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Opinión

​Año 1 de la década D de la guerra contra el cáncer

El investigador aragonés en el CNIO Alberto Jiménez ofrece el parte de guerra de la lucha contra la enfermedad. 

Alberto Jiménez Schuhmacher 04/02/2016 a las 06:00
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Hace un año muchos investigadores sentimos que habíamos llegado a un punto de inflexión en la Guerra contra el Cáncer. Por primera vez notamos que confluían muchos avances científicos y tecnológicos y que podíamos empezar a ganar batallas en esta guerra, que entrábamos en la “década D”. No es una guerra entre ejércitos. Como ocurre en la actual guerra contra el terrorismo debemos identificar, atacar y neutralizar a unas células rebeldes dentro de nuestro sistema, de nuestro cuerpo.

Las guerras se ganan con la información, descifrando el código enemigo. Enigma, el decodificador de textos nazis, dio un vuelco en la II Guerra Mundial. Vivimos un momento fascinante en los laboratorios, desciframos los mensajes enemigos que lleva el cáncer en su bagaje genético. El abaratamiento y mejora de las técnicas de secuenciación del ADN nos está enseñando que el enemigo es más complejo de lo anticipado, pero nos está ayudando a identificar qué mutaciones son responsables de los tumores. Algunas mutaciones servirán como dianas terapéuticas. Ahora sabemos diseñar racionalmente nuevos fármacos, terapias dirigidas, de modo más eficiente y veloz. El análisis masivo del genoma de pacientes oncológicos también nos está abriendo la puerta a descubrir genes que causan predisposición a padecer un tipo de tumor y ayudará a establecer estrategias preventivas.

Historias clínicas, datos genómicos, respuestas a tratamientos… “big data” compartido por la comunidad científica que está favoreciendo, con la ayuda de grandes ordenadores, el diseño de nuevos y más certeros ataques. La medicina de precisión va a permitirnos saber cómo tratar a cada paciente de manera exclusiva. Como si de una nueva guía láser para misiles de nueva generación se tratara, la presencia de determinadas mutaciones determina el tratamiento a seguir en algunos tumores de mama, melanoma y pulmón. Implantar la secuenciación del genoma de todos los pacientes oncológicos que entren en el hospital revolucionará su tratamiento en unos años, cuando logística y económicamente sea accesible. Gracias a la biopsia líquida empezamos a aprender a encontrar y descifrar el ADN que viaja por nuestro torrente circulatorio de esas células egoístas, viajeras e inmortales.

Con el avance de la tecnologías de secuenciación este año ha nacido un nuevo tipo ensayo clínico, el “ensayo en cesto”, que puede reemplazar hasta a 40 ensayos de los tradicionales, acelerando los descubrimientos y abaratando los costes al tiempo que permite analizar más tipos de tumores que de otra manera no se harían por su baja frecuencia.

El libro milenario de Sun Tzu, dicta que “El Arte de la Guerra” se basa en el engaño. Las células tumorales engañan a nuestro sistema inmune, los policías del cuerpo, y en lugar de ser atacados los sobornan en su propio beneficio. Estamos descubriendo cómo funciona el sistema inmune frente a tumores, los mecanismos moleculares involucrados y cómo podemos manipularlo para que sirva como terapias.

Estamos aprendiendo a reeducar y reinsertar a los corruptos con un nuevo arma, la inmunoterapia. Esta terapia está en pañales pero ya está dando grandes alegrías. Cuando funciona lo hace muy bien, pero a otros pacientes no les hace nada. Debemos entender por qué esto es así y diseñar nuevas formas de inmunoterapia. Veremos próximamente la aprobación de biomarcadores que permitan identificar a aquellos pacientes que puedan beneficiarse más de estas terapias. Actualmente inmunoterapia forma la segunda línea de tratamiento pero acabarán alcanzando las primeras líneas en el batallón terapéutico.

Este año ganamos otra batalla moral, el rescate de la pequeña Layla. Esta niña de Reino Unido, padecía una leucemia muy agresiva letal. Sus médicos no tenían nada más que ofrecer y como último recurso intentaron una terapia genética pionera que sólo se había probado en ratones. Salvaron su vida. Esta herramienta ya ha quedado obsoleta en el laboratorio. Ha entrado con fuerza la técnica de edición genética CRIPR/Cas9. La base militar de esta herramienta se construyó en Santa Pola, aunque en ella aterrizan aviones extranjeros. Tecnología que permitirá buscar y validar dianas terapéuticas más rápido y también disponer de mejores modelos experimentales.

Como ocurrió con la II Guerra Mundial, EE. UU. prepara una bomba atómica contra el cáncer, un nuevo proyecto Manhattan con el que va aumentar la financiación y realizar iniciativas para que corramos el doble. Nos aproximamos a una época en la que los avances técnicos van a invadir los hospitales. Mejoras en la imagen biomédica, optimización de la cirugía, radio y quimioterapia se unen a estos avances científicos y hacen que hoy estemos sensiblemente mejor que hace unos años. Muchos de los grandes avances del año han llevado firma española, si bien en muchos casos el domicilio postal estaba en el extranjero. ¡Investigar funciona!

* Alberto Jiménez Schuhmacher (Zaragoza, 1980) es científico en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO).







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