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Estudio científico

​La peste infectó a los humanos 3.000 años antes de lo que se pensaba

El estudio del Centro de GeoGenetics ha tomado muestras de ADN de dientes de individuos de la Edad de Bronce de Europa y Asia.

Eurpa Press. Madrid Actualizada 22/10/2015 a las 19:36

Las infecciones de peste eran comunes en los seres humanos 3.300 años antes de lo que sugiere el registro histórico, según informa un estudio publicado este jueves en 'Cell'.

Al secuenciar el ADN de muestras de los dientes de individuos de la Edad de Bronce de Europa y Asia, los investigadores descubrieron evidencia de infecciones de peste hace aproximadamente 4.800 años, aunque pasaron al menos otros mil años hasta que la bacteria que causa la enfermedad, 'Yersinia pestis', adquirió cambios clave para su virulencia, lo que hizo que se extendiera a través de las pulgas y evadiera el sistema inmune del huésped.

"Hemos encontrado que el linaje de 'Y. Pestis' se originó y fue generalizado mucho antes de lo que se pensaba y redujimos la ventana de tiempo en cuanto a cuándo se desarrolló", dice el autor principal del estudio Eske Willerslev, del Centro de GeoGenetics, en la Universidad de Copenhague, Dinamarca. "Este estudio cambia nuestra visión de cuándo y cómo la plaga afectó a las poblaciones humanas y abre nuevas vías para el estudio de la evolución de las enfermedades", añade.

'Y. Pestis' fue culpable de la notoria plaga de Justiniano del siglo VI, la Muerte Negra, que mató a entre el 30 y el 50 por ciento de la población europea a mediados de los años 1300, y la Tercera Pandemia, que surgió en China en la década de 1850. Supuestas plagas anteriores, como la plaga de Atenas hace casi 2.500 años y la Peste Antonina del siglo II, se han relacionado con la disminución de la Grecia clásica y el debilitamiento del ejército romano.

Sin embargo, no ha estado claro si 'Y. Pestis' podría haber sido responsable de estas primeras epidemias porque no se ha obtenido evidencia molecular directa de esta bacteria a partir de material esquelético de hace más de 1.500 años. Sobre la base de su trabajo reciente, Willerslev, Kristian Kristiansen, de la Universidad de Gotemburgo, Suecia, y sus colaboradores sospechan que la plaga podría haber estado en poblaciones humanas mucho antes de lo que se pensaba.

Hace unos meses, publicaron un estudio de alto perfil genómico poblacional de individuos euroasiáticos de la Edad de Bronce (3000 aC a 1500 aC), que mostraron que fue un periodo muy dinámico que implica migraciones a gran escala y reemplazos de población que fueron responsables de dar forma a las partes principales de la actual estructura demográfica en Europa y Asia. Pero la razón de estas migraciones no estaba clara.

"Uno de los escenarios que discutimos fue la idea de que las grandes epidemias podrían haber facilitado esa dinámica -afirma el co-primer autor Morten Allentoft, del Centro GeoGenetics--. Tal vez, la gente estaba migrando para alejarse de epidemias o recolonizar áreas donde las epidemias habían diezmado las poblaciones locales. ¿Podría ser, por ejemplo, que la plaga estuviera presente en los seres humanos que ya estaban en estos tiempos prehistóricos?". Para responder a esta pregunta, los investigadores examinaron 89.000 millones de secuencias de ADN obtenidas de los dientes de 101 individuos de la Edad de Bronce de Europa y Asia, recogidos de varios museos y excavaciones arqueológicas.

Descubrieron ADN de 'Y. Pestis' en siete de estas personas, cuyos dientes fueron fechados entre 2794 aC y 951 aC (inicio de la Edad de Hierro). El análisis evolutivo reveló que el ancestro común más reciente de todas las cepas de 'Y. Pestis' conocidas es hace 5.783 años, miles de años antes que las estimaciones previas. Por otra parte, los genomas de 'Y. Pestis' de la Edad de Bronce carecían de un gen llamado 'toxina murina de la Yersinia' (ymt), que se conoce por proteger el patógeno dentro de la tripa de las pulgas y permitir así la propagación de la plaga a los seres humanos a través de un insecto vector. Sin embargo, este gen estaba presente en el genoma de 'Y. Pestis' del individuo de la Edad de Hierro, lo que sugiere que la peste llegó a ser transmisible por las pulgas aproximadamente entre 3.700 y 3.000 años atrás.

Este nuevo hallazgo está en conflicto con los estudios previos que sugieren que el gen ymt fue adquirido a principios de la evolución de 'Y. Pestis' debido a su importancia en el ciclo de vida del patógeno. Además de la transmisión generalizada a través de las pulgas, otro secreto del éxito de 'Y. Pestis' ha sido su evasión sigilosa del sistema inmune del huésped. En los mamíferos, el sistema inmune ha evolucionado para reconocer y montar respuestas protectoras contra una proteína llamada flagelina, que es el componente principal de los flagelos, apéndice movible con forma de látigo que ayuda a las bacterias a moverse.

En todas las cepas anteriormente conocidas de 'Y. Pestis', una mutación en el gen flhD ha impedido la expresión de la proteína flagelina. Sin embargo, esta mutación no estuvo presente en los dos individuos más antiguos de la Edad de Bronce y el sistema de flagelos se encontraba todavía en el proceso de desarrollo en el individuo más joven de la Edad de Bronce. Tomados en conjunto, los resultados sugieren que la 'Y. Pestis' no se adaptó plenamente como un patógeno transmitido por las pulgas a los mamíferos hasta el comienzo del primer milenio antes de Cristo, dando lugar a las plagas históricamente registradas.

"Los mecanismos evolutivos subyacentes que facilitaron la evolución de 'Y. Pestis' siguen presentes hoy en día y aprender de esto ayudará a entender cómo patógenos en el futuro podrán surgir o desarrollar una mayor virulencia", dice el co-autor del estudio Simon Rasmussen, de la Universidad Técnica de Dinamarca. "Además, nuestro estudio cambia la comprensión histórica de este importante patógeno humano y hace posible que otras de las llamadas plagas, como la Plaga de Atenas y la Peste Antonina, podrían haber sido causadas por 'Y. pestis", agrega.

En futuros estudios, los investigadores buscarán evidencia de plaga en otras regiones geográficas y periodos de tiempo para entender mejor la historia de esta enfermedad. También buscarán antiguos restos de ADN de otras bacterias transmitidas por la sangre y los virus. "Nuestros hallazgos revelan que se pueden encontrar antiguos microbios patógenos en antiguo material humano que no presenten signos morfológicos evidentes de la enfermedad", dice Willerslev.







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