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"El patrimonio genético de las razas aragonesas va camino de perderse irremediablemente"

Ganaderos y asociaciones envueltas en la conservación de las razas autóctonas critican los pasos hacia atrás que se han dado en los últimos años.

V. Millán. Zaragoza Actualizada 24/10/2015 a las 06:00
Algunas de las vacas ecológicas de Javier CazcarroOtropirineo

Aragón cuenta con más de una veintena de razas autóctonas. Animales propios del territorio que el hombre ha fomentado durante siglos y que su propio desarrollo, junto con la selección generación tras generación de ganaderos y pastores, les ha dotado de unas características adecuadas para su entorno.

De ellos, la gran mayoría corresponden a variedades ganaderas de vacuno, ovino y caprino que cuentan con distintos niveles de protección, pero también se incluyen otros animales, como el perro pastor del Pirineo o Can de Chira, que carecen todavía de cualquier reconocimiento.

Durante los últimos veinticinco años su fomento y explotación ha basculado sobre asociaciones de criadores que, sin embargo, en los últimos tres años denuncian “un retroceso prácticamente irrecuperable” en la conservación de este patrimonio genético.

Su apoyo -recalcan- va mucho más allá de mantener activas especies por puro romanticismo. No en vano, sobre el sustrato de estas razas ganaderas se sustenta la calidad de marcas tan reconocidas como la del Ternasco de Aragón, la Ternera del Valle de Broto o la del Maestrazgo, y el Magrama recoge su fomento desde las administraciones “no sólo como parte del patrimonio genético animal de España, sino también porque mayoritariamente se crían en régimen extensivo, con las beneficiosas consecuencias para la sostenibilidad del medio rural que ello conlleva”.

José Manuel Macarulla es el director ejecutivo de la Asociación de criadores de raza bovina Parda de Montaña (ARAPARDA), la raza bovina autóctona más numerosa en Aragón con cerca de 30.000 cabezas y que también se extiende por otras autonomías del norte de España. Su número, dice, “puede parecer elevado, pero lo cierto es que en poco tiempo hemos pasado de obtener 12.000 animales nacidos en control -es decir, manteniendo su pureza genética al máximo- a tan solo 4.000 en la última campaña”.

Hace un año esta asociación junto a otras tantas de razas autóctonas denunciaba públicamente que el cierre de caja que llevó a cabo el anterior ejecutivo se llevó por delante las ayudas con las que mantienen sus convenios de investigación y unos treintena de puestos de trabajo de veterinarios e investigadores. Entonces se alertó de que, de seguir así, “la razas autóctonas aragonesas podrían desaparecer en un periodo de cinco años”, y, aunque finalmente la dotación económica se salvó, este año vuelve a aparecer la misma problemática. El Gobierno de Aragón publicó en marzo la orden por la que se recogen las subvenciones a estas asociaciones, pero a fecha de hoy aún no se ha publicado la convocatoria de 2015. Desde la DGA se recalca que se está tramitando su gestión, aunque los ganaderos ya piensan en volver a retomar las protestas ante el riesgo de quedarse sin fondos.

“Es posible que durante estos años hayamos hecho también las cosas mal nosotros por no poner en valor un patrimonio aragonés que debería tener el mismo valor ante la sociedad como La Seo o el mudéjar”, comenta Macarulla.

A la reducción de fondos que existen -como en tantos otros ámbitos- desde 2009, se suma además la proliferación de vacas francesas por la que en los últimos años han optado también multitud de ganaderos en Aragón. “En Francia cuenta con un empuje público-privado mucho más potente que aquí y es normal que se hagan grandes mientras nosotros decrecemos si las cosas no cambian”, explica el director de ARAPARDA.

Su opinión también la comparte Enrique Fantova, director del equipo veterinario de Oviaragón envuelto en la defensa de las razas ovinas Rasa Aragonesa, Roya Bilbilitana -que junto con la Ojinegra forman el núcleo de razas seleccionadas IGP Ternasco de Aragón- y de otras en peligro de extinción como la Maellana o la Cartera. “La nueva PAC ha sido otro varapalo importante porque ha eliminado ayudas a la calidad y ha desdeñado también en gran medida la ganadería”, comenta Fantova, que señala que los métodos con los que se controla la calidad y la pureza genética de estas razas cuesta dinero, pero que también repercute de forma clara en el mercado.

Del perro aragonés sin pastor a la gallina turolense


Sin embargo, a pesar de que muchas de estas razas cuentan con reconocimiento por parte de las instituciones, en Aragón hay otras que siguen sin ser catalogadas de forma oficial. Una de ellas es el Can de Chira, un perro pastor altoaragonés a quien el declive de la trashumancia ha pasado de forma clara factura a su población.

“En la actualidad apenas contamos con 70 ejemplares censados, y eso que hemos conseguido tener algunas crías”, señala Miguel Ángel Baquedano, miembro de la Asociación de Criadores del Can de Chira, organización que lleva más de diez años trabajando de forma altruista para que no se pierda este perro pastor por antonomasia.

“Ahora estamos trabajando gracias al apoyo de la Universidad en definir un patrón genético que nos permita identificar la raza totalmente y así pedir su protección”, explica.

Su estado es similar a la de la gallina serrana de Teruel, otro animal que no cuenta con un censo cerrado pero que hasta hace muy poco se llegó a pensar incluso que se había perdido irremediablemente. Ahora, un estudio financiado por la DPT tomará durante tres años muestras para intentar fomentar la comercialización de sus huevos.

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