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Aquí hay ciencia

Historia, ciencia y gastronomía de los sondeos de opinión

Miquel Tusón 08/05/2016 a las 06:00
Los sondeos de opinión entran en juego para conocer de manera aproximada la opinión pública ante, por ejemplo, unas elecciones.Guillermo Mestre

A lo largo de la historia, la opinión del pueblo sobre sus gobernantes se ha expresado de formas muy diversas: la repetición de las elecciones en España puede ser una buena ocasión para comprobarlo. En algunos casos la baja popularidad de los mandatarios ha terminado literalmente con alguna que otra cabeza rodando por el suelo. Quizás por ello, después de la Revolución Francesa, los gobernantes empezaron a preocuparse de la opinión pública y de los medios para conocerla. En los Estados Unidos, el presidente Abraham Lincoln afirmó «Lo que quiero que se haga es lo que las personas desean que se haga, y para mí la pregunta es cómo llegar a saberlo exactamente.». Aún así, la suerte final de Lincoln no distó mucho de la de los monarcas franceses.

Actualmente, la opinión popular se encauza de una forma más contenida (aunque no siempre civilizada) a través de las múltiples ágoras de la red de redes, como Twitter, o en los comentarios de las ediciones digitales de los periódicos. Más allá de los trending topics y de las opiniones particulares bien amplificadas, para conocer de manera aproximada la opinión pública es necesario aplicar un poco de ciencia y es aquí donde entran en juego los sondeos de opinión.

Historia

El primer sondeo documentado fue realizado en 1824 por un periódico local americano, 'The Harrisburg Pennsylvanian'. Mediante una encuesta informal a pie de urna, anticipó la victoria de Andrew Jackson frente a John Quincy Adams en las elecciones presidenciales. Los sondeos se volvieron más comunes con el cambio de siglo, tanto a escala local como nacional. El semanario 'The Literary Digest' enviaba las preguntas por correo postal a más de dos millones de personas y, contando las respuestas que recibía, predijo correctamente las victorias en cinco contiendas, de 1916 a 1932. Como se puede apreciar, este método no era muy científico y, en las siguientes presidenciales, las de 1936, el 'Digest' se equivocó pronosticando la victoria del republicano Landon. En cambio, un joven George Gallup y su recién fundada empresa de sondeos (el American Institute of Public Opinion), a partir de una muestra de 50.000 personas representativa de la población general, acertó la reelección como presidente del demócrata Roosevelt. El prestigio del 'Digest' se fue por los suelos: su muestra estaba sesgada y contenía electores más adinerados, que votaban mayoritariamente al Partido Republicano. Gallup incluso predijo el resultado erróneo del 'Digest' seleccionando una muestra representativa de la muestra del semanario.

Ciencia

La clave de Gallup y de otros pioneros como Elmo Roper y Louis Harris fue aplicar la estadística y la nuevas técnicas de investigación de mercado para analizar la opinión pública. Primero se determinaba una muestra de ciudadanos representativa de la población sobre la que se quería conocer su opinión. Después se les realizaban entrevistas mediante procedimientos estandarizados para obtener los datos. Y, con estos, se llevaban a cabo mediciones cuantitativas que se extrapolaban posteriormente a la población general. En España, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) es de los pocos que realiza aún las entrevistas en persona; las empresas de análisis demoscópico suelen preguntar por teléfono o mediante encuestas 'online'. Realizan llamadas aleatoriamente hasta cumplir con una serie de cuotas (sexo, edad, tamaño del municipio) para que la muestra sea representativa del censo. El cuestionario es la herramienta fundamental para la obtención de los datos: debe ser claro, con preguntas imparciales y bien ordenadas. Y contiene preguntas adicionales para poder estimar, a partir de la intención directa de voto, los resultados de las elecciones. Es lo que se conoce como 'cocina'.

… Y gastronomía

Preguntas como la simpatía o cercanía por un partido, el recuerdo del voto en anteriores comicios, el conocimiento y valoración de los distintos líderes, el seguimiento de la actualidad política, o a qué partido no votaríamos nunca ayudarán a los expertos en demoscopia a interpretar los “no sé todavía a quién votaré” y cocinar los resultados crudos de la encuesta para servir el plato final: la estimación de voto (la hipótesis de lo que sucederá). En España últimamente las recetas son más difíciles debido a la aparición de nuevos partidos y a la volatilidad del voto. La estimación del voto depende del análisis que se aplique y, por ello, a partir de unos mismos datos en bruto se pueden llegar a obtener resultados distintos. Para valorar el rigor de un sondeo, su publicación debería ir acompañada de las preguntas realizadas y de una ficha técnica en la que consten las fechas de las entrevistas, el universo de personas encuestadas (la muestra) y el método utilizado (presencial, telefónico, online). Adicionalmente, como en el caso del CIS, sería preferible hacer públicos los datos brutos y la intención directa de voto.

En las próximas semanas proliferarán otra vez los sondeos y también sus interpretaciones en forma de titulares, editoriales y artículos de opinión. Sean cautos con estos últimos. Más allá de las cocinas aceptables, es en ellos donde pueden encontrar aditivos (e incluso algún que otro veneno).
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