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Medio Ambiente

Plantar y cosechar sin pisar los nidos

La conservación de la flora y fauna protegida choca en ocasiones con las tareas de agricultores y ganaderos, así como con proyectos de regadío y concentración.

Ana Esteban Actualizada 03/04/2017 a las 12:20
Plantación de retamas como refugio para avifauna en ribazos entre parcelas o en el borde de caminos.Gobierno de Aragón

Con la llegada de la primavera son numerosas las aves amenazadas que comienzan a nidificar o que vuelven de su periodo migratorio desde países más cálidos. También son muchas las especies de flora que crecen en las orillas de los ríos y acequias y que hay que proteger porque están en serio peligro de extinción.

Flora y fauna que, en muchos casos, condicionan el día a día de los agricultores y ganaderos de Aragón, que tienen que variar su ‘modus operandi’ en determinadas fechas del año para compatibilizar las tareas agrícolas y ganaderas con el respeto al medio ambiente y los decretos que regulan los regímenes de protección y planes de recuperación de estas especies.

Esto lo saben muy bien en el Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (Inaga), donde el año pasado tramitaron un total de 12.301 expedientes, de los cuales, 380 fueron de autorización ambiental integrada o evaluación de impacto ambiental de actividades ganaderas y 29 de evaluación ambiental de nuevos regadíos, modernizaciones de riego y concentraciones parcelarias.

En este último caso, la casuística es muy diferente, ya que si el proyecto de transformación agrícola es nuevo, la parte ambiental se contempla desde el primer momento. «Es el caso de las concentraciones parcelarias donde, en el mismo instante en que comienza a elaborarse el proyecto, se definen las zonas con mayor sensibilidad ambiental y se ejecutan las medidas necesarias para integrar estas especies en las zonas de masa común, por ejemplo. De esta manera, se ahorra mucho tiempo y quebraderos de cabeza posteriores», apunta Manuel Alcántara, jefe de Servicio de Biodiversidad del Gobierno de Aragón.

Estas medidas en ocasiones no son entendidas por algunos de los propietarios involucrados en la concentración, porque ven recortadas sus pretensiones de terreno iniciales. Pero, Alcántara insiste en la «necesidad de concienciar a los agricultores y ganaderos de que la conservación del medio ambiente repercute en todos y es necesario integrar agricultura, ganadería y medio ambiente, para el bien común».

En otros proyectos y labores agrícolas y ganaderas, así como en la ampliación de superficies cultivables, también suelen surgir limitaciones temporales ante la presencia puntual de determinadas especies. Así, ocurre, por ejemplo, en el caso de la limpieza de acequias o zonas de riego, que se tienen que realizar en los periodos en los que no estén criando estos animales.

En otros casos, como por ejemplo las zonas donde vive el cangrejo de río, se suelen limpiar los tramos donde no están presentes o incluso se realizan rescates de cangrejos de las zonas afectadas, que luego se sueltan en otras partes del tramo de riego ya limpias.

En el caso de las concentraciones parcelarias, algunas actuaciones pasan por la señalización de zonas sensibles para evitar que sean afectadas por la maquinaria durante la fase de obras de caminos u otras infraestructuras. O incluso, en ocasiones, el trasplante de árboles desde parcelas que van a tener otro uso a zonas donde puedan ser interesantes para especies como la avutarda o el cernícalo primilla.

En el caso de esta última especie protegida, para fomentar su conservación, en algunos terrenos se están levantando edificaciones basadas en la bioconstrucción, y ubicadas en parcelas de titularidad pública, para que puedan nidificar.

«La clave es hacer compatible cien por cien la actividad agrícola y ganadera con la faceta ambiental. No se trata de excluir», apunta Alcántara.

Las especies en mayor peligro

Las actuaciones que se llevan a cabo para proteger a las especies amenazadas en Aragón son muchas y muy variadas, ya que hay algunas cuya regulación se contempla en el Catálogo de Especies Amenazadas de Aragón, con fecha de 6 de septiembre del 2005, y otras que tiene Decretos especiales que establecen sus regímenes de protección para lograr su conservación, recuperación o el plan de mantenimiento de su hábitat. Estas últimas normativas protegen a cinco especies: el águila-azor perdicera, el cernícalo primilla, el quebrantahuesos, el cangrejo de río común y la margaritifera auricularia.

«En el catálogo de especies amenazadas, hay 93 especies de fauna y de entre todas ellas, cerca de una veintena pueden tener gran influencia desde el punto de vista del cambio o modificación de determinadas tareas agrícolas y ganaderas», matiza Alcántara.

Tal es la importancia de estas especies que desde el Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (Inaga), se atendieron 204 informes para cernícalo primilla, 109 para quebrantahuesos, 86 para águila perdicera y 6 para urogallo, respectivamente, aunque estas últimas especies tienen una incidencia prácticamente nula sobre medios agrícolas.

Cambios de cultivo

Primavera y verano son las épocas en las que la mayor parte de estas especies comienza la época de cría. «Es entonces cuando se establecen condicionados ambientales para reconducir los tiempos de ejecución de algunas obras para hacerlas compatibles con las épocas más sensibles para las especies de fauna», apunta.

Pero a veces la puesta en marcha de grandes infraestructuras que suponen cambios en el uso del suelo (de secano a regadío) o la remodelación de grandes áreas agrícolas por procesos de concentración parcelaria requieren un mayor esfuerzo de compatibilización. Para respetar los regímenes de protección de estas especies, en los nuevos proyectos se definen parcelas o zonas que se delimitan como áreas de especial sensibilidad ambiental y que se excluyen de las zonas regables o de los procesos de concentración. Aquí las aves pueden continuar con su ciclo vital sin problemas, y compatibilizando su existencia con los usos agrícolas.

 

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