RSS Síguenos en Twitter Síguenos en Facebook Síguenos en Google+ En tu móvil En tu email Web del suscriptor

Últimas noticias de Aragón, Zaragoza, Huesca y Teruel del periódico digital Heraldo.es Últimas noticias de Aragón, Zaragoza, Huesca y Teruel del periódico digital Heraldo.es

Buscador de contenidos de Heraldo.es

Mentiras y verdades sobre la producción alimentaria

M. J. MONTESINOS| 24/06/2011 a las 11:59    
    • Twittear
    • Recomendar
    • Tuenti
    • Menéame
    • Compartir
    La situación del mundo 2011. Innovaciones para alimentar el planeta. .. HERALDO La situación del mundo 2011. Innovaciones para alimentar el planeta. .. HERALDO
    Como todos los años, el Worldwatch Institute ha elaborado su informe sobre el estado del mundo, que este año se ha detenido en hacer un análisis y una perspectiva de futuro sobre la produccion alimentaria del planeta. Sus estafas, sus avances, las amenazas sobre la salud de las personas y las esperanzas (nunca cumplidas) de acabar con el hambre.   

    Gustavo Duch ha elaborado, junto a Fernando Fernández, uno de los capítulos de aportación española a este estudio. Tras la crisis de cereales, de la que se culpó a los biocombustibles, se escondía una trama financiera de compra de futuros. «Imagínese que soy un broker de la comida. Compro la cosecha de trigo de Ucraina del 2017 (a futuro). Procuraré venderla a otra persona (antes del 2017) a un precio más caro; y así saltan los contratos. Solo se trata de convencer al siguiente en la pirámide de que podrá colocar esa cosecha más cara porque faltará comida. Una mentira en la que se basa el negocio. Cada salto es un incremento que afecta a los precios de la cosecha actual», explica Duch.

    Mónica Di Donato escribe el otro capítulo español, que tiene un título esclarecedor: 'La comida no es solo comida'. «Nuestras elecciones al comer tienen consecuencias en el entorno natural y la sociedad». Especializada en ecología de la alimentación, estudia «todas las fases de la cadena alimentaria para evaluar sus efectos desde un punto de vista ambiental». Algunos datos: «El 30% de las emisiones que inciden sobre el calentamiento global están directamente vinculadas a la forma en que se produce, distribuye y consume nuestra comida». Y una afirmación: «El suministro de alimentos, agua potable, energía y materiales para sostener nuestros modos de vida cada vez más sofisticados, se ha logrado con un coste considerable para los ecosistemas».

    En la parte positiva del informe, los múltiples ejemplos de innovación agrícola que se están desarrollando en África, basados en criterios de racionalidad ambiental y no en la aplicación de tecnología y agricultura intensiva, que ha llevado a que, aunque «se producen más alimentos que nunca, el número de personas hambrientas es el mayor de la historia», según afirma el relator de la ONU en Alimentación Olivier de Schutter.

    LIBRO: 

    LA SITUACIÓN DEL MUNDO 2011. Innovaciones para alimentar el planeta.
    INFORME DEL WORLDWATCH INSTITUTE.
    Coeditan: CIP-Ecosocial (FUHEM) e Icaria.
    Varios autores. Precio: 28 euros. Páginas: 440. Barcelona, 2011.
    De venta en librerías y a través de FUHEM (www.libreria.fuhem.es)




    ENTREVISTA A GUSTAVO DUCH: 
    Ademas del posible agotamiento de recursos: agua, suelo, petróleo… ¿se sabe cómo puede afectar a la producción agrícola el cambio climático?
    Aunque algunos territorios pueden verse favorecidos por un clima más suave en general las predicciones hablan de descensos totales en la producción, afectando precisamente a los países hoy más castigados por el hambre. Pero sin duda la agricultura campesina, a pequeña escala y agroecológica es la más resilente, la más capaz de adaptarse a nuevas situaciones. Siempre lo ha hecho y es la agricultura del futuro. Recuperar esas prácticas, mejorarlas, es lo más moderno, es lo más equitativo, es lo más sensato.

    ¿Y no necesitaríamos una agricultura que contribuyera a mitigar sus efectos?
    Ya la tenemos, es precisamente la agricultura campesina que explicaba la agricultura que -como dicen los movimientos campesinos- enfría al Planeta. Fincas biodiversas, con producciones animales y vegetales integradas, sin residuos, sin insumos; la ganadería extensiva con el pastoreo; la pesca artesanal... son mitigadoras del calentamiento global, a la vez que aseguran sostenibilidad y futuro a 3 mil millones de personas rurales.

    La Revolución Verde, esa aplicación de la tecnología y los métodos intensivos que se proclamó que acabaría con el hambre, en realidad ha aumentado las desigualdades alimentarías.
    Revolución, porque fue un giro de rosca muy doloroso hecho por y para los intereses capitalistas. Una agricultura que sólo sobrevive en un crecimiento y gasto continuo, a medida que destruye el campesinado.
    Verde, porque ha tenido la virtud de colmar los bolsillos empresariales con millones de dividendos.
    Eso fue, y eso pretenden en una segundo ciclo, imponer en África.


    ¿Qué es la soberanía alimentaria?
    Un proceso en marcha desde hace 15 años de empoderamiento campesino, para recuperar las riendas de su modo de vida. La Soberanía Alimentaria se juega en dos frentes: en una lucha política en favor de un nuevo modelo agrario; en una demostración y replicación que demuestre que otra manera de cultivar es posible.

    Ustedes hablan de la crisis de los cereales en 2008 que provocó una enorme subid de precios. ¿Cuáles fueron los motivos, por qué se originó?
    En aquellos momentos los fondos especulativos saltaron del mercado hipotecario reventado, a los futuros de cereales. El fantasma de los agrocombustibles fue la chispa para provocar -como a los especuladores les interesaba- un aumento del precio de los alimentos: es decir, un mágico y sorprendente incremento de beneficios por aportar, por jugar, con la comida.

    ¿Qué es el mercado de futuros y cómo influye en la subida de precios de los alimentos? Y eso que llaman la “apuesta por la escasez esperada”? ¿Qué se mueve detrás de la necesidad de comer que tenemos todas personas?
    Imagínese que yo soy un broker de la comida. Compro la cosecha de trigo de Ucraina del 2017 (a futuro). Independientemente de que llueva, o caiga piedra, yo procuraré venderla a otra persona (antes del 2017) a un precio más caro; y así saltan los contratos de mano en mano. Sólo se trata de convencer al siguiente de la pirámide que podrá colocar esa cosecha más cara porque...¡faltará comida! Una mentira en la que se sustenta el negocio. Cada salto es un incremento que afecta a los precios de la cosecha actual.

    También dice que tras la crisis financiera los grandes inversores han acudido a los mercados agrícolas, y que los fondos de pensiones de los trabajdores europeos están dedicándose al acaparamiento de tierras en Africa. ¿Me pueden explicar en qué consiste ese mecanismo?
    Es la búsqueda del arca perdida, de la inversión inmortal. La tierra cultivable es un bien material finito y necesario para producir alimentos. Quien posea la tierra, nos gobernará a todas y todos.


    ENTREVISTA A MÓNICA DI DONATO: 
    Usted dice que la comida no es solo comida. ¿Qué significa esto?
    Como decía el filósofo alemán Ludwig Feuerbach “somos lo que comemos”, es decir, en la comida se refleja nuestra manera de vivir y convivir en y con la naturaleza. A través de las elecciones que hacemos en la comida (ética alimentaría) establecemos relaciones y provocamos consecuencias con y en el entorno natural, con y en los animales, con y en la sociedad, a parte que con nosotros mismos. Tener conciencia de esto significa, si no siempre elegir, por lo menos tener la oportunidad de encaminarse hacia estilos de vida más saludables ambiental y socialmente, hacia modelos productivos y de consumo alternativos al modelo agroindustrial convencional, hacia el establecimiento de equilibrios económicos más justos con los países empobrecidos, las pequeñas economías locales, etc. La comida es un bien común, en los que se apoyan los fundamentos de la democracia, de la justicia, y de la soberanía de los pueblos.

    ¿Qué es la ecología de la alimentación?
    Ecología de la alimentación se refiere al análisis de los diferentes modelos alimentarios que adopta el hombre dependiendo del contexto socio-cultural y ambiental en el que vive y sus huellas en los ecosistemas. Es una expresión que en términos científicos a lo mejor no resulta muy rigurosa, sobre todo si nos referimos al término ecología sensu stricto. Pero si entendemos la ecología como una disciplina que nos ayuda a entender las relaciones recíprocas entre los seres vivos y los ecosistemas, considero que esta expresión puede describir de manera afortunada el intento por estudiar todas las fases de la cadena alimentaria y evaluar sus efectos desde un punto de vista ambiental, pero también (dadas las interrelaciones), desde un punto de vista social y económico. Éste es el esfuerzo que hemos hecho en esta parte del Apéndice a la Situación del Mundo2011: revisar y analizar los principales estudios encontrados en la literatura científica que evalúan el impacto ambiental de determinados alimentos y dietas, demostrando cómo el sector de la alimentación es un sector clave a la hora de diseñar políticas destinadas a reducir los impactos ambientales del consumo, y encaminarse hacia estilos de vida más sostenibles en sentido amplio.

    ¿En qué medida la producción, distribución y consumo de comida afecta al cambio climático?
    Según datos de la FAO, el 30% de las emisiones que inciden sobre el calentamiento global están directamente vinculadas a la forma en que se produce, distribuye y consume nuestra comida. Voy a proporcionar algún ejemplo: en el informe “La Larga Sombra de la Ganadería” (Livestock's Long Shadow), los investigadores de la FAO ponen de manifiesto que hasta el 18% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero se deben al ciclo de vida del sector ganadero. Se trata de la mayor contribución a las emisiones, sólo igualada por el sector industrial, pero más elevada que la del sector transportes (con una contribución del 13,5%). En otro informe del 2010, titulado “Las emisiones de gases de efecto invernadero del sector lechero. Un Análisis del Ciclo de Vida” (Greenhouse Gas Emissions from the Dairy Sector. A Life Cycle Assessment), la misma organización analiza las emisiones de gases de efecto invernadero de todo el ciclo de vida del sector lácteo y del queso en un amplio espectro de tipologías de ganado, y pone el acento en que el 4% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global causadas por las actividades del hombre provienen de la leche, del queso y de la carne. El elemento fundamental que podemos destacar a partir de estos estudios es el gran peso e influencia que tiene un gas asociado a este sector, el metano, sobre el calentamiento global, que representa alrededor del 52% de las emisiones de gases de efecto invernadero, tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo. Los datos ofrecidos por la organización Vía Campesina van en la misma línea y confirman el escenario.

    Aporta el dato de que las emisiones de la ganadería superan a las que produce el transporte, y por otra parte, que los requerimiento de tierra son mayores para cultivar té que para criar cerdos. ¿A qué atender, cómo medir entonces la sostenibilidad del sistema alimentario? ¿Existe alguna fórmula con la que estemos seguros de medirlo bien?
    En el Apéndice aparecen muchos ejemplos en este sentido y muchos datos que pesan el consumo de recursos por cada unidad de producto significativo, como la carne, por ejemplo. Como media, para producir 1 kg de carne, un animal consume 15 kg de cereales o legumbres, 3200 L de agua, 12m2 de tierra forestal, y 1.5 L de petróleo. Y todos estos números se multiplican si se consideran también las fases de transporte, envasado, etc. Otros datos hacen hincapié en aspectos diferentes, y demuestran cómo por ejemplo en Estados Unidos, para producir 1 caloría de comida hay que emplear 7.4, es decir 6.4 calorías (energía) se pierden/trasforman en forma de residuos, gases contaminantes, etc. Estos ejemplos (y vuelvo a señalar que en el texto del Apéndice hay muchos más casos y referencias a estudios para Europa, a dietas específicas, empleo de indicadores diferentes para medir la sostenibilidad de los modelos, etc.) sirven para decir que medir el impacto en términos de sostenibilidad socioecológica de la alimentación es posible a través de varios métodos y enfoques (algunos más cuantitativos, otros también de naturaleza más cualitativa: no es lo mismo emplear tierra para producir té, hortalizas o patatas, etc. que para criar carne), muchos de los cuales, aunque no llegan exactamente a los mismos números, diseñan escenarios muy parecidos. En ese sentido, existen muchos trabajos en literatura que han hecho análisis indirectos sobre los requerimientos energéticos o materiales o sobre las emisiones de gases de efecto invernadero de la alimentación. La mayoría de ellos utilizan una perspectiva de análisis de los impactos que podríamos definir “de la semilla al alimento” (cradle to gate). Por otra parte, a lo largo de todo el texto del Apéndice hacemos referencia a estudios que han calculado directamente los requerimientos y los impactos de los alimentos y dietas, imputándolos al consumo. En la mayoría de estos estudios se tienen en cuenta además las fases del ciclo de vida hasta llegar al consumidor. Otra dimensión que tiene relevancia en relación con las pautas de consumo alimentario es aquella que estima y evalúa sus requerimientos en términos territoriales (huella ecológica).

    Señala usted también que los modelos de vida cada vez más sofisticados ponen más presión a los ecosistemas; por ejemplo los alimentos cada vez más procesados suponen un mayor deterioro ambiental. ¿Qué deberíamos cambiar de nuestros hábitos alimentarios?
    El suministro de alimentos, agua potable, energía y materiales para sostener modos de vida cada vez más sofisticados y acomodados de una población en continuo crecimiento, se ha logrado con un coste considerable para los ecosistemas. Un ejemplo simplificado en este sentido podría ser el siguiente: en una comparación entre una sociedad preindustrial y una industrial, se puede ver como en la primera la cantidad de cereales per capita destinada al consumo directo era mayor que en la actualidad, aunque en la segunda la producción y las entradas de energía asociada directa o indirectamente presentan niveles muchos más altos. Todo esto está relacionado con el hecho de que la mayoría de la producción de cereales, dentro del actual paradigma, es destinada a alimentar a los animales o es empleada en la producción de bebidas alcohólicas y de agrocarburantes. Dicho en otros términos, la introducción en nuestras dietas de alimentos cada vez más trasformados, procesados, refinados, etc. arrastra huellas de deterioro (sobreexplotación de recursos no renovables, contaminación del suelo, del aire, del agua, etc.) que alteran de manera perjudicial el equilibrio de los ecosistemas. Como medidas generales deberíamos apostar, en la medida de lo posible, por una comida local, de producción ecológica, en un consumo consciente, responsable y crítico. Y hacer que esta elección no sea posible sólo para unos pocos (para quienes se puedan permitir comprar unos tomates a un precio muy alto sólo porque poseen una etiqueta de producción ecológica, que paradójicamente es como tendrían que producirse los tomates normalmente), sino extenderla a todos, dentro de un marco más amplio como la Agroecología.

    Presenta usted también una pirámide alimentaria versus la pirámide ambiental y muestra que los elementos que son más exigente de producir para los ecosistemas son aquellos de los que nuestro organismo necesita menos cantidad. ¿Está el medio ambiente equilibrado y nosotros lo desequilibramos?
    La Pirámide Ambiental está construida sobre la base del cálculo de los impactos relacionados con distintos alimentos a partir del análisis de su ciclo de vida, es decir, contabilizando las huellas de todas las fases: extracción, producción, distribución y cocción (si fuese necesario) de los alimentos. Efectivamente, si se comparan los dos tipos de Pirámides (Alimentaría y Ambiental), se obtiene una doble Pirámide en la que se observa que los alimentos para los cuales se aconseja un mayor consumo, en general, son aquellos que presentan niveles mas bajos de impactos ambientales (sobre todo vegetales) Sin embargo, los alimentos para los cuales se recomienda un consumo limitado (carne y alimento procesados), presentan huellas ecológicas más altas. Todo esto sugiere la idea de que el bienestar del ser humano y los ecosistemas son elementos relacionados y que el camino hacia la sostenibilidad ecológica y social pasa también por elecciones alimentarias más sanas y respetuosas de los ecosistemas.


    Volver a Frontera Azul


    ¿Te ha interesado la noticia?(42 %)No(58 %)

    Tu opinión nos interesa Tu opinión nos interesa






    Ahora En portada

    De compras

    Cargando... Cargando...


    © HERALDO DE ARAGON

    Teléfono 976 765 000 / · Pº. Independencia, 29, 50001 Zaragoza - CIF: A50001973

    Inscrita en el Registro Mercantil de Zaragoza, con fecha 25-Junio-1909, Tomo 7 del Libro de Sociedades, Folio 435, Hoja 570, Inscripción 1ª

    Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

    Comercialización de publicidad

    Sitio comercializado por metha para publicidad regional

    Sitio comercializado por cmvocento para publicidad nacional


    Edición impresa

    Versión en PDF

    Portada de la edicióm impresa de Zaragoza