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Gary Oldman, el otro espía al servicio de su majestad

Eterno candidato al Oscar, el británico da la sorpresa en la categoría al mejor actor por su transformación en el frío y calculador agente Smiley de ‘El topo’.

Francisco Griñán. Madrid Actualizada 24/02/2012 a las 11:20
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Alfredsson, con Oldman, Firth y CumberbatchEFE

Le sorprendió trabajando. Estaba en Berlín y respondía a las preguntas de un periodista. Se las prometía felices, porque esa jornada cerraba el capítulo de ‘El topo’ con el estreno de la cinta en Alemania. Entonces su representante interrumpió la entrevista con lágrimas en los ojos. ¿Una mala noticia? No… aunque por la reacción de Gary Oldman, al actor también le dieron ganas de llorar. “Esta era mi última entrevista de promoción por la película. ¿No es irónico? Ahora tendré que empezar una nueva ronda de ellas”, exclamó el intérprete con una mezcla de flema británica y humor inglés. Por sus palabras, cualquiera diría que el protagonista de ‘Drácula’ o ‘El caballero oscuro’ anda ya sobrado de estatuillas doradas. Pero no. De hecho y aunque sorprenda, Oldman jamás había conseguido ni una candidatura al Oscar. Y con ‘El topo’ no parecía que fuera a romper la racha.

“Personalmente no esperaba nada. Si tomamos la temperatura del último mes, la película estuvo ausente de las candidaturas y los premios de los críticos”, explicó el actor británico para matizar su reacción ante una nominación que por otra parte hace justicia con un actor camaleónico y con dotes de ventrílocuo que se ha hecho fuerte en los papeles de villano retorcido y en personajes secundarios que, a poco se descuiden los protagonistas, roban una escena tras otra. Su último desafío ha sido la adaptación a la gran pantalla de ‘El topo’, la novela central de la serie del espía británico George Smiley creado por John Le Carré. Un personaje nada fácil. Un tipo triste, con un aspecto gris, aparentemente débil y una vida privada atormentada, pero un estratega con una mente brillante al servicio de su majestad. A la vista está que Smiley tiene poco que ver con la alargada sombra de Bond, James Bond, y sí con el oscuro retrato de una época traicionera y fría, de guerra fría, en la que la ideología pasó por encima del hombre. Todo ese dolor, sacrificio y frialdad están en el rostro del Smiley recreado en la gran pantalla por Gary Oldman, que vuelve a hacer de la transformación física el espejo del alma de su personaje.

Un trabajo de interpretación magistral sobre el que pivota la también excepcional adaptación del cineasta sueco Tomas Alfredson (‘Déjame entrar’, 2008), que juega con las piezas del guión y con la música del compositor español Alberto Iglesias –también candidato al Oscar por este trabajo– para convertir la historia en una opresiva partida de ajedrez, que se distancia de la exquisita serie de televisión que tuvo a Sir Alec Guiness en el papel principal de Smiley. Precisamente, el precedente protagonizado por el mítico actor británico fue lo que hizo dudar a Oldman si aceptar el papel. Pero el reparo pasó a reto y el intérprete acabó apropiándose del espía con algunos préstamos de su creador: “A Le Carré le he robado algunas de sus peculiaridades e incluso su voz para el papel”. Más difícil parece robarle la estatuilla a los favoritos en la categoría de mejor actor: un George Clooney metido a actor serio en ‘Los descendientes’ y el francés Jean Dujardin que protagoniza la película revelación del año, ‘The Artist’. El premio para Gary Oldman ha sido la inesperada nominación. Aunque al actor le haya costado pagar unas rondas de entrevistas más.








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