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Jornada de divulgación

Contar historias para fascinar con ciencia

‘Ciencia con todos los sentidos’, la jornada de divulgación de la Universidad de Zaragoza, hizo reflexionar, reír con los monólogos científicos y descubrir que incluso desde Twitter se puede enseñar ciencia.

María Pilar Perla Mateo Actualizada 02/03/2016 a las 10:51
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Imágenes de la jornada de divulgación científica que organizó la Universidad de Zaragoza

15 de octubre de 1997. «Despega una nave espacial con una misión muy parecida a la de Frodo: ir al entorno del Señor de los Anillos, a ver qué pasaba en Saturno. Pero Cassini no llevaba el anillo sino el aterrizador Huygens, que nos regalaría impresionantes imágenes y valiosos datos sobre Titán, el mayor satélite de Saturno».

Juan José Sáenz de la Torre asesor científico de contenidos del Espacio 0.42, sabe que una imagen sola (aunque sea una espectacular imagen astronómica) «no sirve de nada, lo importante es contar historias». Y así lo aplica cuando guía a los visitantes del planetario oscense.

Esta fue la principal conclusión, compartida por buena parte de los ponentes, de la jornada de divulgación celebrada el pasado 25 de febrero en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza (UZ).

La matemática y divulgadora Clara Grima explicó que comenzó a divulgar respondiendo en forma de historias a las preguntas de sus hijos pequeños, lo que luego se convertiría en las ‘mateaventuras’ de la famosa Mati de su blog.

José Cervera, biólogo y periodista, autor del blog ‘Retiario’ recordó que «durante miles de años hemos mantenido la cultura por transmisión oral; contar historias que nos fascinan sigue funcionando, historias que nos cierren las preguntas y las heridas». Pero actualmente, tanto en periodismo como en ciencia, «tenemos encima un cataclismo: el exceso de información», señaló. «Tenemos que conseguir digerir esa información en un formato que podamos comprender, con contexto, valorada, necesitamos que alguien nos divulgue la información».

Durante décadas, «el modelo de negocio de los medios de comunicación ha sido llevar agua al desierto; la información era un bien valioso por escaso». Ahora, continuó, «en lugar de en cubos hay que trabajar en filtros, en tamices que filtren la información útil de la que sobra. No se trata de llevar agua –información–, sino de separar el grano de la paja, de jerarquizar y explicar por qué». E hizo un llamamiento a «recuperar las técnicas de selección, no de acarreo».

Destacó lo fundamental que es establecer conexiones, como también ocurre en la ciencia que, dijo, «se ha convertido en un inmenso campo lleno de pozos: cada uno trabaja en su propio pozo, cada vez más hondo, incapaz de hablar con el pozo de al lado, es decir, con el laboratorio de al lado, a veces porque no hablan el mismo idioma, otras porque usan las mismas palabras con significados distintos». Tanto en periodismo como en ciencia, las nuevas ideas vienen, considera, «de equipos multidisciplinares y fertilizaciones cruzadas».

El mensaje de la importancia de contar una historia para llegar al público ha calado en los alumnos de los talleres de guión de documental científico que monta desde hace siete años la Unidad de Cultura Científica de la UZ, organizadora también de esta jornada. Así lo expresó uno de los participantes en ellos, Ricardo López, investigador del Laboratorio de Análisis del Aroma y Enología de la UZ. «Desde que participé en el taller cambió mi forma de plantearme la divulgación», relató. «Nuestra investigación a veces es demasiado particular, muy en detalle, y vi que tenía que contar una historia, evitando fórmulas, con ejemplos y, además, hacer algo más». Como repartir muestras de diversos olores entre los asistentes e invitarles a jugar a descubrirlos, como hizo en la jornada.

Otra lección aprendida es que «hay que adaptarse al público: al del Hospital Infantil y al de la cárcel de Zuera, en un bar o en una clase de Primaria». Para él la experiencia de llevar su documental a los niños del Infantil ha sido la más impactante. Beatriz Pardina y Eduardo Guillén,  maestros de esta aula del Infantil, valoraron muy positivamente la experiencia de llevar la ciencia, en forma de documental comentado por los investigadores, a estos niños hospitalizados. «Son niños que no pueden coger un autobús o ir al cine porque están bajos de defensas y, así, abrimos el aula al mundo», señalaron. Y ya hay niños que quieren ser científicos, «han visto que no son como el científico loco de los dibujos animados y se han hecho muchas preguntas».







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