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Investigación oncológica

Una 'biopsia virtual' para ver el cáncer invisible gracias al 'crowdfunding'

El investigador aragonés Alberto Jiménez Schuhmacher muestra los resultados de un proyecto esperanzador contra el tumor cerebral más letal: el glioblastoma multiforme. La prestigiosa revista científica 'PLoS ONE' se hace eco del estudio.

El investigador aragonés Alberto Jiménez Schuhmacher en el laboratorio.

El glioblastoma multiforme es un tipo de tumor cerebral que tiene un pronóstico desolador. Los tratamientos apenas han variado en años y la supervivencia de los pacientes con este tumor solo ha aumentado unos meses en el último medio siglo. "El diagnóstico se da cuando el tumor da síntomas y ya está avanzado. Las técnicas de imagen actuales tienen muchas limitaciones y solo nos dan una idea de la anatomía del tumor, muchas veces imprecisa, teniendo que recurrir a una técnica invasiva como una biopsia intracraneal", explica el investigador aragonés Alberto Jiménez Schuhmacher tras cumplir "satisfecho" los objetivos de un proyecto prometedor para plantarle cara al cáncer. 

Todo comenzó hace aproximadamente tres años, cuando varios científicos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) se unieron alrededor de una idea para el desarrollo de una nueva técnica de diagnóstico. "Pedimos financiación por las vías normales para los científicos, pero no hubo manera. No teníamos resultados preliminares. Estábamos en una época de crisis en la que no se financiaba nada y era la excusa para denegarnos las ayudas", recuerda Jiménez. 

Desesperanzados, él y el resto de investigadores -compañeros por primera vez ante un gran reto- lanzaron una campaña de micromecenazgo que les dio la oportunidad de hacer realidad la primera fase del proyecto. "Esta era la prueba de concepto", señala Jiménez, quien destaca que se ha hecho con relativamente poco presupuesto (en torno a 65.000 euros, de los que 25.000 proceden del crowdfunding) y supliendo con horas extras de trabajo "todo lo que hiciera falta". 

La difusión a través de HERALDO DE ARAGÓN y el apoyo y la generosidad de la sociedad aragonesa fue para este grupo de investigadores un "punto de inflexión" para conseguir el dinero. Gracias a la ayuda ciudadana, las donaciones crecieron exponencialmente y el equipo alcanzó su objetivo, convirtiéndose en el primer grupo de investigación que logró la financiación de un proyecto científico por medio de la plataforma Precipita en España. 

"A veces crees que haces cosas en el laboratorio que no le importan a nadie, pero luego ves que te llaman, te preguntan y se ilusionan. Había personas que siempre habían querido ayudarme, pero no sabían cómo. Después de la campaña, cuando entraba al laboratorio sentía que lo hacía con los 200 donantes que nos ayudaron. He sentido que a la gente le importa lo que hacemos, he dejado de sentirme solo en el laboratorio", confiesa este investigador.

Muchos de esos donantes anónimos han pasado ahora a ser amigos. Las redes sociales también se hicieron eco del proyecto y Jiménez relata que fueron cientos los mensajes de ánimo que recibieron por parte de personas de distintas partes de España que estaban interesadas en sus progresos. "Hubo casos que me conmovieron mucho, como el de una familia que tenía un familiar enfermo y nos dedicó la colecta de todo un día de venta en su panadería del pueblo", cuenta. Recuerda también el caso concreto de una psicóloga que, tras verlo dar una conferencia a unos estudiantes en Madrid, se volcó también con la causa; o a las decenas de personas que visitaban su laboratorio con una ilusión inmensa. "Ha sido una experiencia extraordinaria... ¡Investigar funciona!", exclama.

Primera fase completada. ¿Y ahora qué?
Esta semana, el investigador Alberto Jiménez y su equipo completaron la primera fase del proyecto, cuyos resultados -tras pasar una exhaustiva evaluación- se recogen en la prestigiosa revista científica 'PLoS ONE'.

En esta primera fase, el grupo de investigación ha profundizado en un tipo de técnica que ayudaría a los médicos a recabar más información sobre el tumor por medio del famoso PET (tomografía de emisión de positrones), una técnica muy sensible e infrautilizada que utiliza en el 95% de las ocasiones un azúcar con estas partículas físicas. "Como en general -explica Jiménez- las células tumorales consumen más azúcar que las sanas, esta técnica nos permite encontrar, por ejemplo, tumores y metástasis".

Por el contrario, en el caso de los tumores cerebrales esta técnica no sirve de mucho, ya que el cerebro devora azúcar, y esto dificulta ese 'marcaje' que realizan los investigadores. Además, según informan, en pacientes con cáncer cerebral, tomar una biopsia implica un riesgo grande. "Para ello, lo que nos propusimos fue utilizar otras moléculas, que se llaman anticuerpos, y marcarlas con estos positrones para poder tener una imagen, como si fuera una 'biopsia virtual' del tumor que nos permita no solo conocer la forma, la geografía o su extensión, sino también sus características y saber si un determinado tratamiento va a ser más eficaz que otro", detalla Jiménez, quien se muestra "optimista" al haber concluido esta primera fase de prueba de concepto.

"Podemos hacerlo, la diana que hemos elegido para detectar con anticuerpos parece la adecuada. Es una proteasa llamada MT1-MMP, que degrada el entorno del tumor para que crezca, favorece el crecimiento de vasos sanguíneos que nutren al tumor y corta y activa factores de crecimiento, entre otras funciones", aclara.
 
Una imagen del ratón utilizado para el famoso PET (tomografía de emisión de positrones). Alberto Jiménez Schuhmacher

Así, tras analizar cientos de muestras de pacientes, vieron que la presencia de esta proteasa era mayor cuanto más maligno era el tumor, y que apenas se expresaba en el resto del cerebro. "Los siguientes pasos consistirán en hacer ingeniería de anticuerpos para que estos sean óptimos para su uso en pacientes y cambiar la fuente de positrones logrando que sea accesible y económica para cualquier hospital", puntualiza. 

Los elevados costes de esta técnica la hacen poco accesible para la mayoría de laboratorios, pues requiere de unas instalaciones "espectaculares y gigantescas" -llamadas ciclotrones-, que Jiménez describe como una especie de mini CERN. "Nuestro objetivo es modificar el anticuerpo para hacerlo más dinámico y que pase mejor al cerebro. Parece sorprendente, pero podemos hacerlo en los camellos que usan los turistas en Canarias y también en tiburones. Los anticuerpos de estos animales son más pequeños y podrían pasar una barrera importante que tenemos en el cerebro. Habrá que modificarlos para que pasen esa barrera y 'humanizarlos' para que sean seguros", adelanta. El otro gran desafío que plantea su proyecto pasa por "desarrollar un generador no más grande que una Nespresso y de esta manera, reducir los costes para hacerlo accesible a todos los hospitales", añade. 

Dos años después de iniciar su ya conocida campaña de micromecenazgo, este investigador subraya que gracias a una ayuda que recibió de la Fundación BBVA han podido hacer el estudio de una manera más completa a la inicialmente prevista; aunque reconoce también que "sin los primeros datos generados con la solidaridad ciudadana", el proyecto no hubiera conseguido arrancar.

"La parte buena que tiene todo esto es que te acerca mucho a la sociedad y da un poco a conocer el tipo de investigación que se puede hacer en los centros. La investigación tiene que ser rigurosa y no puede vender humo, pero para empezar proyectos arriesgados que no tienen resultados al principio, el 'crowdfunding' puede ser una alternativa antes de seguir los cauces habituales. Ahora creemos que esto es lo que va a pasar. Hemos demostrado con resultados que investigar funciona y seguro que en las convocatorias que vienen conseguimos la financiación", concluye esperanzado este zaragozano.

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