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Concierto

Pasen y escuchen... tres nanomelodías

María Pilar Perla Mateo 17/03/2016 a las 06:00
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Nanopartículas que han sido transformadas en música

En palabras del músico Carlos Hollers: «El sonido varía dependiendo de la nanopartícula. En ocasiones es como estar en un universo cristalino, en donde parecen brillar enormes estalactitas, imagina el roce del viento; ese sonido es maravilloso. Y en otras formaciones se parecería mucho a una cueva de la época de los dinosaurios en donde todo lo que queda por descubrir es maravilloso y en ocasiones inquietante. Paseen en silencio por dentro de una cueva, paren a escuchar y entonces descubrirán el interior de una nanopartícula». Si quieres comprobar cómo te suenan a ti las nanopartículas:
  • CUÁNDO Y DÓNDE 17 de marzo, 19.30. Sala Luzán de la Fundación Caja Inmaculada (Independencia, 10).
  • QUIÉN Interpretan las nanomelodías: Carlos Hollers (electrónica), Sergio Lasuén (piano), Virgilio Pardo (saxo), Fernando Lope (didgeridoo y percusión), Ricardo Villalta (violín), Paula Angulo (violín), Andrea Oliva (viola) y Germán Barrio (violonchelo).
TRES NANOMELODÍAS

Nanotubos de carbono

Generalmente, «la sobresaturación de carbono en el seno de una nanopartícula metálica, que se usa como iniciador de su crecimiento, hace crecer el material de carbono. Este mecanismo genera un filamento de carbono de dimensiones nanométricas», explica Víctor Sebastián, del INA.

¿Cómo suenan?

El proceso de formación de nanotubos de carbono «presenta tres fases: aceleración, crecimiento lineal y deceleración. La primera fase se representa con movimientos más sutiles y la última con movimiento más rápidos y sincopados», señala José Ramón Beltrán, investigador del I3A. Un sencillo comienzo al piano «va evolucionando y modificándose en las siguientes fases –describe el músico Sergio Lasuén–. También la armonía se tornará más compleja progresivamente y el saxo adoptará un mayor protagonismo». Al final, llega la estabilidad.
 

Bastones de oro

Sobre algunas de las caras de una semilla de oro «se depositan unas partículas para controlar el proceso de crecimiento», indica Beltrán. Generalmente, precisa Sebastián, «se cristaliza un núcleo de crecimiento de dimensiones subnanométricas y posteriormente se van agregando capas de átomos de forma controlada, hasta formar un bastón o ‘rod’ de oro». Estas nanopartículas tienen propiedades ópticas únicas que resultan útiles en medicina.

¿Cómo suenan?

Esta pieza es la más sencilla y estática. «El tempo es más lento y se fundamenta sobre un si bemol ininterrumpido del didgeridoo. Los dos sencillos motivos son interpretados por el piano, sobre una armonía diatónica, evolucionando de forma muy progresiva. El movimiento finaliza con un solo de violonchelo, no sin antes escuchar el didgeridoo en la más estricta soledad», señala Sergio Lasuén.

 

Nanopilares de Átomos

En la última pieza musical no se analiza un proceso de formación, sino la estructura cristalina de una nanopartícula. «La distribución de los átomos sigue diferentes periodicidades en función de la dirección cristalográfica de crecimiento», explica Sebastián. Dicha periodicidad se ha analizado mediante la Transformada de Fourier. «El análisis de las frecuencias y las diferentes distancias atómicas del material han originado una melodía única que recurre a las dimensiones de la nanoescala».

¿Cómo suenan?

Aquí se alcanza, en palabras de Lasuén, «el mayor grado de tensión de la obra». «La mayor libertad otorgada por el algoritmo permite una mayor complejidad armónica y melódica, reflejada esta última en el virtuosismo demostrado por el saxofonista Virgilio Pardo. La electrónica de Carlos Hollers refleja esa estructura cristalina que se va transformando aparentemente en función del punto de observación».
 
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Coro de nanocientíficos, ingenieros y músicos para tres nanopartículas.
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