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Salud

Uno de cada cuatro aragoneses toman antibióticos sin receta pese a las advertencias sanitarias

​Los médicos alertan de los posibles problemas: falta de efectividad, efectos secundarios y enmascarar otras patologías.

M. Sádaba. Zaragoza Actualizada 18/05/2016 a las 08:19
Blísters de diferentes antibióticos.HA

El uso de antibióticos de manera indiscriminada es un problema que sigue patente. A pesar del intento por parte de las autoridades sanitarias de limitar el acceso a estos medicamentos a través de la implantación de la receta electrónica, todavía un 18,8% de los españoles aseguran que han tomado antibióticos sin receta médica. Una proporción que aumenta hasta el 25% cuando se les consulta a los aragoneses. Al menos, así lo asegura el Barómetro Sanitario de 2015, publicado la pasada semana. “Con la receta electrónica se ha intentado controlar que los pacientes no tengan exceso de medicamentos en casa y que solo se les proporcionen cuando son necesarios y bajo la supervisión médica. Sin embargo, no siempre se logra”, recalca Belén Lomba, vicepresidenta del Colegio de Médicos de Zaragoza.

Desde su punto de vista, sí que ha ayudado a reducir los envases que hay en las casas, aunque todavía se puede mejorar. De hecho, a pesar de que uno de cada cuatro aragoneses toman antibióticos sin receta, es una de las comunidades que menos uso realiza de estos tratamientos. Según la información facilitada por los ciudadanos al CIS, solo 7,1% de los aragoneses habían consumido antibióticos en los últimos quince días. Mientras que la media española se situaba en el 14,4%.

“Todos los tratamientos tienen que estar prescritos porque son los facultativos los que conocen el cuadro clínico del paciente y los efectos que puede tener o no cualquier tipo de medicación”, recuerda Lomba. No obstante, reconoce que algunas personas deciden por su cuenta tomar algún fármaco, en especial, antibióticos sin que estos hayan sido recetados por un médico. “En muchas ocasiones, debido a las demoras en las consultas y su incompatibilidad con el trabajo, van directamente a la farmacia y se lo compran”, destaca Lomba.

Y es que, según los datos del Barómetro Sanitario de 2015, solo el 20% de los aragoneses consiguen cita con el médico de cabecera el mismo día que la solicitan, mientras que más del 30% aseguran que nunca o casi nunca la obtienen para ese momento. De hecho, solo el 33% de los pacientes logran una cita con un plazo de entre uno y dos días, mientras que casi un 12% tienen que esperar entre 5 y 10 para poder ser atendidos por su médico de atención primaria. “Casi todos los días la agenda diaria está completa, pero siempre hay huecos dedicados a los casos de urgencia”, especifica Lomba.

Ante esta situación, los pacientes que deciden tomar el antibiótico por su cuenta suelen acudir a una farmacia para que les venda el producto. Esta dispensación está prohibida si no se facilita una receta médica, pero hay algunas boticas en las que sí se venden sin receta. Otra opción, también muy frecuente, es ingerir algún antibiótico que hay en casa. “Hay pacientes que con una patología les han recetado este fármaco, les han sobrado y los utilizan en otra ocasión”, especifica.

Ejemplo de ello es que un 30% de los aragoneses aseguran que guardan envases de medicamentos (no solo antibióticos) recetados por su médico de cabecera. El 66% de ellos los mantiene por sus patologías crónicas y para evitar quedarse sin medicación y el 29%, porque le cambiaron el tratamiento. No obstante, hasta un 10% los guarda debido a que en su anterior dolencia no los terminó. “No tenemos que guardar fármacos y tomarlos en otras ocasiones, ya que siempre es recomendable la intervención médica para poder aconsejar debidamente”, recuerda Lomba.
 

¿Qué efectos tiene?

Esta posición tiene fundadas razones sanitarias. “Cuando alguien ingiere antibióticos de manera indiscriminada puede favorecer la presencia de bacterias resistentes a este tipo de fármacos y, a medio plazo, puede provocar que pierdan eficacia para tratar infecciones”, especifica Lomba. Por ejemplo, es común que en época de catarros, los pacientes decidan tomar antibiótico sin que se lo haya recetado el médico. “Queremos curarnos ya y eso no puede ser. Todo tiene su proceso y hay casos en los que es más efectivo el tratamiento con antihistamínicos y analgésicos. Solo es necesario el antibiótico si la enfermedad se mantiene o empeora”, subraya.

El uso indebido también puede ocasionar efectos secundarios por la mezcla con otros medicamentos. “Un médico sabe si se puede consumir a la vez que otros fármacos y el historial del paciente con lo que, aunque siempre haya riesgos, éstos disminuyen”, recalca. Otro de los efectos que puede tener en el paciente el uso de antibióticos sin una previa consulta médica es que enmascare la patología real. “Hay veces que la gente ve que tiene un picotazo y se da antibiótico en crema. De este modo, cuando acude al centro de salud porque no mejora, el diagnóstico es más complicado”, explica Lomba.
 

Sin tratamiento por falta de dinero

Este Barómetro Sanitario arroja más datos, como que se ha reducido a la mitad el número de aragoneses que no pueden adquirir medicamentos por cuestiones económicas. Mientras que en el estudio realizado el pasado año, casi un 6% de la población debían dejar su tratamiento por falta de recursos económicos, en la actualidad esta cifra ha descendido hasta el 3%.

Este problema empezó a darse a causa de la crisis, en concreto, debido al aumento del paro y la bajada de los sueldos. Sin embargo, parece que, según va mejorando ligeramente la economía, la falta de recursos para adquirir los fármacos va siendo menos frecuente.







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