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Ébola

"Mi hermano ama África y decidió vivir allí su vida"

El hermano del misionero Manuel García Viejo cuenta cómo han vivido la noticia. 

Efe. León Actualizada 21/09/2014 a las 00:02
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Manuel García Viejo lleva 30 años trabajando en África

En la acogedora casa de Emilio García Viejo suena muchas veces el teléfono, más incluso desde que enviudó, pero con una de estas llamadas este octogenario tuvo el presentimiento de un mal augurio y acertó: su hermano Manuel, el que "ama África y decidió vivir allí su vida", está infectado de ébola y va a ser repatriado desde Sierra Leona.

De naturaleza amable y expansiva, Emilio muestra en su domicilio de Folgoso de la Ribera (León) una fotografía del religioso, al que no ve desde hace poco más de un año, y cuenta a EFE que, a pesar de que la familia sabía que estaba hospitalizado y en cuarentena "él nos comunicaba que estaba bien, que no nos preocupásemos".

"Ahora no tengo mucha confianza", dice con resignación, y explica que Manuel tiene 69 años y que su cumpleaños número 70 es el próximo 10 de octubre: "Ojalá podamos vivirlo", apunta, y comenta que él -Manuel- siempre visita el pueblo en agosto, pero en esta ocasión no ha podido ser.

Son apenas cuatro centenares los habitantes de Folgoso de la Ribera, y la familia García Viejo es una de las más conocidas. Son cuatro los hermanos que quedan vivos: Emilio, que nació el 20 de marzo de 1933; Jose, que reside en León; Antonio, el mayor, y Manuel.

Ángel, que era el quinto, falleció en Barcelona, y el próximo abril hará cinco años de su muerte.

En la cocina, y revisando el álbum familiar, Emilio subraya que todos, los cinco, han estado siempre muy unidos, y prueba de ello son los vecinos que acuden a su puerta para preguntar o que se reúnen en los bares de la zona, como el Balboa, para seguir la información que va dando la televisión.

Manuel pasó por una malaria, rememora Emilio, y la superó: "Se recuperó, aún cuando la cosa parecía complicada, pero ahora..."

Los bisabuelos, abuelos, padres y hermanos del misionero han morado en Folgoso "generación tras generación", y "a él, a Manolo, le gustaba tanto venir, caray", sostiene Emilio, y suplica: "Por favor, pedimos que se recupere".

Interrumpe su conversación por una llamada de su hija, Dolores, que tiene 51 años y se dedica a la medicina privada en Oviedo. Ella le hace saber que los frailes de la orden de San Juan de Dios, los que han transmitido el deseo de Manuel de volver a España para ser tratado, irán dando cumplida información.

"Manolo lleva allí más de cuarenta años", espeta Emilio al colgar, y mira un cuadro que pende de su pared con una fotografía de su hermano.

En la vivienda adyacente reside Antonio, al que acompaña su esposa Visi, que no da su nombre real porque no se siente cómoda con él. Esta mujer no puede contener las lágrimas: "Manolo siempre ha estado aquí, con nosotros... Antonio es muy religioso y reza. Si podemos verlo en Madrid cuando llegue, vamos a ir".

En el exterior de su residencia, observa el huerto, el mismo que Manuel solía admirar. Un móvil, el suyo, interrumpe sus pensamientos: "No sabemos nada más, solo que el Gobierno ha anunciado su vuelta. Perdón, me tengo que ir", se disculpa entre sollozos.

El Gobierno ha anunciado la repatriación del religioso leonés, que desarrolla su labor como director médico del Hospital San Juan de Dios en la ciudad de Lunsar.

En el municipio del que es originario todos sufren su particular vía crucis por el estado de un vecino que siempre soñó con ejercer la medicina, en la que ahora confían para su salvación. 
 







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