Existen dos grupos de mariposas que viven en pleno invierno. Por un lado, están aquellas especies que emergen en verano o principios del otoño e hibernan llegado el frío, saliendo ocasionalmente de su letargo para tomar el sol y volar en los días templados de febrero y marzo. Entrada la primavera, estas mariposas abandonan definitivamente sus refugios en cuevas, abrigos de roca, troncos huecos, e incluso construcciones humanas, y completan su ciclo poniendo los huevos que darán origen a las orugas de una nueva generación. Las especies hibernantes se encuentran entre los lepidópteros más longevos, pues viven varios meses contando los que pasan aletargados por el frío.
Después están las verdaderas mariposas invernales, que vuelan y se reproducen exclusivamente en esta fría estación, y cuya existencia sólo es conocida por los entomólogos que las estudian. Poca gente imagina que en Aragón el número de especies de mariposas invernales se cuenta por decenas. Contrastando con la longevidad de las hibernantes, en el caso de las mariposas invernales la vida adulta de algunas especies apenas supera los tres días.
Estrategias de camuflaje y defensa
Aunque existen también grandes mariposas nocturnas que hibernan, las más conocidas son las especies diurnas, como la mariposa ojo de pavo real
(Inachis io), de una belleza destacable. Su reverso alar, de color azul pizarra veteado de finos trazos negros, está diseñado para confundirse con el entorno durante la hibernación, y contrasta con el vivo anverso rojo, ornamentado con vistosos ocelos azules y negros. Si es molestada, abre de pronto sus alas y “mira” con sus enormes falsos ojos al posible predador, que queda desconcertado al tomarla por un animal mucho mayor. Similar estrategia disuasoria es utilizada por otras mariposas hibernantes, que en esta situación son especialmente vulnerables al ser incapaces huir volando debido a las bajas temperaturas.
Como hojas secas
La vanesa de la ortiga
(Aglais urticae), la del olmo
(Nymphalis polychloros), la c blanca
(Polygonia c-album), el admirante
(Vanessa atalanta), o el elegante antiope
(Nymphalis antiopa), difícil de observar por su costumbres arborícolas, poseen reversos alares oscuros y bordes recortados que imitan hojas marchitas. Sus anversos, de vivos colores, son mostrados como señales de advertencia en caso de peligro. Hibernan solitarias o agrupadas dentro de troncos huecos, parideras o cuevas, al igual que la mariposa del almez
(Lybithea celtis), que mientras reposa es idéntica a una hoja seca de este árbol.
Entre las mariposas nocturnas destacan dos grandes especies que pasan el invierno reposando de forma gregaria:
Apopestes spectrum, de color pardo y negro, que suele hibernar en cuevas, y cuyas orugas ostentan vivos colores viviendo sobre la retama de escoba; y
Mormo maura, repartida por todo Aragón y que se puede observar en invierno agrupada en techos de refugios forestales o entre pilas de leña, pareciendo oscuros haces de hojas enmohecidas. La esfinge colibrí
(Macroglossum stellatarum) es sin duda el lepidóptero más común de cuantos hibernan, semejando en reposo un pedazo de corteza. Sale de su letargo y zumba como un abejorro en cuanto se atemperan las heladas, pues se ha especializado en volar a pleno día para confundirse con estos grandes himenópteros.
Polillas con plumas
También las llamadas polillas –microlepidópteros- cuentan con un buen puñado de especies activas en esta fría estación. Con alas de aspecto plumoso,
Alucita pentadactyla hiberna en cuevas y construcciones humanas, y no es raro observarla volando en el interior de refugios de montaña y casas rurales, donde acude a las luces de las estancias. Otras pequeñas polillas, como varias especies de la familia de los depresáridos
(Depressaridae), hibernan con frecuencia en el interior de grandes troncos huecos, y vuelan dentro de ellos cuando el sol calienta la madera en los días soleados de invierno.
Especies de invierno
Las verdaderas mariposas invernales son las que completan su ciclo reproductivo en pleno invierno. La mayoría son especies nocturnas, y muchas de ellas ni siquiera se alimentan, viviendo de reservas de grasa acumuladas durante la fase larvaria, algo muy útil en una estación en la que faltan casi por completo las flores. Las mariposas invernales viven en hábitats tan dispares como los bosques de abedules del Pirineo, los pinares y quejigares prepirenaicos, o las estepas y sabinares del Valle del Ebro y Teruel.
Entre yesos
Así, en los días soleados de febrero, las colinas de yesos del barrio de Juslibol, en Zaragoza, son sobrevoladas a baja altura por los veloces y efímeros machos de
Ocnogyna baetica, una pequeña especie de machos negros rayados de blanco y hembras sin alas.
En los quejigares y encinares del Pirineo abundan entre diciembre y marzo las mariposas nocturnas que imitan a hojas secas y líquenes arbóreos para ocultarse durante el día de las aves. Una de las más comunes es la falena invernal del roble
(Erannis defoliaria). De vuelo lento,
Cryopega bajaria, Nebula ibericata o Epirrita dilutata, son especies de aspecto frágil y poco vistoso, muy comunes durante las noches de invierno en diferentes hábitats aragoneses. Durante el día reposan bien camufladas, esperando las noches sin heladas para entrar en actividad y reproducirse.
Anticongelante casero
De vuelo más ágil,
Poecilocampa populi es una especie de montaña que vuela en el Pirineo y el Moncayo en noches de diciembre y enero, incluso tras someras nevadas. Más escasa y limitada al Pirineo, su pariente
Eriogaster lanestris entra en actividad al anochecer en jornadas despejadas de marzo, desafiando al frío intenso y evitando así a los murciélagos. La densa pilosidad que cubre su cuerpo, y la presencia de anticongelantes en su sangre, protegen de las heladas a esta y otras mariposas invernales, permitiéndoles sobrevivir largos días reposando a la intemperie, incluso si están cubiertas por la nieve o la escarcha.
En los abedulares y otros bosques de caducifolios del alto Pirineo vuela entre febrero y marzo una especie muy notable, de momento sólo conocida en Aragón de un par de localidades, aunque es probable que viva en diversos valles oscenses, todavía poco prospectados en invierno. Se trata de
Endromis versicolora, bonita mariposa nocturna propia de los bosques circumboreales europeos, presente en España en una estrecha franja norteña. Los machos zigzaguean en pleno día por entre los árboles desnudos, buscando a las hembras que los atraen desde los arbustos mediante feromonas dispersadas por la brisa. Una vez apareadas, vuelan de noche y ponen los huevos en las ramitas de los abedules, de forma que el nacimiento de las pequeñas orugas coincidirá con la subida de las temperaturas y el brote de las hojas del árbol. Otra gran especie invernal, en este caso todavía no citada de Aragón, es
Lemonia philopalus, que podría habitar determinadas áreas de Teruel y el oeste de Zaragoza todavía sin muestrear a fondo.
La única verdadera mariposa diurna que vuela exclusivamente en invierno es
Tomares ballus, una pequeña y bonita especie que aparece desde finales de febrero y durante marzo en los prados ralos de encinares y pinares cálidos. Es una especie escasa y muy poco citada de Aragón, detectada en la década de 1980 en los Montes de Zuera, y hoy probablemente desaparecida de este enclave tras los incendios que han castigado estos valiosos bosques.
En definitiva, todas las estaciones tienen sus propias mariposas, demostrando que la naturaleza sigue bien viva aún vestida de colores apagados, invitándonos a abrir bien los ojos para desvelar algunos de los secretos mejor guardados del invierno.
E. Murria Beltrán
Vicepresidente de ZERYNTHIA, Asociación Española para la Conservación de las Mariposas y su Medio.