó la silla hacia atrás. Sienna asintió. -Sí, ésa también fue mi reacción. La imagen que había en el tubo era un sencillo icono trilateral. Langdon había leído que ese afamado símbolo había sido desarrollado por la empresa Dow Chemical en la década de 1960 para reemplazar toda la serie de inútiles símbolos de advertencia que se habían estado usando hasta entonces. Como todos los que tienen éxito, era sencillo, distintivo y fácil de reproducir. El símbolo moderno para advertir de 'riesgo biológico' evocaba hábilmente multitud de elementos peligrosos, que iban desde las pinzas de un cangrejo a los cuchillos arrojadizos de los ninjas, y se había convertido en una marca global que transmitía la idea de peligro en cualquier idioma”.




En lugar de ser tan ácido como Sienna, quiero creer que el profesor, que al fin y al cabo acaba de ser sacado a la carrera del hospital donde despertó amnésico, y que todavía se encuentra bajo los efectos de la sedación, tiene sus facultades mentales mermadas. De ahí que nos haga partícipes de una versión bastante simplificada y que no hace justicia a la historia de cómo surgió el susodicho símbolo. Así que a mí, si la memoria no me falla, me toca enmendarle la plana:

Tal y como a duras penas recuerda el experto en simbología, la acción nos traslada al año 1966, cuando la compañía Dow Chemical fue requerida para desarrollar contenedores para el transporte y almacenamiento de muestras biológicas peligrosas por el NIH (National Institutes of Health). Por aquel entonces no existía ningún símbolo que identificase de forma unánime e inequívoca este tipo de materiales de riesgo. En lugar de ello, casi cada institución recurría a una distinta. Así, coexistían, entre otros, símbolos tan variopintos como el triángulo azul invertido empleado por el ejército estadounidense, el rectángulo rosa escogido por la US Navy o el binomio operario con bata blanca-serpiente sobre fondo violeta postulado por la Universal Postal Convention de la ONU.

Así las cosas, los trabajadores de Dow Chemical no tardaron mucho en mostrar y transmitir su preocupación, miedo y descontento ante la falta de un símbolo universal, y el consiguiente riesgo de accidentes entre el personal. Una reclamación que fue recogida por el ingeniero químico de la compañía Charles L. Baldwin quien en busca de una solución acudió al Departamento de diseño, paquetería y márquetin de la Dow Chemical.
El equipo, integrado por diseñadores y científicos, y al que también se incorporó Robert S. Runkle, del NIH, se puso manos a la obra para idear el símbolo definitivo, que debía atender a las siguientes premisas:
  • Captar de inmediato la atención.
  • Ser único e inconfundible con ningún otro símbolo o logo ya existente.
  • Perdurable en la memoria.
  • Presentar un diseño simple y fácil de reproducir.
  • Simétrico.
  • Aceptable para cualquier grupo étnico (sí, en la década de los sesenta ya había que ser politiquísimamente correcto).
Además, se enfrentaban a una dificultad añadida, dado que a diferencia de otro tipo de materiales peligrosos (explosivos, sustancias tóxicas, inflamables,…), las amenazas biológicas suelen ser invisibles, inodoras, insípidas y todos los in- que se quiera salvo indiscretas. Lo que exigía recurrir a un símbolo abstracto (por mucho que a los de la Union Postal les convenciese la pareja ofidio-sanitario).

En poco tiempo, los diseñadores de la compañía elaboraron seis diseños diferentes que cumplían los requisitos. La elección final se sometió a 'votación popular'. En los tiempos actuales posiblemente se hubiese realizado un reality para que los espectadores votasen por SMS, pero en los sesenta se limitaron a testar los distintos diseños entre un grupo de 300 voluntarios de 25 localidades en un doble test preparado por psicólogos.

En el primero de ellos, elaborado para comprobar la singularidad y naturaleza inequívoca, los seis candidatos se incorporaron a un panel junto a 18 símbolos conocidos (desde el logo de Cruz Roja hasta la esvástica pasando por la concha de la Shell) que los voluntarios tenían que tratar de identificar o conjeturar su significado.

Una semana después, los mismos voluntarios se enfrentaron a un segundo test, diseñado para determinar su perdurabilidad e impacto en la memoria, consistente en un panel de 60 símbolos y logos en el que tenían que recordar cuáles habían visto en la prueba anterior.

En ambas pruebas, el diseño que alcanzó los mejores resultado fue el mismo. El que hoy en día asociamos de inmediato con un peligro biológico. Y que, sin duda, y tal vez de forma inconsciente por parte de sus creadores, se benefició de su parecido más que razonable con el símbolo de peligro por radiación –a la sazón una de las amenazas estrella en aquella época de guerra fría junto, y de la mano, del peligro nuclear-; que había sido diseñado en los años treinta en la Universidad de Berkeley-California a raíz de la invención, en sus laboratorios, del ciclotrón, el primer acelerador de partículas, desarrollado por Ernest Lawrence en 1929.

Para finalizar, se escogió el mismo color naranja intenso que se empleaba y emplea en las expediciones árticas por ser el más visible en la mayoría de las situaciones y bajo las más diversas y adversas condiciones.

El resultado final fue presentado en sociedad en un artículo publicado en la revista 'Science' en 1967. Artículo en el que además se acuñaba el término de bioamenaza o amenaza biológica (biohazard) definido como “aquellos agentes infecciosos que presentan un riesgo real o potencial para la salud y bienestar humano, ya sea directamente por infección o indirectamente por sus efectos sobre el ambiente”.

Casi de forma inmediata el diseño fue adoptado por las distintas instituciones y se propagó por todo el mundo convirtiéndose en todo un 'best-seller' de los símbolos como lo demuestra el hecho de que fuese el tatuaje escogido por la comunidad gay para, además de reivindicarse, identificarse como una amenaza biológica real o potencial de transmisión del VIH.







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