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Relatos

Nueva oportunidad

Relato breve de Mª Rosario Romero Corella, con motivo de la festividad de San Jorge.

M Rosario Romero Corella Actualizada 09/04/2016 a las 14:51
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Tomás era un hombre cualquiera en una ciudad con nombre. Un hombre discreto y prudente al máximo. Delgado, con pelo blanco, alimentaba las palomas con los trozos de pan que llevaba en el bolsillo. Un hombre agradable y apacible. Tomás gustaba a la gente y la gente le gustaba a Tomás.

Tomás era de pueblo, un pueblo pequeño de Zaragoza. Allí había dejado a sus padres y a su hermana. Nunca se sintió bien en el pueblo. Notaba que era distinto y que la gente murmuraba a sus espaldas. Después de muchos años, decidió huir y acabó en la ciudad, buscando una paz que el anonimato de Zaragoza podía procurarle.

Trabajó de muchas cosas a su llegada y ahora era portero, de los de verdad, de los que cuidan a las casas y a la gente que habita en ellas. Disfrutaba viendo a los niños antes de ir al colegio y de saludar a sus padres desde la garita.

La vida de Tomás cambió cuando conoció a Andrés. Con él compartía vida y piso, velado bajo una falsa apariencia de amistad. Compartiendo un secreto en lo más profundo de sus vidas cotidianas.

Tomás tenía en el desván un baúl, lo único que le unía a su pasado. Cada mes lo abría y cogía una cartilla de ahorro a nombre de Silvina (Hija). Cada mes hacía un ingreso, puntual como un reloj, a ese número de cuenta. No por ello dejaba de sentirse culpable, pero era la única forma de poder llevar una vida normal, entendiendo que eso era lo mejor para todos.

Cada vez que habría el baúl, se remontaba 25 años atrás… La melena al viento, la falda corta, la bata del trabajo de costurera… decir que sentía nostalgia, sería demasiado decir. En esa época no era él. Era Silvina, la costurera de un pequeño pueblo de Soria. Una mujer que no se sentía como tal y a la cual la gente miraba con recelo, intentando saber cuál era su secreto…por qué no se había casado, por qué era solitaria…

Una noche de invierno, Silvina tuvo un encontronazo con un desaprensivo que la dejó embarazada. Solo su hermana sabía de su deseo de empezar una nueva vida como hombre lejos de allí y de cómo su embarazo truncaba su única opción de salir.

Silvina supo que esa era su oportunidad. Su hermana criaría a la niña. Simularon el embarazo de Adela y todo salió a las mil maravillas. Adela siempre había deseado tener hijos y por capricho de la naturaleza no había concebido.

Con el corazón en un puño y lágrimas en los ojos, Silvina dejó a su bebé y se adentró en un mundo paralelo hasta que consiguió reunir el dinero necesario para operarse.

De eso hacía ya 10 años. Tomás cerró el baúl y respiró. Solamente una vez al mes se permitía mirar atrás. Solo cuando hacía en ingreso en la cuenta de su hija.

Se secó las lágrimas y sonrió. Su hermana había cumplido su promesa. Una vez al mes, su sobrina Silvina pasaba un fin de semana con su tío Tomás. Puede ser que no fuera lo más normal del mundo, pero era lo suficiente para poder ser feliz en esta vida.
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