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África

"La necesidad, la pobreza y la miseria que hay me hicieron quedarme en el Chad"

La religiosa Ángela Vázquez, de 58 años, lleva casi diez años en el Hospital de Saint Michel de Dono Manga, donde de la mano de la Fundación de médicos aragoneses Ilumináfrica trabaja para devolver la vista a la población chadiana.

15/11/2017 a las 06:00
La religiosa Ángela Vázquez, de 58 años, en el Hospital de Saint Michel de Dono Manga, en la República del Chad.Fundación Ilumináfrica

Cuando la religiosa mexicana Ángela Vázquez llegó al Chad en 2008, nunca imaginó que sería para quedarse, pero la necesidad, la pobreza y la miseria que vio allí le impidieron marchar. "El ver tanta necesidad me empujó a quedarme. Yo invitaría a la gente a venir, y no solo a cooperantes, para que se comprometieran con esta otra realidad. Abriendo los ojos allí a muchos les cambiaría la vida", confiesa en una visita a Zaragoza para reencontrarse con sus compañeros y amigos de la Fundación Ilumináfrica.

Sor Ángela y otras tres monjas de la Comunidad Hijas del Sagrado Corazón de Jesús se encargan de llevar la óptica del hospital de Saint Michel de Dono Manga, donde de la mando de la Fundación de médicos aragoneses Ilumináfrica trabajan sin descanso para devolver la vista a la población chadiana. "Gracias a ellos yo aprendí a estar en la óptica y ahora el tiempo que ellos no están la puedo atender. A los pacientes y otros trabajadores del hospital les explicamos que son gente que regala parte de sus vacaciones y de su vida ordinaria para venir a mejorar un poco la vida acá, y con el paso de los años se han convertido en un buen testimonio de vida para todos nosotros", subraya esta religiosa.

Allí afrontan largas jornadas para atender a pacientes venidos de diferentes regiones de un país en el que la miseria, el hambre y la escasez de agua potable son una realidad que va cambiando, aunque muy lentamente. "La recompensa final nos la da Dios, pero lo más gratificante que podemos hacer aquí es dar asistencia sanitaria a nuestro nivel. Cuando falta todo lo necesario, con lo que tienes hay que luchar contra todo para lograrlo y eso es lo más emocionante y sorprendente, que aun en situaciones más desventajosas, se salvan vidas con el esfuerzo y la lucha personal diaria", afirma Sor Ángela.

La sonrisa y las muestras de cariño que les brindan aquellos a quienes devuelven la vista es también otra de las razones que empujan a esta religiosa a permanecer trabajando como sanitaria en este hospital del Chad, donde la Fundación Ilumináfrica contribuye también a formar a otros jóvenes chadianos para intentar que en un futuro la asistencia en este centro hospitalario no dependa tanto de fuera.

"Nosotros decimos que aquí se obran pequeños 'milagros' todos los días. Desde los que se operan de cataratas, que sienten que vuelven a ver y te tocan la mano para darte las gracias, a los que nos llegan más graves y al final no dejan de agradecerte cuando logran marchar caminando", destaca la religiosa, quien define a la población chadiana como una sociedad "luchadora, noble y muy familiar, con una capacidad de soportar el dolor y la miseria que es digna de admirar".

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