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Arte y ciencia

La escultura cinética que multiplica el fuego olímpico

María Pilar Perla Mateo 20/08/2016 a las 06:00
Escultura cinética Río

Cientos de esferas y círculos de metal distribuidos de forma concéntrica en torno a un anillo reflejan la llama olímpica que arde en Río. Cualquier brisa mueve la estructura de esta gran escultura cinética, obra del artista estadounidense Anthony Howe, y el fuego baila aún más.

La rotación independiente de cada pieza de acero inoxidable crea un movimiento fluido que amplifica el efecto de una escultura que mide unos 18 metros de diámetro y pesa dos toneladas.

La energía del sol y la luz y sus reflejos son la inspiración que late detrás de esta obra. Su autor desea transmitir con ella la idea de que "no hay límites para lo que el ser humano es capaz de hacer".

Howe trabaja en su estudio de la isla de Orcas, en el estado de Washington. Allí diseñó y construyó, por encargo del Comité Olímpico, esta escultura, que fue terminada en Montreal antes de aterrizar en el estadio de Maracaná para la ceremonia inaugural de los Juegos. Una versión reducida está ubicada, junto al pebetero, ante la iglesia de la Candelaria, en una plaza de Río de Janeiro.


Natural de Salt Lake City, Utah (1954), tras estudiar pintura y escultura y practicar la acuarela, un trabajo de montador de estanterías le hizo descubrir el metal como medio de expresión. Algo que, unido a su interés por el viento y el movimiento, le llevó, desde las azoteas de Nueva York, a la escultura cinética. Las primeras que creó colgaban de cables de ascensor tendidos entre edificios neoyorkinos.


En palabras suyas, la escultura cinética surge de "la intersección de la inspiración artística y la complejidad mecánica". Cada una de sus obras reúne la expresión creativa, un proceso de fabricación en metal y un cuidadoso diseño, con el objetivo de "alterar la experiencia del espacio y el tiempo" del espectador. El viento, pero también una suave brisa, hace el resto.


Actualmente, su trabajo se centra en grandes obras para espacios públicos. Tiene entre manos trabajos para diversos lugares de Estados Unidos y Alemania.

Esculturas que no paran

Arte y ciencia conviven en el arte cinético, una corriente artística que tiene cerca de un siglo y que, en 1954, tomó prestado el nombre de la rama de la mecánica que investiga la relación entre el movimiento de los cuerpos y las fuerzas que actúan sobre ellos.

Frente a la idea de belleza inmutable, se apuesta por el movimiento y una cuarta dimensión se incorpora al arte: el tiempo. El movimiento puede ser real -producido por medios naturales como el viento o el espectador o por medios mecánicos- o virtual -cuando la percepción de ciertos efectos ópticos crea la ilusión de movimiento (entonces también se denomina arte óptico)-.

El pionero ruso Naum Gabo, que incorporó en 1919 un motor eléctrico a una varilla de metal para hacerla vibrar, había recibido formación científica. Alexander Calder (EE. UU.), artista e ingeniero mecánico, prefirió aprovechar el empuje de las corrientes de aire naturales para inventar, en 1931, sus móviles. Están hechos con trozos de metal, alambres y plástico suspendidos, nada de motores. El movimiento hace que nunca sean los mismos.

El ambiente tecnológico de los años cincuenta supuso el despegue de este movimiento (nunca mejor dicho) artístico. El sueco Jean Tinguely ideó las máquinas-escultura, como una crítica a la sociedad industrial y su sobreproducción.

En la actualidad, las 'Bestias de playa' del holandés Theo Jansen se desplazan sobre la arena movidas por la fuerza del viento, como si cobraran vida. Son grandes esqueletos fabricados con tubos de plástico (PVC), botellas y cintas adhesivas, a veces también dotados de bombas que se llenan de aire comprimido, a modo de músculos. En los títulos de sus obras resuena la ciencia: 'Rhinoceros transport', 'Geneticus ondula' y 'Animaris sabulosa'. Detrás de cada uno de ellos hay algoritmos genéticos, programas capaces de modificarse y evolucionar, y la intención de "crear una nueva naturaleza". Jansen, que cursó estudios de Física, considera que "las barreras entre el arte y la ingeniería existen solo en nuestra mente".







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