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Investigación

"La situación de la ciencia en España es precaria, y cualquier ayuda cuenta"

El investigador de la Agencia Aragonesa para la Investigación y el Desarrollo Ramón Hurtado Guerrero y su equipo, compuesto por jóvenes investigadores, dan la cara para financiar su ambicioso proyecto a través del 'crowdfunding'.

Ramón Hurtado Guerrero, Investigador ARAID adscrito al BIFI en la Universidad de Zaragoza, y su equipo de investigadores: Matilde de las Rivas (con contrato predoctoral del Gobierno de Aragón), Jorge Casto López y Guillermina Goñi.

Las pequeñas aportaciones, aunque la ciencia sea "cara", son cada vez más significativas para que determinados proyectos salgan adelante y contribuyan a salvar vidas. Así lo indican los investigadores que están detrás de 'NanoFungi: tratamientos antifúngicos alternativos', un ambicioso proyecto adscrito al Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos (BIFI) de la Universidad de Zaragoza que, con ayuda del 'crowdfunding' que impulsa la plataforma Precipita, pretende descubrir fármacos alternativos a los existentes para tratar una de las principales causas de muertes hospitalarias: las infecciones por hongos 'Aspergillus fumigatus'.

"La idea de impulsar este 'crowdfunding' es acercar a la gente lo que hacemos, que vean que la situación precaria de la ciencia en España es la que es y que, por tanto, cualquier ayuda cuenta", subraya Matilde de las Rivas, una de las jóvenes investigadoras que ponen cara a este proyecto. A sus 28 años forma parte de este equipo que dirige el investigador de ARAID Ramón Hurtado gracias a un contrato predoctoral del Gobierno de Aragón. Tiene dos carreras y un máster, pero sin ayudas como la que ofrece esta beca asegura que no tendría más opción que marcharse a trabajar fuera. "A mí la investigación me gusta y, a nivel personal, si me quiero quedar en Zaragoza no puedo. Mínimo me tengo que ir dos o tres años al extranjero para luego plantearme si hay posibilidad de volver", lamenta esta joven al describir la precaria situación que viven los jóvenes investigadores en España, donde aquellos que quieren dedicarse a la investigación apenas alcanzan el 10%.

Los mejores currículums de cada promoción optan a becas como la de Matilde. Tienen expedientes brillantes y son estudiantes a los que les ha ido financiando el Gobierno y el Ministerio su formación para poder optar a una beca competitiva que muy pocos consiguen. "Sin estas ayudas los investigadores tendríamos muy difícil que personas como esta investigadora hiciesen una tesis doctoral porque igual hay en torno a 800 becas por año para todo el país. Este proyecto es una forma de poner en valor la ciencia básica que yo hago, y que puede repercutir en la gente", puntualiza Hurtado, investigador principal del proyecto. Él es de Melilla. Trabajó ocho años en Reino Unido, donde nacieron sus hijos, y ahora lleva otro tanto aquí, haciendo ciencia en Aragón. "Al volver a España me di cuenta de que me había equivocado. Aquí se vive bien, la gente es diferente al resto de Europa, más agradable, pero el país tiene un gran problema: no hay mentalidad de investigación. Hay muchos problemas burocráticos y administrativos que al final aburren, y eso hace que no sea un país atractivo para la ciencia".

¿Por qué no vienen?, se pregunta este investigador. Y acto seguido contesta: "Aquí hay gente muy buena, pero si no hay dinero y no te dan una infraestructura para hacer lo que quieres hacer, no puedes ser competitivo. Hemos estado años sin poder arreglar unas máquinas que teníamos y afortunadamente tenemos a un técnico en la Universidad que todo lo que toca lo arregla, pero ahora luchamos con otra empresa americana que nos pedía 15.000 euros de mantenimiento al año", apostilla Hurtado. 

"La ciencia es carísima, pero pese a todo nosotros competimos a nivel de publicaciones con grupos en Dinamarca de 48 personas que reciben tres millones de euros de presupuesto cada dos años. Nosotros este, que ha sido el mejor, hemos tenido 200.000 euros y somos 3. No se puede competir y aun así competimos. Sacamos publicaciones y hacemos ciencia de mucha calidad", añade de las Rivas, quien confiesa que si a los 18 años se hubiera metido en Tuzsa en vez de estudiar cobraría más que ahora. "Llevo nueve años formándome y ahora con 28 que acabo mi formación en España no tengo nada más que eso y empresas privadas que vaya a saber. Los organismos públicos están demasiado viciados, o te vas fuera o aquí no te quedas, y eso contribuye a que la gente no sepa la cantidad de jóvenes que de los 25 a los 30 están metiendo todas las horas del mundo por un sueldo regular pero que luego no se pueden quedar… Al final nadie duda de la formación, dudas del sistema y de la integración. Si no hay proyectos para los investigadores que no tienen dinero para contratar gente, yo acabo aquí super formada y a los cuatro años me tengo que ir", lamenta de las Rivas, quien confía en que iniciativas como esta ayuden a que la gente sea más consciente de la situación que viven los jóvenes (y no jóvenes) investigadores en España. 

"Las becas son el único método ahora mismo para que la gente se meta a hacer el doctorado, un trabajo a tiempo completo en el que no te pagan horas extras. Me interesa la posición de la mujer en la investigación y te encuentras muchas veces con chicas válidas que se han trasladado al extranjero con la familia sabiendo que no van a volver a España. ¿Qué sentido tiene estar 'chupando' del Estado si en Alemania están deseando cogerte y pagarte con tu formación actual el doble?", se pregunta esta investigadora. 

Un proyecto ambicioso para frenar las muertes hospitalarias

Con su proyecto 'NanoFungi: tratamientos antifúngicos alternativos', al que este equipo adscrito a la Universidad de Zaragoza pone cara, buscan solucionar el problema de las resistencias a los tratamientos antifúngicos en el ámbito hospitalario. Según explican, los principales beneficiarios serían pacientes inmunodeprimidos (por enfermedad o por situación vulnerable como puede ser un ingreso hospitalario) que hayan contraído una infección fúngica (causada por hongos). En el mejor de los casos, si el proyecto llega a buen término, dispondrían por fin de tratamientos efectivos para curar este tipo de enfermedades infecciosas por las que fallecen alrededor de un millón de personas cada año. La cifra mínima para continuar el proyecto es de 5.000 euros, y la óptima de 25.000. En caso de superar el objetivo, lo invertirían en ampliar la línea de investigación hacia el desarrollo de 'nanobodies' (anticuerpos selectivos) contra otras de las cepas fúngicas más infecciosas. 

"El 'crowdfunding' está moviendo un montón de proyectos y hay algunos que han batido récords. Hay gente que cuando pone cara a la investigación tiene una sensación más tangible de que el dinero que invierte va para una causa -en nuestro caso, la de aumentar la supervivencia de pacientes inmunodeprimidos-. Sin lo que hacemos nosotros nunca habría fármacos y, en este sentido, el 'crowdfunding' (o micromecenazgo) ayuda a que la gente ponga cara a las personas que hay detrás, gente joven en su mayoría que le echa horas y está desviviéndose por sacar adelante estos proyectos. Queremos que con esta iniciativa la gente sea más consciente de que pequeñas aportaciones, aunque la ciencia sea cara, son significativas para la ciencia en España", concluye de las Rivas.





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