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La grajilla Choc y su dueño, el científico Konrad Lorenz

Actualizada 14/01/2011 a las 19:11
1 Comentarios
Las grajillas tienen conductas curiosasMARIO MAGANTO

La grajilla o Corvus monedula es un córvido con presencia en casi todo el territorio aragonés, siendo especialmente abundante en la depresión del Ebro y en el somontano del Sistema Ibérico. Uno de los científicos que mas se ocupó del estudio de esta ave fue Konrad Lorenz. Nacido en Viena en 1903 y fallecido en 1989, ha sido considerado el padre de la etología, disciplina que estudia el comportamiento de los animales.

En su obra, 'El anillo del rey Salomón', nos relata la historia de Choc, una cría de grajilla que compra en una tienda de animales en 1926 y que en el futuro utilizará para estudiar el comportamiento de estas interesantísimas criaturas.
Lorenz y Choc permanecen unidos durante años y años, realizando frecuentes paseos campestres. Cuando otras grajillas se cruzan en su camino, la verdadera naturaleza de Choc emerge y emprende el vuelo para unirse a sus congéneres. Afortunadamente para Lorenz, siempre termina volviendo.

Konrad llega a la conclusión de que mientras Choc, al que ha criado desde que era un polluelo, se encuentra a su lado y tiene las patas en el suelo, se considera un humano más, dado que ha sido un humano su referente vital; pero cuando bate las alas y surca los cielos, se transforma en una auténtica grajilla.


Estas aves se dispensan asistencia mutua y se defienden entre sí. Lorenz comprueba que no sucede nada cuando toma una grajilla entre sus manos; pero si la escena es observada por otros miembros de la especie, estos se precipitan hacia él para picarle. En una ocasión, saca su bañador negro y mojado del bolsillo en el que lo había guardado tras darse un chapuzón en el agua; una bandada de estos córvidos, que pasaban por allí en ese instante, se abalanzaron agresivamente sobre él, creyendo que estaba dañando a uno de los suyos.

No es dificil establecer relaciones entre humanos y corvus monedula, pero si a esta criatura se le crean dos o tres situaciones de estrés similares a la descrita, se romperán todos los vínculos y a partir de ese momento emitirá estridentes y amenazantes sonidos cada vez que se encuentre con el causante de su tensión.

Lorenz nos relata otra experiencia vivida esta vez entre miembros de la misma especie. Una mañana observó el vuelo de una grajilla hembra portando en el pico una pluma de cuervo con la que acondicionar el nido; un grupo de congéneres, sobresaltados por lo que creyeron que era un miembro de la especie abatido por la fémina, la atacaron sin compasión. Las grajillas establecen relaciones de pareja para toda la vida. Apenas se distancian unos metros y se defienden ardorosamente frente a cualquier agresión exterior.

Nuestro científico llegará a comprobar las recíprocas atenciones que se dispensan los integrantes de la pareja: el macho ofrece a la hembra los mejores bocados y esta, a su vez, se ocupa de mantener limpio el plumaje de la cabeza de su amado. Tales manifestaciones de afecto se van acrecentando con el discurrir de los años.

Bonita lección de vida la que supo descifrar Konrad Lorenz estudiando infatigablemente a estas maravillosas criaturas con las que compartimos, aunque no nos demos cuenta, los jardines de nuestras ciudades.

FOTO.
“La toma se realizó en un vertedero. Recuerdo la sensación de tristeza que me produjo observar a un buen número de especies sobrevolando enormes montañas de basura, en busca de alimento. En ese entorno convivían buitres leonados, aguilas ratoneras, cigueñas blancas, gaviotas, cuervos, esbeltas garzas reales y, cómo no, nuestras amigas las grajillas que, apostadas sobre un poste del tendido eléctrico, examinaban la escena tratando de identificar una zona a la que poder descender para buscar alimento. Enfoqué al grupo y aguardé a que alguna de ellas emprendiera el vuelo para realizar el disparo”, explica el autor Mario Maganto Berdejo. La fotografía fue tomada a las 12 horas del día 24 de diciembre de 2008 con la ayuda de un trípode y una cámara Olympus E-510 con un objetivo Sigma 50-500 a un ISO-400, apertura de lente 7,1 y 1/1600 de velocidad de obturación.

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  • Jose18/01/11 00:00
    Un artículo muy interesante y ¡Qué bonita fotografía!. Es fascinante como nos puede sorprender la naturaleza solo con observarla.


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